Anales de la Facultad de Medicina
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Copyright© 2001
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ISSN 1025 - 5583
Vol. 62, Nº4 - 2001
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Salud mental en adolescentes de las Delicias
(Trujillo - Perú)
Alberto Perales1, Cecilia Sogi1,
Ricardo Morales2
1Unidad de Investigación, Facultad de Medicina, Universidad Nacional Mayor de San Marcos
2Unidad de Postgrado, Facultad de Medicina, Universidad Nacional de Trujillo
RESUMEN
OBJETIVO: Examinar la salud mental de adolescentes de 12-18 años de edad. MATERIAL Y
MÉTODOS: Encuesta de hogares, con una muestra seleccionada aleatoriamente de dos sectores
de las Delicias: 32 de Taquila (área rural) y 43 de la Zona Norte (área en proceso de
urbanización), Distrito de Moche, Trujillo. RESULTADOS: Los hallazgos evidencian
problemas relacionados con uso/abuso de sustancias, fundamentalmente alcohol, mayor en los
adolescentes de Taquila; y, síntomas de distrés y depresión, además de menor soporte
familiar y social, en los de la Zona Norte, con diferencias estadísticamente
significativas. CONCLUSIÓN: Se postula que las macrovariables dependientes del proceso de
urbanización de la población podrían estar actuando como estresores vinculados a tales
dificultades.
Palabras claves: Salud mental; Adolescencia; Psicología del adolescente; Urbanización;
Procesos de grupo; Cambio social.
Mental health in adolescents of the Delicias (Trujillo, Peru)
SUMMARY
OBJECTIVE: To examine the mental health of 12 to 18 year-old adolescent population.
MATERIAL AND METHODS: A mental health household survey was carried out in a sample
randomly selected from two areas of Las Delicias, District of Moche, Trujillo City, Peru:
32 subjects from Taquila (a rural area) and 43 from the North Zone (an area in process of
urbanization). RESULTS: Problems related to substance abuse, mainly alcohol, were more
predominant in Taquila while symptoms of distress and depression with lower family and
social support were evident in the North Zone; the differences between the two subsamples
were statistically significant. CONCLUSION: Stressors related to the described problems
are probably immerse in the macrovariables associated to the urbanization process of that
population.
Key words: Mental health; Adolescence; Adolescent psychology; Urbanization; Group
processes; Social change.
INTRODUCCIÓN
Estudios previos de salud mental en poblaciones urbanas y
urbano-marginales de Lima señalaron diversos problemas en el grupo adolescente, tales
como: elevados niveles de estrés, síntomas ansiosos y depresivos, propensión hacia
conductas violentas, así como otros síntomas de malestar psicosocial (1-3).
El presente estudio intenta explorar si los problemas señalados se presentan también en
adolescentes de localidades con diferentes grados de urbanización. Se eligió para ello
una pequeña localidad ubicada en la costa norte del país, aledaña a la ciudad de
Trujillo, replicando la metodología del estudio realizado en Lima.
Trujillo cuenta con escasos datos sobre el problema de salud mental en el ámbito
provincial. Sin embargo, de una exhaustiva revisión bibliográfica local, consideramos
útil los hallazgos de estudios efectuados en algunos distritos y en poblaciones de
Centros Educativos. Al respecto, Rebaza y Altamirano (1991) hallaron una prevalencia
global de trastornos mentales de 29,8% en la población general de Alto Moche (4); Jondec
y Amaya (1987), presencia de un síndrome depresivo en 64% de los estudiantes de
enfermería (5); Briones y Villanueva (1992), riesgo de enfermedad mental en 38,4% de los
estudiantes de secundaria de 3°, 4° y 5° año (6).
En estudiantes trujillanos de secundaria, Dangle (1993) llevó a cabo un estudio
comparativo de las características biopsicosociales por estratos socioeconómicos,
identificando: obesidad en el estrato medio alto y desnutrición en el bajo; grado de
capacidad intelectual en relación directa con su nivel socioeconómico; asimismo, que las
tendencias de la personalidad varían de acuerdo al nivel socioeconómico, pero también
según el sexo (7).
Correspondencia:
Dr. Alberto Perales Cabrera
Av. Javier Prado Oeste 445 Dpto. 101
Lima 27, Perú
E-mail: aperales@chavin.rcp.net.pe
MATERIAL Y MÉTODOS
La encuesta de salud mental en
adolescentes se llevó a cabo en dos poblaciones pertenecientes al sector Las Delicias del
distrito de Moche, Provincia de Trujillo, Departamento de La Libertad.
