| Rev. per. biol.
Vol. 8 Nº 2 2001 © Facultad de Ciencias Biológicas UNMSM |
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OBSERVACIONES EXPERIMENTALES
SOBRE
EL XENODIAGNÓSTICO EN TRIPANOSOMIASIS AMERICANA
Lily Arrojo*, Manuel Tantaleán* y Elba Miranda*
ABSTRACT
Seven third stage nymphs of Triatoma infestans were infected with Trypanosoma cruzi of
mice during the acute phase. After a time of being positives, the triatomids became a
microscopical negative in feces examination. The feces of these negative triatomids were
inoculated to eight mice and controled from 16 to 44 days. Three mice (37,5%) showed
infection of the blood. These results suggest the necessity to induce an infection in a
mouse upon which, from the fifteenth day on, tests should be conducted in order to check
for trypomastigotes.
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La
tripanosomiasis americana o enfermedad de Chagas es una zoonosis de gran importancia en
salud pública. El parásito que la produce, Trypanosoma cruzi y el principal vector,
Triatoma infestans, se encuentran en el Perú al igual que otros triatominos susceptibles
(Lumbreras, 1972; Guillén et al., 1989). A pesar de los numerosos estudios entomológicos
y epidemiológicos realizados en nuestro país, la distribución y la prevalencia de la
infección, especialmente en los animales que se comportan como reservorios silvestres, no
es bien conocida.
El xenodiagnóstico es uno de los métodos de diagnóstico de la enfermedad en humanos que
se aplica en las formas crónica, aguda y congénita de la infección (Schenone et al.,
1969); sin embargo, muy pocos trabajos le asignan una sensibilidad aceptable.
Para el presente trabajo, se utilizaron 7 ninfas de tercer estadio de Triatoma infestans
criadas en el laboratorio de Parasitología que fueron alimentadas por una sola vez con
sangre de un ratón en la etapa aguda de la infección (con un promedio de 1000
tripomastigotes por cada 5 µL de sangre) producida por una cepa de Trypanosoma cruzi
aislada del sur del Perú (Ica); de esta manera se aseguró la infección de las ninfas.
Con las heces de ellas se inocularon varios ratones Swiss Webster para mantenimiento de la
cepa. Los insectos se mantuvieron en cajas especiales con temperatura de 28 °C y humedad
relativa de 60%, protegidos de la luz y alimentados cada 7-10 días con sangre de ave. Las
heces de cada insecto fueron minuciosamente examinadas microscópicamente a 400X
aproximadamente cada 10 días hasta descubrir los tripomastigotes, en cuyo caso fueron
consideradas positivas. Las heces de las chirimachas que resultaron negativas hasta por lo
menos la tercera semana de la prueba y las que siendo positivas posteriormente se hicieron
negativas se suspendieron en suero fisiológico estéril y se inocularon por vía
intraperitoneal en 8 nuevos ratones Swiss Webster que se controlaron a partir de los 15
días de la inoculación para investigar la presencia de tripomastigotes sanguíneos.
Las primeras 7 ninfas de T. infestans se infectaron con T. cruzi, como se verificó por la
presencia de tripomastigotes metacíclicos en las deyecciones a partir de los 18 días.
Posteriormente, entre los 90 y 120 días, algunos insectos ya no eliminaban
tripomastigotes en las heces, pero cuando éstas se inocularon en 8 nuevos ratones de la
misma cepa, 3 (37,5%) se infectaron y presentaron tripomastigotes sanguíneos entre los 16
y 44 días, con un recuento de 2000 tripomastigotes por cada 5 µL de sangre durante la
fase exponencial.
El xenodiagnóstico, uno de los métodos que se aplica durante la etapa crónica de la
enfermedad y cuyo resultado final en algunas ocasiones se consigue después de los 90
días, tiene una sensibilidad no mayor del 50% que parece que no depende de variables como
la edad o el sexo del vector (Silva et al., 1995); algunos investigadores han tratado de
aumentar la sensibilidad de varias maneras, como repetir el examen practicado (Castro et
al., 1983), realizando al mismo tiempo hemocultivos (Basso y Moretti, 1984), o buscar un
vector apropiado (Perlowagora et al., 1982), utilizando al mismo tiempo otras especies de
Triatoma (Pereira et al., 1996), o establecer una nueva metodología en la búsqueda de
los tripomastigotes metacíclicos (Cedillos et al., 1982); pero en todos los casos la
sensibilidad no fue mayor del 65%. Todas estas modificaciones técnicas requieren de
infraestructura adecuada y tener a disposición varias especies de vectores.
Santos et al. (1996) han observado que la longevidad de los tripomastigotes en Triatoma
infestans está relacionada con la alimentación del insecto y que de acuerdo a ella puede
presentarse alternancia entre presencia y ausencia del flagelado durante la infección.
Kollien y Straub (1998) mencionan que la inanición influye en T. infestans favoreciendo
que las formas flageladas de T. cruzi desaparezcan del intestino y aumenten los
esferomastigotes.
El hecho de lograr infección de ratones inoculados con heces de chirimachas
inicialmente positivas pero que posteriormente no revelaron tripomastigotes durante el
examen microscópico fecal nos revela que podría estar involucrado algún fenómeno
relacionado con la morfología de los parásitos que se eliminan en las deyecciones . Esta
posibilidad viene siendo actualmente investigada, considerando que Tomlinson et al. (1995)
han observado que el pH también puede influir en la transformación morfológica de los
tripomastigotes.
Referencias
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*Laboratorio de Parasitología. Facultad
de Ciencias y Filosofía. Universidad Peruana Cayetano Heredia. Lima. Perú. E-mail: emiranda@upch.edu.pe
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