Revista Peruana de Cardiología : Setiembre - Diciembre 1996


EDITORIAL

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Escribir sobre Educación Médica en el Perú es tarea difícil. A través del tiempo hemos observado y participado activamente en la evolución de la enseñanza de la medicina en la Facultad de San Fernando de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con los grandes problemas producidos en ella durante esta segunda mitad de siglo. Justamente, el análisis de estos problemas como fin primordial de la educación, es decir formación de los médicos que el Perú necesita, constituye un reto para exponer con entereza nuestras debilidades, y quizá, proponer algunas alternativas que nos conduzcan en mejores condiciones hacia un nuevo siglo y un nuevo milenio.

Somos conscientes que el sistema universitario en su totalidad está gravemente comprometido y que existen serios problemas materiales y morales, que se ven agravados por la falta de recursos humanos, materiales y científicos que son necesarios para el funcionamiento de una Universidad. La enseñanza en las Facultades de Medicina está dirigida a preparar Médicos Generales, que se ve abrumada por dos grandes factores. En primer lugar, la masificación de alumnos, que las Facultades de Medicina de las Universidades Nacionales tienen que aceptar por la presión que ejerce la cantidad de estudiantes que terminan la secundaria y que luchan por un puesto en la Facultad.

La Universidad de San Marcos por ejemplo, no puede negar la posibilidad de ingresar a los que en su mayoría acceden a sus puertas, para seguir una carrera superior y obtener grados académicos. En una población estudiantil que postula a San Fernando, en la que domina gente perteneciente a una clase socialmente pobre y provinciana, muchos procedentes de nuestra serranía, ingresar a la Universidad y alcanzar un título académico constituye dar un paso ascendente en la escala social, que se obtiene con grandes sacrificios de los padres y de la familia.

De acuerdo a las investigaciones del INEI, basadas en los datos del último Censo Nacional, de 23 millones de peruanos: 4.5 viven en condiciones de extrema pobreza; un 40% de ellos carece de servicios básicos (agua potable, desagüe y electricidad), y más de un 20% percibe ingresos menores a un dólar por día. Lógicamente, esta pobreza incide sobre otros factores de la población como la educación y la salud.

De acuerdo a datos oficiales, en el Perú egresan aproximadamente 400,000 estudiantes secundarios; postulan a la Universidad: 260 000 e ingresan 83 000 (aproximadamente un 30%). De estos, se titulan aproximadamente 22 000 (alrededor del 25%) y trabajan en sus respectivas profesiones sólo 5 500, lo que significa un grave problema, puesto que el sistema productivo peruano no puede dar trabajo a todos los profesionales que egresan, que vienen a ser aproximadamente la cuarta parte de los que se titulan. El resto se dedica a laborar en ocupaciones totalmente diferentes, informales o sencillamente no trabajan, aumentando la tremenda carga de la desocupación, e incidiendo en la pobreza.

La Universidad no debe crear falsas expectativas ni contribuir a formar profesionales sin oferta de trabajo. La erradicación de la pobreza debe ser un hecho real; vencerla es un reto no sólo moral sino que debe conducir a formar una población sana con jóvenes sanos, capaces de desarrollar sus estudios.

Las condiciones de pobreza antes señaladas, permite deducir la importancia del factor humano en la génesis del problema de la Educación Médica, de la preparación de profesionales médicos y de la administración de la salud, que inciden sobre el funcionamiento de la Universidad.

Este problema unido al severo deterioro de la enseñanza secundaria en los diferentes colegios del país, por una serie de razones de orden material, moral, científico, precarias condiciones económicas de trabajo y otras, que determinan las dificultades de la enseñanza secundaria, que finalmente suministran un material humano deficiente.

El otro factor que distorsiona la enseñanza universitaria, lo constituye la Universidad misma, que presenta problemas desde el punto de vista material, de infraestructura y de posibilidades de adquisición de los adelantos técnicos que permitan una adecuada enseñanza moderna de la medicina para preparar los médicos que el Perú necesita, tratando de formar profesionales y técnicos competentes. Como manifiesta el Ingeniero Marcelo Caplan, experto israelí en sistemas educativos, los grandes retos del próximo siglo sólo podrán ser enfrentados con un nuevo enfoque educativo, orientado al conocimiento científico y tecnológico. La sociedad del conocimiento es la que dominará este nuevo milenio que se acerca y los hombres debemos estar preparados para enfrentar sus retos.

De acuerdo al antropólogo Fuenzalida, muchos padres piensan que la Universidad es la vía más acelerada del ascenso social de sus hijos, aunque no tengan fortuna; los que la poseen piensan que el título universitario puede confirmar la posición social de sus hijos. Fuenzalida opina que esta es una de las razones por las que se sigue postulando a la Universidad. Esta idea está muy arraigada en el medio provinciano, es fácil comprender la presión familiar sobre los jóvenes para que traten de seguir carrera universitaria.