Moche se ubica en la costa de la provincia de Trujillo, a 4,7 km al suroeste de la ciudad
del mismo nombre. Tiene un área de 104 km2, estimándose en 28,000 habitantes su
población actual. La estructura etaria de la población es de 0-9 años 24%; 10-19 años,
23%; 20-49 años, 42%; y de 50 + años, 11%*.
Moche, del cual forma parte Las Delicias, fue fundado el 21 de octubre de 1594. Sus pri-
meros moradores fueron descendientes mochicas dedicados a la pesca, la agricultura y la
orfebrería, que han dejado restos arqueológicos importantes, como las huacas preincas
del Sol y de la Luna. Actualmente se le considera área arqueológica de patrimonio
nacional y, en los últimos años, las excavaciones en la zona vienen descubriendo
interesantes restos rupestres. La Carretera Panamericana cruza la campiña de Moche,
uniéndola, por un lado, con los Departamentos norteños y, por el sur, con la ciudad
capital. Tiene, además, carreteras asfaltadas y afirmadas, así como caminos de herradura
que lo conectan con las áreas rurales y el interior del Departamento.
Las Delicias es un balneario ubicado al suroeste de la ciudad de Trujillo. El centro
poblado se fundó en 1897, siendo sus primeros moradores los miembros de la familia
Montero. Con el transcurso del tiempo, la localidad se convirtió en balneario de la
aristocracia trujillana. En 1960, el balneario sufrió una erosión costera, debida a la
construcción del dique en el muelle del puerto Salaverry, la misma que aumentó con el
terremoto de 1970, que tuvo su epicentro en el departamento de Ancash. En las últimas
décadas se inició en la zona la invasión de terrenos baldíos, creándose nuevos
centros poblados. Actualmente se estima que sus habitantes suman aproximadamente 4,000
personas. La parte urbana de la localidad se encuentra en etapa de reconstrucción de
pistas y veredas, así como, de instalación de su red de agua y desagüe. Recientemente,
se ha concluido la reconstrucción de un reservorio de agua potable. La energía
eléctrica aún no da cobertura a la totalidad de la población; asimismo, el servicio
edil de limpieza es muy limitado, lo cual obliga a los moradores a quemar o enterrar los
deshechos sólidos.
El sector de Las Delicias se divide en cuatro zonas: 1) el Triángulo, la más antigua y
residencial; 2) la Zona Norte, contigua al Triángulo; 3) la Zona Sur; y, 4) Taquila, la
parte más sureña y rural de la localidad. Todas ellas se conectan entre sí por
carreteras afirmadas (Figuras 1, 2, 3 y 4).
Como instrumento, se utilizó el Cuestionario de Salud Mental desarrollado en Colombia y
adaptado para su uso en nuestro medio (1).
Luego de las coordinaciones establecidas con el personal del Centro de Salud San Pedro de
Las Delicias, se inició el trabajo de campo. La encuesta fue administrada a través de
entrevistas domiciliarias. Los entrevistadores fueron médicos, alumnos del curso de
Psicología Médica, Programa de Maestría de la Universidad Nacional de Trujillo. Los
supervisores del trabajo de campo fueron los investigadores del estudio (AP y CS).
Luego de la revisión de los cuestionarios, se procedió a la elaboración de la base de
datos en FoxPro 2,6. Para el análisis estadístico, se utilizó el EpiInfo 6,0.
 |
Figura 1.-
Taquila. Vivienda de adobe y material precario que se erige en la playa. Se observa que no
existe tendido de cable de electricidad. No cuenta con servicios de agua ni desagüe. |
 |
| Figura 2.- Taquila. Vivienda precaria y
en mal estado de conservación. El morador se abastece de agua potable en baldes. |
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Figura 3.- Zona norte.
Vista de una de las calles. Se observa trazo urbano, pista asfaltada y servicio de
electricidad. |
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Figura 4.- Zona norte.
Frontis del Puesto de Salud San Pedro-Las Delicias. Se observa al personal de salud del
mismo. |
RESULTADOS
Se entrevistó un total de 77
adolescentes entre 12-18 años de edad: 32 de Taquila y 45 de la Zona Norte. A
continuación, nos referiremos a Taquila como localidad A y a la Zona Norte como B, con el
fin de simplificar la presentación de los resultados.
