La Crónica Médica: Junio 30 de 1884

 

Fiebre amarilla

Historia; Necropsia y Experimentación en Animales

El 24 de mayo vi en el “Hotel.....” al Sor S. R., natural de Huanuco, de raza indsigena, de 26 años de edad y recién llegado a la capital.

hasta el 23  había gozado de completa salud; pero en la tarde de ese día sintió un fuerte escalofrío seguido de fiebre y cefalálgia ligera, viniendo la noche a agregarse a estos síntomas el vómito que se hizo tenaz desde ese momento.

En la tarde del día 24, que vio por primera vez, lo encontré febril con 38° c de temperatura; el pulso frecuente daba 110 pulsaciones por minuto; la lengua estaba blanca y húmeda; había vómitos biliosos y frecuente; ligero dolor al epigastro y a la región lumbar; sed ardiente; piel seca; anorexia y vientre completamente cerrado.

Tratamiento. Una cuchara de al poción antiemética de Riviere, administrada c. 2. h., alternando con una píldora de 15 centígrados de sulf. quinina; limonadas: hielo y un sinapismo al epigastrio.

En la mañana siguiente, lo encontré algo tranquilo, el vómito se había contenido; estaba febril, marcando el termómetro 38°; el pulso latria 96 veces por minuto y era menor la cefalalgía.

Tratamiento. El mismo  caldo por alimentos.

En la tarde aumento la fiebre; el termómetro subió hasta 38° 5; el pulso se hizo frecuente; la sed más intensa; reaparecieron los vómitos; la orina escasa era el dolor súbito dejándose notar desde esta instante, un tinte amarillento de los ojos.

Tratamiento. Poción de Riviere, alternando con píldoras de 10 centígrados de sulf. quinina y 2 cent. de extracto acid de opio, agua gaseosa con coñac y nieve, y un vejigatorio al epigastro. Caldos en la noche el termómetro marcaba  39°; el pulso era lento; el vómito estaba dominado; pero había gran ansiedad y hubo dos deposiciones, líquidas completamente insomnio.

El día 26 por la mañana el termómetro indicaba 37° 8, siendo el pulso lento; había ligero estupor; el color de los ojos ere un amarillo rojizo más súbito, la orina escasa y sedimentos, se enturbiaba después de filtrada bajo la acción de unas gotas de ácido acético y precipitaba por el calor y por el ácido nítrico; era pues, bastante albuminosa. La  lengua estaba húmeda y el enfermo no acusaba dolor alguno.

A las 10h vi otra vez al enfermo; pero ya en consulta con los doctores villar y Becerra; a quienes después de la relación anterior, les manifesté que ese era un caso de fiebre amarilla.

La consulta opino del mismo modo y se sometió resolver al enfermo a la acción de la trementina, tomando una perla 2 h; agua gaseosa con coñac y caldo.

En la tarde llegó la temperatura a 39°; el pulso era más lento; la piel seca; los labios y los dientes cubiertos de fúligo; había estupor y sub delirio.

Tratamiento. Cucharadas de porción de quina, valeriana, alcanfor y almiscle, alternadas con las perlas de trementina. Al medio día la temperatura había subido hasta 39°; los vómitos habían vuelto; falta de emisión de orina desde la víspera. En la noche fue trasladado a la casa de un pariente.

El día 28 por la mañana la temperatura era de 38°; el pulso estaba frecuente; había gran agitación, subdelirio; lengua húmeda; orina escasa y gran sensibilidad en todo el vientre.

Tratamiento. El mismo que el día anterior.

Por la tarde el termómetro marcaba 39° 4, siendo el pulso frecuente y existiendo agitación, delirio  náusea. En la noche el delirio se hizo  violento, el enfermo se agitaba más; se levanta; grita y se hace después de una materia negruzca; hay ligeras convulsiones acompañadas de una salivación espumosa. Comienza la agonía y muere las 4 h del día 29.

Acababa de observar un caso juzgado; no sólo por mí, sino también por los Drs. De que hacho mención, como fiebre amarilla. La ocasión no podría ser más propicia para comprobar por la autopsia, si era éste el verdadero diagnóstico.

Con la autorización respectiva me encamina al Cementerio general a las 14 h del mismo día, acompañado por mi amigo y colega Dr. Becerra, miembros de la junta de higiene Municipal y el Sr. Barco, interno del “Hospital Italianos”.

Autopsia

Aspecto exterior. La coloración de la piel era amarilla; el contorno del cuello del  un color violaceo; la del escroto cubierto de equimosis más o menos brunos, y los ojos de un color amarillo rojizo.

