| Revista Peruana de
Cardiología : Mayo - Agosto 2001 N.° 2 Vol. XXVII |
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EDITORIAL
Trabajemos en conjunto
Desde la primera descripción de la
relación existente entre resistencia a la insulina y enfermedad cardiovascular (1988),
hasta la reciente denominación a esta asociación como "Síndrome Dismetabólico
Cardiovascular" (1997), caracterizado por dislipidemia, resistencia a la insulina,
obesidad androgénica e hipertensión arterial (llámese síndrome X), ahora es muy claro
que cualquiera de sus componentes confiere al individuo un mayor riesgo de adquirir una
enfermedad macrovascular (coronaria, cerebral y/o periférica), más aún si se adiciona
otro factor de riesgo clásico, siendo de ellos la Diabetes Mellitus el de mayor
peligrosidad.
La diabetes mellitus afecta al 6% de la población de los Estados Unidos (30 millones) de
los que solamente el 50% han sido diagnosticados. Se calcula que en el mundo, la
prevalencia de diabetes mellitus llega a los 100 millones de habitantes, prediciéndose
que para el año 2025 serán de 200 a 225 millones los afectados. Muchas razones pueden
explicar este dramático incremento, siendo el principal la mayor longevidad que
alcanzará la población. Gerontos en los que el tipo II de diabetes mellitus es
predominante (90%).
Las secuelas de complicaciones microvasculares de la diabetes se presentan a menudo mucho
antes de ser diagnosticadas clínicamente: 20% tienen retinopatía 8% nefropatía y 9%
neuropatía.
Un control adecuado de la hiperglicemia (uno de los elementos clínicos de la diabetes)
minimiza las complicaciones microvasculares en el tipo I de diabetes y tal vez en muchos
casos del tipo II. No sucede lo mismo para el caso de las complicaciones macrovasculares
que muchas veces son aceleradas por la enfermedad microvascular, requiriendo de medidas
terapéuticas adicionales.
Hasta hace veinte años se pensaba que el sistema cardiovascular era controlado sólo por
factores circulantes (sistema renina-angiotensina-aldosterona y por el sistema nervioso
simpático), durante la pasada década se considera como un hecho indiscutible, que son
los propios vasos, específicamente su endotelio, los que regulan sus diferentes
funciones: reactividad vascular, proliferación y migración celular, inflamación,
agregación y adhesión celular, anticoagulación, etc. y que su mala función
(disfunción endotelial) es el factor principal en el desarrollo de las enfermedades micro
y macrovasculares, es aquí donde la diabetes mellitus tiene un rol fundamental como
agente causal.
Conociendo que pacientes con enfermedad diabética renal (nefropatía diabética) tienen
mal pronóstico, y que en ellos la albuminuria, especialmente si es de curso progresivo
revela el grado de compromiso renal cuyo grado extremo es la insuficiencia renal terminal,
y condicionándose este estadío a un control inadecuado del metabolismo de la glucosa,
podemos deducir que un control adecuado de la hiperglicemia protegerá en gran parte al
paciente de complicaciones renales y mejor aun si se acude al empleo de fármacos
bloqueadores de la enzima convertidora de angiotesina (ECA) solos o combinados con
bloqueadores de receptores de angiotensina II (AT-1). Además, sabiendo que la enzima
convertidora de angiotensina (ECA) predomina en la médula renal y que los receptores AT-1
se encuentran tanto en la corteza como en la médula del riñón, podremos deducir que
bloqueando ambos sistemas controlaremos otro factor de riesgo cardiovascular (la
hipertensión arterial) que es prevalente en los pacientes diabéticos y por tanto,
mejoraremos la función endotelial y la del órgano en especial.
La retinopatía diabética, es otra complicación microvascular de la diabetes mellitus,
considerada como la principal causa de ceguera en la población activa, afecta casi al
100% de los casos de DM tipo I y al 33% del tipo II. Los microaneurismas y la mayor
permeabilidad vascular con formación de exudados en la retina, y la neoformación
vascular constituyen el sustrato anátomo-patológico de esta complicación, Al igual a lo
que sucede a nivel renal, la administración de inhibidores ECA y/o bloqueadores de AT-1
han demostrado una reducción de la velocidad de progresión de estas lesiones vasculares
en sus diferentes estadíos.
La sistematización y técnica de enseñanza de la disciplina médica, nos ha acostumbrado
a estudiar por separado la fisiología normal y las enfermedades de los diferentes
órganos de los seres vivientes. Es posible que esta forma de enfrentar los problemas
médicos haya creado en los médicos especialistas hábitos inadecuados en el manejo del
diagnóstico y tratamiento de enfermedades relacionadas con nuestra especialidad,
olvidando que el organismo funciona coordinadamente y como un todo y que la enfermedad de
un órgano indefectiblemente en algún momento comprometerá a los demás. Además, muchas
veces olvidamos que el sistema microvascular al igual que el tejido conectivo se encuentra
en todo tejido, órgano y sistema y al comprometerse, afectará el funcionamiento de los
mismos.
En lo que se refiere al manejo y tratamiento de la enfermedad diabética, con mucha
frecuencia sucede que cuando el cardiólogo toma a su cargo al paciente, casi siempre es
debido a que ha presentado una complicación cardiovascular tal como infarto de miocardio,
angina inestable, enfermedad vascular periférica, o hipertensión arterial. Desde ese
momento en la gran mayoría de los pacientes empieza otro problema mas, debido a que el
control unilateral y no coordinado entre cardiólogo-endocrinólogo-nefrólogo, internista
y oftalmólogo no es lo recomendable. Esto probablemente se deba al avance científico,
tecnológico y farmacológico en cada una de estas especialidades relacionadas con la DM,
y a que obviamente, ninguno de los especialistas por separado podrá tener un cabal y
completo conocimiento de estos progresos, y por tanto será mas difícil manejar
adecuadamente al paciente diabético, de ahí la importancia que debamos realizar un
trabajo conjunto y coordinado entre profesionales dedicados a estas disciplinas, mediante
reuniones periódicas para elaborar guías y protocolos de diagnóstico y tratamiento de
la diabetes mellitus, entre otras acciones, para un tratamiento adecuado del paciente.
Esta Junta Directiva ha considerado dentro de su plan de acciones durante el bienio que le
corresponde, mantener estrechas relaciones de trabajo científico con las diferentes
Sociedades dedicadas al diagnóstico y tratamiento de enfermedades de órganos blanco que
corresponden a complicaciones de la DM intensificando esfuerzos para programar reuniones
conjuntas entre Sociedades afines en el manejo del paciente diabético, para adquirir
conocimientos y transmitir los nuestros, lo que se traducirá en beneficio para el
pronóstico del paciente diabético.
Esperamos vuestra colaboración.
Dr. Gustavo Rivara R.
Presidente de la Sociedad Peruana de Cardiología
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