La distribución de la población por
sexo y edad en ambas localidades no mostró diferencias estadísticamente significativas,
aunque la proporción de varones fue ligeramente mayor en A que en B. El grupo de edad de
12-14 años fue mayor en A (53%) que en B (33%). La edad media fue 14,6 años (DE 1,9) en
A y 15,4 años (DE 1,9) en B.
Familia y red social
Con respecto a la familia y red social,
el promedio de personas por hogar fue similar en ambas localidades, 6,6 (DE 1,7) en A y
6,7 (DE 3,0) en B.
La frecuencia de las opiniones negativas respecto a la relación familiar varía en la
comparación de ambas localidades, aunque las diferencias no fueron estadísticamente
significativas.
El compartir pensamientos/sentimientos con otros interroga sobre una relación de soporte.
Los adolescentes de B, a diferencia de los de A, informaron que los comparten menos
frecuentemente con hermanos (p <0,05) y vecinos (p <0,01).
Admitir haber recibido de los demás, es otro ítem del cuestionario, que también indica
soporte social. Los adolescentes de B, a diferencia de los de A, señalaron más
frecuentemente haber recibido poco/nada de amigos (p <0,05).
Respecto a otras relaciones sociales, 1 de cada 3 adolescentes en A y 2 de cada 3 en B (p
<0,01) respondieron tener amigo íntimo (relación dual); la relación de pareja fue
menos frecuente, 1 de cada 8 en A y 1 de cada 9 en B. La presencia de amigo consumidor de
sustancias, que constituye un factor de riesgo de inicio de consumo de sustancias en los
pares, fue más frecuente en B que en A, aunque la diferencia no fue estadísticamente
significativa. En ambas localidades, la frecuencia de familiar consumidor de sustancias
fue referida por pocos entrevistados.
Respecto a figuras de autoridad y relación de confianza, los adolescentes de ambas
localidades confían más frecuentemente en sus maestros (91%), seguidos de religiosos
(75-80%), que en otros miembros de su entorno social (policías, militares, líderes de la
comunidad, etc.).
Uso/Abuso de sustancias
La encuesta comprende una sección de
uso/abuso de sustancias, que se inicia con la percepción de daño a la salud ocasionada
por el consumo de aquellas, tanto legales como ilegales.
La frecuencia de la percepción de este daño para la salud fue similar en ambas
localidades. Así, señalaron que causan grave daño: la marihuana, cocaína y PBC
(72-81%); la heroína y los inhalables (62-66%); y los alucinógenos y la hoja de coca
(menos de 50%). Este último resultado coincide con la observación realiza da
durante el trabajo de campo, en el sentido de que los adolescentes desconocen la
naturaleza de tales sustancias. La percepción de grave daño disminuye respecto al
alcohol y los cigarrillos (56-69%); los tranquilizantes, analgésicos y jarabe para la tos
(0-22%); y los estimulantes (18-25%).
La prevalencia de vida de uso/abuso se define como si alguna vez en su vida usó/abusó de
alguna sustancia. En ambas localidades, más de 50% de los adolescentes informó sobre un
primer contacto con alcohol; aunque su abuso, es decir, haber tenido por lo menos una
embriaguez, lo fue por 1 de cada 5 adolescentes en A, y 1 de cada 22 en B (p <0,05). El
uso de cigarrillos sólo fue informado en A (Tabla 1).
Tabla 1.- Prevalencia de
vida de uso/abuso de sustancias.
|
| Sustancias |
A (n=32)
% |
B (n=45)
% |
p |
| Alchol |
53,1 |
53,3 |
|
| Alcohol (abuso) |
21,9 |
4,4 |
* |
| Cigarrillos |
12,5 |
0,0 |
* |
| Tranquilizantes |
0,0 |
4,4 |
|
| Analgésicos |
46,9 |
68,9 |
|
| Jarabe de tos |
40,6 |
57,8 |
|
| Marihuana |
3,1 |
0,0 |
|
| Inhalables |
3,1 |
4,4 |
|
| Hoja de coca |
12,5
|
15,6 |
|
| * p <0,05
(Perales y col, 2000). |
La edad media de inicio de
abuso del alcohol fue más temprana en A (14,9 años DE 0,7) que en B (17,5 años DE 0,7)
(p <0,05) Informaron uso del alcohol, 1 de cada 4 adolescentes en A y 1 de cada 23 en
B. El CAGE (preguntas 21-24 del Cuestionario de Salud Mental) es un instrumento de
tamizaje para detectar bebedores problema, siendo el criterio utilizado para ello, la
presencia de dos o más respuestas positivas. La alta sospecha de bebedor problema estuvo
presente en 1 de cada 16 adolescentes en A y en 1 de cada 45, en B. En general, las
conductas asociadas al consumo de alcohol fueron más frecuentes en A que en B, siendo las
diferencias estadísticamente significativas en los items: le han criticado por la manera
de beber (p <0,05) y ha bebido en el último mes (p <0,01).