Sin embargo, esta presión resulta hoy controlada por el alto costo de los estudios universitarios, sobre todo en universidades particulares, quedando sólo el camino a las universidades nacionales cuyas capacidades son limitadas y desbordadas. Sin embargo, esto no ha hecho desaparecer la presión paterna ni la aspiración juvenil.

De acuerdo con Fuenzalida, existe un factor complementario de filtro para el ascenso social, constituido por el título universitario. Este ascenso a mejores posiciones demanda un currículum, en el que el título universitario es parte importante junto con la experiencia. En el Perú existe un grave problema porque entre los requisitos a los mejores puestos, se prefiere a aquellos con títulos de master y/o doctorado; también pertenecer a los mejores segmentos de las promociones de estudios; se exige que provengan de determinadas universidades, subvaluando particularmente a los estudiantes que provienen de otras Universidades.

La educación Universitaria (Médica) en el Perú se imparte a través de la educación estatal y de la educación privada. La educación Universitaria será regida por el último Decreto Legislativo No. 882 (Ley de la Promoción Privada en la Educación) que ha suscitado una polémica en el ámbito de las Universidades Privadas, produciendo controversias a nivel universitario.

No es intención del presente editorial, porque escapa al marco del mismo, discutir las conveniencias o inconvenientes que se suscitarán por la aplicación de esta reciente ley, pero queremos señalar que la enseñanza universitaria se va a impartir en diferentes tipos de instituciones: Las nacionales o estatales, con amplia participación del Estado que no debe abandonar su rol coordinador y determinante de los planes futuros para una adecuada educación, que satisfaga los requerimientos del país a largo plazo, en lo que respecta a la formación, instrucción y adaptación a la demanda del mercado de futuros médicos.

Por otro lado, se seguirá impartiendo instrucción superior en las Universidades privadas que funcionan hasta la actualidad y que se consideran como centros universitarios sin fines de lucro, y finalmente vienen las Universidades Particulares, en las que existirá un propietario, que buscará hacer efectivo el manejo económico de dichos centros superiores, con la producción de capitales que rindan tributos, con el fin primario de conseguir egresados de calidad suficiente que les permita ser aceptados en el mercado laboral.

El problema es muy amplio, abarca todos los aspectos de la enseñanza universitaria. Nosotros estamos interesados en discutir en este editorial, solamente la enseñanza médica y como hemos señalado al principio, para alcanzar este objetivo se requiere de tres elementos fundamentales:

1) La calidad de los alumnos, considerados como un todo físico y psíquico, provenientes de los diferente estratos socioeconómicos de nuestro país, con todas las consecuencias que ello implica, y que hemos analizado anteriormente.

Debería existir una conexión entre los planes de educación primaria y secundaria con la universitaria, en este caso con la educación médica, para lo cual deberían hacerse planes que conecten adecuadamente estos niveles. Esos planes deberían ser formulados a largo plazo, por grupos de personas encargadas de realizarlos, y cuya constitución debería ser fundamentalmente integrada por aquellos que conocen los problemas del alumnado y por expertos en la materia.

2) En segundo lugar los centros universitarios deberían ser mejorados, fundamentalmente en su infraestructura y tecnología permitiendo que los alumnos puedan tener acceso al adelanto técnico en medicina que ha sido gigantesco en la segunda mitad del presente siglo. Si este objetivo no se logra estaremos en condiciones de inferioridad a las puertas del nuevo milenio.

3) La enseñanza médica la imparten profesionales médicos que actúan como profesores, la mayoría de los cuales no recibe una adecuada preparación para enseñar medicina, y todo queda librado a las condiciones innatas del profesional y a su espíritu de sacrificio, puesto que la remuneración que reciben no está de acuerdo con la función que cumplen, son miserables o irrisorias. En caso de ser el único ingreso para vivir, no les alcanzaría ni para subsistir con sus familias y poder desempeñar sus funciones a cabalidad.

Esta política frente al cuerpo docente, determina un grupo con ciertas deficiencias, que muy difícilmente colabora adecuadamente para lograr un buen alumnado. Se hace pues indispensable crear las fuentes necesarias para cambiar el estatus económico de los profesores creando nuevos ingresos, que en mi opinión, no se darán solamente por el aporte de los alumnos; tendrán que venir de la colaboración con las universidades, de instituciones afines a ellas, que están interesadas en el mejoramiento de la enseñanza para una mejor formación y una mejor instrucción de los futuros técnicos o profesionales que deben incorporarse al trabajo social para el progreso del país.

La dedicación a la docencia se explica por fuerzas morales superiores, entre las cuales están el espíritu de superación profesional; ser profesor universitario es un honor y enseñar a futuros médicos (en el caso de la Facultad de Medicina), obliga a los profesores al estudio permanente y a estar al día con los conocimientos médicos. Estos hechos compensan en parte las limitaciones económicas.

