La Crónica Médica: Junio 30 de 1884

 

Afasia Palúdica

La niña N. N. de 13 años de edad, sin regla todavía, de temperamento linfático y bien constituida, es alumna externa del colegio de Belén de esta capital. Una tarde, sin enfermedad anterior de ningún género, y estando en el colegio, siente ligeros escalofríos y un poco de dolor de cabeza, y súbitamente enseguida, enmudece, no pudiendo producir ni el más mínimo sonido, ni mucho menos articular una palabra, conservando la inteligencia y sin trastorno nervioso de ningún otro orden. Las madres del establecimiento hacen con la niña, cuanto en esos casos, reputados por nerviosos, acostumbraba la rutina diaria, y nada consiguen y la niña sigue muda completamente.

El padre de la niña cree perder tiempo mandando buscar el médico, y con la niña misma se viene a mi casa para que la viera. La afasia era completamente sólo se percibía (en su boca) el ligero ruido respiratorio, sin que fuera posible obtener sonido de ningún genero, fonético o articulado. La niña conserva integra su inteligencia, entendidas las preguntas que se le hacían, concebidas las respuestas, no tenían parálisis de la lengua a la que podía mover  en todos sentidos, y sólo no podía hablar. Estaba febril, con una temperatura de 39° y tenia la cara encendida.

Esta niña jamás había tenido ataques nerviosos espasmódicos de ninguna clase: no podía suponerse que la afasia fuese un fenómeno espasmódico, como cede en la historia; ni una manifestación de una lesión anatómica como sucede en las inflamaciones y neoplasmas del cerebro, al final de enfermedades nerviosa graves, como la epilepsia, la corea, etc., que acaban por determinar lesión sustancial en los centros nerviosos.

La circunstancia de la fiebre que tenían la enferma y lo súbito de la afasia hacían pues suponer que todo era debido, en este caso, al paludismo, fuentes inagotables, en esta ciudad, de los accidentes los anómalos y los más originales.

Mandé a la enferma un baño de pies sanipisado, un sinapisado en la nuca y 12 decigramos de sulfato de quinina que, en tres dosis y en toda la noche,  di orden   de que se le diera a tomar.

La enferma después de la primera dosis de quinina y de los revulsivos recobró la palabra, y al siguiente día que la vi, conversaba perfectamente y estaba apirética. La tuve bajo la acción de quinina  dos días más, y la afasia y la fiebre desaparecieron para no volver más. Este caso manifiesta una vez más todavía, los trastornos inexplicables que, el paludismo ejerce en la circulación del cerebro que unas veces va producir la congestión de las perniciosas, y otras a modificar localmente la región de la circunvalación de Broca, origen del Lenguaje no pudiéndose asegurar que sean parálisis o sólo constricciones vasculares.

Lima, enero de 1884

Dr. Almenara Butler

 

 


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