Distrés
Los síntomas de distrés, significativamente más frecuentes en B que en A, fueron:
estreñido (p <0,05), ha dormido mal (p <0,01), aburrido (p <0,01) y ha orinado
con más frecuencia (p <0,05). Asimismo, la referencia a 11 ó más síntomas en
conjunto fue significativamente más frecuente en B que en A (p <0,01).
Depresión y ansiedad
Los puntajes de depresión tienden a ser
ligeramente mayores en B que en A, siendo el promedio 45,2 (DE 8,6) en B y 42,2 (DE 7,3)
en A; con la ansiedad ocurre lo mismo, siendo el puntaje promedio 42,9 (DE 8,0) en B y
40,0 (DE 8,0) en A; sin embargo, en ambos casos, las diferencias no fueron
estadísticamente significativas. No obstante, respecto a la depresión, la frecuencia de
aquellos con puntaje 50 ó más fue significativamente más frecuente en B (31,1%) que en
A (12,5) (p <0,05)
Conducta de búsqueda de ayuda
La proporción de aquellos que han consultado alguna vez por problemas emocionales es baja
en ambas localidades y una de las razones expresadas por los adolescentes para no
consultar, es vergüenza, sentimiento que podría estar indicando que se trata de una
característica propia de la etapa del desarrollo en la que se encuentran o que el
personal de salud no ha logrado ajustarse a las necesidades emocionales de esta
población.
Medicina tradicional
Cabe destacar que los adolescentes de
ambas localidades identifican, con mayor o menor frecuencia, las enfermedades
tradicionales; han consultado con curanderos más frecuentemente que con el personal de
los Servicios de Salud oficiales, informando, como resultado de ello, un nivel
satisfactorio de mejoría. Este hecho apunta a considerar que aún en esta generación, a
inicio del siglo XXI, la medicina tradicional mantiene su vigencia como sistema válido de
salud en la región.
Conductas violentas
En el grupo de conductas violentas, se
consideró las conductas antisociales y la violencia intencional (deseo de morir, intento
de suicidio, idea de matar a alguien).
La frecuencia de las conductas antisociales fue similar en ambas localidades, siendo las
más frecuentes: se hizo la vaca (44-50%); muchas mentiras de niño (47-49%); y peleas
(31-38%). Aquellos con tres o más de tales conductas fueron más frecuentes en A (21,9%)
que en B (13,3%), mientras ocurre lo inverso en aquellos con 4 ó más, en B (11,1%)
que en A (3,1%) (Tabla 2).
El deseo de morir fue más frecuente en B que en A, mientras que con el intento de
suicidio ocurre lo inverso; y, la idea de matar a alguien, sólo estuvo presente en B,
aunque las diferencias no fueron estadísticamente significativas.
| Tabla 2.- Conductas violentas
intencionales/localidad. |
| Conductas violentas intencionales |
A (n=32) % |
B (n=45) % |
Ha deseado morir
en el último mes
en el último año
hace más de un año |
6,3
0,0
0,0
6,3 |
24,4
6,7
15,6
6,7 |
Ha intentado suicidarse
en el último mes
en el último año |
3,1
3,1
0,0 |
2,2
0,0
2,2 |
Tuvo idea de matar a alguien
en el último mes |
0,0
0,0 |
2,2
2,2 |
| (Perales y col, 2000). |
Rasgos de personalidad
La personalidad se define como patrón o
modos de sentir, reaccionar y actuar, persistentes en el tiempo. De acuerdo a los
criterios diagnósticos de los actuales sistemas de clasificación internacionales, no se
puede diagnosticar el trastorno de personalidad antes de la edad de 18 años. Previo a
esta edad, sin embargo, de encontrarse este tipo de patología en el sujeto, se puede
hablar de rasgos de personalidad.
Fuentes de tensión
La mayor fuente de tensión en los
adolescentes de ambas localidades fue la familia, seguida de trabajo/estudios y el de
salud.
El humor habitual disfórico (triste, irritable, aburrido, tenso/preocupado) fue un rasgo
más frecuente en B (38%) que en A (19%), aunque la diferencia no fue estadísticamente
significativa.