Por las razones anteriores hemos considerado que la universidad peruana en su proyecto para formar médicos debería tener en cuenta no sólo el hecho de enseñar a los alumnos las ciencias básicas y clínicas; no sólo debemos enseñar a comprender los cambios que se producen en los diferentes cuadros de la patología médica; a registrar la presión arterial, o a examinar los diferentes órganos y sistemas del cuerpo humano, sino que, fundamentalmente debemos dar también las bases sólidas de una formación ética, moral y cívica para el ejercicio futuro de la profesión dentro de la sociedad. Esto constituye el verdadero milagro del desarrollo de los pueblos subdesarrollados o en desgracia, y que han podido alcanzar alto nivel técnico.

En general la enseñanza universitaria es difícil por los altos costos de la educación, lo cual constituye una carga muy grande para los padres de familia de las clases populares y de la clase media, la que está cada vez más pauperizada, aumentando de este modo la inequidad social. En las universidades nacionales el problema es mayor porque los recursos para solucionar los problemas de infraestructura y de profesorado son limitados.

Al terminar los estudios, los universitarios tienen que enfrentar el grave problema de la desocupación. Existe una diferencia notable entre el número de profesionales aptos para desempeñarse en el campo de sus actividades y la cantidad de empleos que pueden ser ofrecidos. Los jóvenes ingresan de este modo al amplio campo del desempleo o del subempleo, que los frustra, creando una generación de insatisfechos, de resentidos sociales.

La enseñanza de la medicina se imparte en las Facultades de Medicina correspondientes en número de veinte a nivel nacional; de las cuales cinco son privadas ( dos en Lima, una en Piura, Tacna y Huancayo) y quince son estatales.

En nuestro país como sucede en otras partes del mundo, existen grandes problemas, con marcado incremento de la presión económica, lo cual pone en peligro los limitados servicios y los ingresos de los médicos. El prestigio de los médicos parece haber declinado en todas partes del mundo, aunque siempre se mantiene una estima mayor por los médicos, que el de otras muchas profesiones.

El número de alumnos que estudian en algunas escuelas de medicina, donde las facilidades de infraestructura y de los medios para estudiar las ciencias básicas, así como del número de camas de que disponen los hospitales para realizar las prácticas clínicas, son insuficientes, sobre todo en provincias, está en relación con el número de Facultades de Medicina que han aparecido en el Perú, al parecer sin ningún plan preconcebido ni control por organismo estatal distinto al interés político o local, que controle el establecimiento que imparte conocimiento médico, con el nivel académico correspondiente.

Podemos contabilizar veinte facultades de Medicina, que en determinado momento comenzarán a tener promociones de nuevos médicos generales, que cada vez tendrán más limitadas oportunidades de obtener empleo bien remunerado. Algunos podrán acceder a las vacantes que oferta el IPSS, el Ministerio de Salud Pública y las FFAA. La actividad privada oferta un número variable de oportunidades y una gran mayoría tendrán que dedicarse al ejercicio libre de la profesión, con la problemática que ello significa. Desgraciadamente un grupo importante tratará de emigrar al extranjero.

Según algunos educadores, a pesar de la diferencia que existe entre los estudios universitarios y el mercado laboral, los padres de familia insisten en que sus hijos postulen a la Universidad.

Se piensa que al obtener un título, les permitirá conseguir mejores posiciones, pero lo más grave es que un grupo mayoritario de profesionales no pueden encontrar el empleo que deberían merecer por los estudios realizados.

Se produce de esta manera una discrepancia entre el esfuerzo para realizar determinados estudios, sin que al final puedan desempeñarse en la tarea aprendida. Esto constituye una prueba de la ineficiencia del sistema educativo, por la falta de planificación de la oferta profesional, ya que no existen los sistemas que relacionen los organismos de formación profesional y técnica, que junto a las dependencias del Estado puedan hacer una planificación de las necesidades laborales del país, de modo que las Universidades y los Institutos formen los profesionales que el Perú necesita.

 

La única forma de conseguir este objetivo, es mediante la preparación de planes de inversión en educación, salud, trabajo y vivienda. Debe existir un adecuado plan económico que contemple la educación, la preparación de técnicos como objetivo primordial, puesto que es la única manera de salir del subdesarrollo.

 

Para el educador Doctor León Trahtemberg, el sistema universitario debería ser una agrupación articulada de universidades que planifiquen en conjunto una realidad, que coparticipan de una visión de futuro para el país, que interactúan entre sí y se complementan unas a otras y se distribuyan la responsabilidad de formación para no saturar los mercados.

La educación en el Perú todavía no es aceptada ni comprendida como el eje del desarrollo del país, y sólo es considerada como uno de los grandes problemas en el 3 ó 4% de las grandes encuestas hechas a los peruanos. No se llega a entender que la educación, es la que puede revertir esta situación en favor del desarrollo.

La planificación en la formación de los futuros médicos, logrará que la calidad de la atención médica se supere y se realice en condiciones cada vez mejores, en beneficio de todas las clases sociales, disminuyendo la inequidad existente.

Dr. Max Echevarría