Cavidad abdominal. Abierta esta cavidad se encontró; el hígado de un tamaño casi normal; su tinte exterior no es el oscuro sanguíneo, sino color café con leche; cortando en diferentes direciones, se ve que solo sale sangre de los vasos grueso; los corte presentan el color de la mostaza, y su consistencia es de normal con pequeñas diferencia. El bazo tiene su tamaño y consistencia normales. El estómago esta dilatado y contiene 300 gramos de un líquido negruzco, color de infusión  de café: la mucosa de esta órgano esta tomentosa y presenta equimosis más o menos grandes. Los riñones están bastante hiperemiados; cortados, sangra en abundancia y el color de superficie, del corte es parecido al del hígado. La vejiga muy retraída, hipremiada, y contenía apenas 20 gramos de orina sedimentosa y de un color bilioso.

Habíamos satisfecho nuestra curiosidad científica; pues, la necropsia nos había manifestado, todos las alteraciones anotomo-patológicas propia de las fiebre amarilla.

Terminada esa penosa tarea, nos trajimos el líquido del estómago, los riñones, un poco de sangre de la cava y la orina: nuestro objeto era sacar aún algunos datos de estas piezas.

Debemos al entusiasmo científico del inteligente químico Sr. A. Bignon, muchas de las observaciones que vamos exponer.

El líquido del estómago presentaba una reacción fuertemente alcalina; sometidos al calor se coagula; lo que prueba, entre otras cosas, la presencia de la sangre. La orina es albuminosa; tratados los trozos de hígado por el eter, se obtiene gran cantidad de grasa.

Sometimos la sangre al campo del microscopio, lo mismo que el líquido del estómago, y tuvimos verdadero pesar de no ser bastante hábiles para distinguir las alteraciones del primer líquido y dar en ambos la presencia del microbio de al fiebre amarilla.

Conocidos con los estudios que se hacen en el día sobre esta materia, así como las experiencia fisiológicas que el Dr. Freyre de Río Janeiro ha hecho en los conejos (cuis) con el microbio de la fiebre amarilla y la vacunación que ya ha practicado sobre el hombre, con el mismo microbio, atenuado, según el método de Pasteur. Los últimos resultados han sido tan satisfactorio, que el Gobierno Brasilero ha autorizado al citado médico, por decreto de 9 de octubre de 1883, para que practique dichas vacunaciones. Si los efectos de estos fueran tan beneficios y seguros como la vacunación jenneriana, habría conquistado la ciencia uno de los más brillantes triunfos, y la humanidad se pondría a cubierto de uno de sus más terribles flajelos.

Estimulados por estas experiencias, a nuestra vez quisimos hacer un ensayo y tomamos, no el microbio, porque no habríamos sabido encontrarlo: tomamos simplemente la sangre la diluimos en agua destilada, en la proporción de 10 gotas de ésta por 2 de sangre, e inyectamos (iny. hipoder) un conejo (cúi) y un perrito de 3 semanas. Con la orina hicimos otro tanto, un tercer conejo fue inyectado con el líquido puro del estómago. De los animales inyectados con sangre diluida, uno -el conejo- se mostró triste por muchos días: los demás no revelaron nada; pero el tercero , es decir el conejo inyectado con el líquido del estómago, murió a las 24 horas después de la inyección.

Practicamos la autopsia de este animal, haciendo la comparación con otro conejo sano, para orientarnos con su anatomía y vimos en el muerto, por la inyección de la materia estomacal, que la coloración del hígado no era normal, y que tenia además un punteado muy marcado; que su vejiga estaba sumamente retraída y sin gota de orina. Pero lo que más nuestra atención fue, que casi no había estómago; pues se había casi disuelto: tomado su contenido y las pequeñas y tenues porciones de ese órganos que quedaban, se les encontró en una reacción muy ácida y conteniendo una gran cantidad de ácido úrico y fosfórico.

Muy significativa es la muerte de este animal, por la penetración del vómito, y más todavía, el que las alteraciones están de parte del hígado del estómago y de la vejiga, órgano que como se sabe son donde se encuentran las alteraciones anatomas-patólogicas de la fiebre amarilla.

Nos ha llamado la atención la gran alcalinidad del líquido contenido en el estómago. A que puede atribuirse esta reacción? Tal vez a la estravasación de la sangre, que como sabemos es alcalina en el estómago, o a la falta de la secreción del jugo gástrico, por la intoxicación miasmática? O es el glicocolato de soda que, por efecto de la misma intoxicación, se descompone en gran proporción, aumentando así la alcalinidad de la sangre y de la bilis? Que pensar de la destrucción casi completa del estómago del conejo y de las semejanza entre las alteraciones patológicas de la fiebre amarilla y los producidos por el envenenamiento por el fósforo? No es coincidencia la presencia del ácido fosfórico en el estómago del conejo?

Sensible es para nosotros haber seguido estas experiencias, y mucho más aún, el no contar con todos los elementos y la experiencia necesaria, para explicar todos los fenómenos que han pasado a nuestra vista.

Lima, 23 de junio de 1884

Dr. Juan C. Castillo

 


back.gif (71 bytes) Regresar