Los adolescentes de B señalaron, más frecuentemente que los de A, sentimientos de
desilusión y amargura por los problemas del país, aunque las diferencias no fueron
estadísticamente significativas.
Hábitos de vida
Con relación a los hábitos de vida, el transporte público -que conecta fluidamente los
centros poblados con la ciudad- constituye un indicador de tendencia hacia la
urbanización de la población. En tal sentido, las dos localidades de estudio tienen
categoría de semiurbanas. Así,2 de cada 3 adolescentes de ambas localidades hacen uso
del transporte público por más de una hora/día en promedio.
Como pasatiempos, las dos poblaciones hacen uso frecuente del televisor; las horas/día
promedio de su uso fue mayor en B (3,1 DE 1,8) que en A (2,6 DE 1,9), aunque la diferencia
no fue estadísticamente significativa. En ambas localidades, 1 de cada 3 adolescentes
sale a distraerse. Respecto al hábito de lectura, los de A leen más frecuentemente
periódico que los de B (p <0,05).
Religión
El 100% de los adolescentes cree en Dios, aunque el porcentaje de la práctica religiosa
es menor. Respecto a si cree que la religión ayuda a solucionar problemas, aquellos que
respondieron no saber fueron más frecuentes en B que en A (p <0,01).
Conducta sexual
Los adolescentes de A informaron más frecuentemente haber tenido experiencia sexual (19%)
que los de B (11%); sin embargo, la edad media de inicio de la práctica sexual fue más
temprano en B, 13,8 años (DE 2,6) que en A, 15,5 años (DE 0,8); pero, las diferencias no
fueron estadísticamente significativas.
Estresores y recursos comunitarios
En estresores y recursos comunitarios, el cuestionario indaga si en casa han habido
problemas de salud mental en niños pequeños, o eventos vitales severos, así como,
maltrato de mujeres y niños, y sobre estresores del ambiente físico. La frecuencia de
los estresores varía en ambas localidades, aunque las diferencias no fueron
estadísticamente significativas.
Los adolescentes de B informaron disponer de más recursos recreativos comunitarios
(canchas de fútbol y voley, estadio, piscina, biblioteca, clubes, parques, cursos de
capacitación) que los de A, aunque sin diferencias estadísti-camente significativas.
DISCUSIÓN
Tal como señaláramos en la
introducción, el presente estudio intenta, sobre la base del conocimiento logrado sobre
la salud mental de adolescentes de Lima, explorar similares problemas en una población de
la costa norte del país, en proceso de urbanización pero aún con zonas rurales,
contigua a la ciudad de Trujillo. En tal sentido, se trata de un estudio descriptivo y
comparativo de dos poblaciones adolescentes, diferentes respecto al nivel de urbanización
de la localidad de residencia.
Cabe señalar, también, que el instrumento utilizado, el Cuestionario de Salud Mental, no
hace diagnósticos de trastornos mentales específicos y, aunque nuestro estudio no
pretende evaluar prevalencias, si permite identificar diversos indicadores de patología
psiquiátrica inicial y sospecha diagnóstica de alteración de la salud mental, así como
estresores y problemas psicosociales.
Respecto a la metodología del estudio, conviene señalar algunas dificultades observadas
en el trabajo de campo, que aportan experiencia para futuras investigaciones de esta clase
que resumimos a continuación: 1) En algunos casos la edad consignada en la ficha familiar
no correspondía a la edad actual; 2) El muestreo por familias no resultó óptimo, por
movilidad de las mismas, debiendo en próximas mediciones ser por viviendas; 3) Conviene
seleccionar un fin de semana típico para la encuesta. En cuanto al horario, debe
iniciarse temprano la visita a los domicilios, antes de que los moradores salgan a
realizar sus labores; 4) Es importante la coordinación entre el personal del Centro de
Salud y los líderes de la comunidad. Asimismo, conviene que el personal del Centro
presente los entrevistadores a la población para no despertar desconfianza; 5) Es
imprescindible tener a disposición una unidad móvil; 6) Para encuesta de hogares, es
mejor seleccionar una población concentrada en vez de una dispersa; 7) Es imprescindible
disponer de una cámara fotográfica.
Al revisar la familia y red social, el hecho de que los adolescentes de ambas localidades
compartan menos intimidad con el padre que con la madre, corrobora lo observado por
Ferrando en una encuesta nacional de jóvenes, de 15-24 años, en 1991. La autora citada
señala que: "la calidad de la relación con el padre tiende a deteriorarse, aunque
ligeramente, a medida que disminuye la capacidad económica de la familia; en cambio, la
bondad de la relación con la madre se consolida en estos casos" (8).
