Revista Peruana de Cardiología : Setiembre - Diciembre 1996

 

PEDRO DOMINGUEZ MEJIA
UNA SEMBLANZA Y MIL RECUERDO

pag163fotoa.jpg (15602 bytes)

Cuando el Señor Presidente de la Sociedad Peruana de Cardiología, Dr. Waldo Fernández Durand, me pidió que redactara una breve semblanza de la persona de Pedro Domínguez para ser publicada en la Revista de la Sociedad, pensé en un primer momento que la tarea sería fácil y rápida. Después de todo Pedro y yo habíamos estudiado juntos toda nuestra carrera médica y luego trabajado largos años en el Benemérito, aunque vetusto Hospital Dos de Mayo y compartíamos la misma especialidad. Además, pensaba que siendo Pedro una persona buena, sencilla y "transparente", sin las complicaciones que solemos encontrar en otros colegas y amigos, no iba a tener mayores dificultades para cumplir a cabalidad con el encargo que se me hacía, prescindiendo de datos biográficos y curriculares que, evidentemente no venían al caso. Mi larga y entrañable amistad con Pedro se inició durante nuestros años de estudio en las aulas de la Facultad de Medicina de San Fernando en las cuales por ser alfabéticamente vecinos, coincidíamos a menudo en las sedes docentes, en los grupos de clases teóricas y en las prácticas clínicas y de laboratorio, lo que me permitió ser testigo de excepción de sus excelentes cualidades como per-sona, como estudiante y, más tarde como profesional.

Lo que más me impactó siempre de la personalidad de Pedro fue la firmeza de sus convicciones tanto en lo científico como en lo político y en su enfoque de la problemática social. Sin embargo, nunca lo vi discutir en forma airada ni tratar de imponer sus ideas a los demás. Estoy seguro de que nunca tuvo enemigos pues su bondad y rectitud le ganaban siempre el aprecio y el cariño de todos los que tuvimos la suerte de conocerlo y de estudiar y trabajar junto a él. Siempre se encontraba dispuesto a compartir con todos lo mucho que sabía, sin egoísmos ni reticencias pues era un maestro nato y esto era particularmente evidente en su campo favorito de las arritmias cardiacas, tema en el cual compartía con Chelita, su esposa, los conocimientos más sofisticados.

El orden y meticulosidad con los que conservaba sus apuntes, separatas, diapositivas, etc. fueron siempre para mí seguramente por contraste, motivo de gran admiración. Tenía un inagotable "Banco de Preguntas" que sacaba a relucir cada vez que nos tocaba tomar algún examen a los innumerables alumnos que se formaron con nosotros, muchos de los cuales me han manifestado el imborrable recuerdo que conservan de aquellas enseñanzas que Pedro les transmitía con enorme sencillez y claridad.

Sería extenderme demasiado si tratase de cubrir todo el universo de la personalidad de Pedro Domínguez, más allá de estas breves pinceladas de entre las muchas que perduran en mis recuerdos. Tan sólo añadiré la admiración que siempre sentí por la mesura que mostraba en todos sus actos y el espíritu bromista con el que zanjaba no pocas discusiones, siempre alturadas, con sus discípulos y colegas.

Pedro, los que tuvimos la suerte de ser tus amigos, al igual que la Medicina y, sobre todo, la Cardiología Peruana te echaremos siempre de menos.

 

DR.Ricardo Cheesman Jiménez