La frecuencia del amigo íntimo fue significativamente mayor en los adolescentes de B; es
decir, en éstos la relación de pares aparece como más prominente. La relación de pares
se reconoce como inherente a la etapa del desarrollo correspondiente a la adolescencia
media (9). Bonilla y col, de acuerdo al número de miembros, identifican dos grupos: el
amplio y el íntimo. Y sobre su significado señalan que: "en la interacción con
ambos grupos es que se adquiere una creciente confianza y aceptación de sí mismo y se
produce una mayor integración de los mundos interno y externo, favoreciéndose la
consolidación de su identidad" (10).
La percepción de daño para la salud ocasionado por el consumo de sustancias, es decir,
el nivel de información sobre los efectos perjudiciales de las sustancias, en ambas
localidades, fue menor que lo observado en adolescentes de Lima (1). Así, en ambas
localidades, la percepción de daño causado por el alcohol fue incluso menor que la
registrada en Centros Educativos de Trujillo (11,12). Adicionalmente, Gorriti y Pérez
hallaron que sólo 15% de 203 escolares tenía adecuada información sobre el daño para
la salud ocasionado por sustancias; y concluyen que el grado de desinformación se
relaciona con el consumo de sustancias, tanto legales como ilegales (13).
En el presente estudio, el abuso del alcohol fue significativamente más frecuente en A
(22%) que en B (4%). La revisión de estudios sobre el tema señala que, en adolescentes
de Centros Educativos de Trujillo, la prevalencia de consumo excesivo varía entre 7,5%
(11) y 9% (12), aunque los autores no precisan el instrumento utilizado. Asimismo, una
encuesta poblacional en la campiña de Moche, utilizando los criterios de Marconi, halló
2,4% de consumidores excesivos y 24,7% de moderados, en población de 10-20 años de edad
(14).
Respecto al hábito de fumar cigarrillos, en nuestro estudio sólo fue informado en A
(12,5%). La revisión de trabajos sobre el tema en Trujillo evidencia que la prevalencia
del hábito de fumar varía ampliamente, hecho en el cual debe considerarse las diferentes
metodologías utilizadas por los investigadores.
Respecto a otras drogas los adolescentes de nuestro estudio sólo informaron consumo de
marihuana e inhalables. Respecto al tema, Cecias y Ocaña hallaron una prevalencia global
de consumo de drogas de 14,6% en Centros Educativos Secundarios de Trujillo, siendo
éstas, en orden de frecuencia: marihuana, terokal y P.B.C. (15). El hallazgo de mayor
consumo de marihuana corrobora el de Ferrando, quien informa que 3,7% de los jóvenes de
15-24 años la había fumado alguna vez (8).
Nuestros resultados corroboran la constante de que el alcohol es la sustancia psicoactiva
más consumida en la población, independientemente de la edad, nivel de instrucción o
estrato socioeconómico, seguido de cigarrillos (8).
La edad media de la primera embriaguez fue 2,6 años más temprana en adolescentes de A
(14,9 años) que de B (17,5 años). Castañeda y Castillo hallaron que la edad de la
primera embriaguez se ubica entre los 15 a 16 años en la población escolar (9). Con
relación a la edad de inicio de cigarrillos, nuestro hallazgo es similar al de Cerna y
col, (16) alrededor de los 15,0 años.
La frecuencia de bebedor problema -tres veces mayor en A que en B-, se refleja, además,
en ciertas conductas asociadas al consumo de alcohol, más frecuentes en la primera, por
ejemplo, respuestas positivas en los ítems del cuestionario: le han criticado por la
manera de beber y ha bebido en el último mes.
La frecuencia de los síntomas de distrés fue, en general, mayor en B que en A; asimismo,
la concurrencia de 11 ó más síntomas, que indica alta sospecha de algún trastorno
mental, fue significativamente más frecuente en la primera (p <0,01). Adicionalmente,
el número de adolescentes con puntaje de depresión de 50 ó más -puntaje que se
considera indicador de sospecha clínica de depresión- fue significativamente mayor en B
(39,1%) que en A (12,5%) (p <0,05).
Respecto a la depresión los casos probables constituyeron 31% en B y 12,5% en A.
Hallazgos de estudios epidemiológicos internacionales señalan, en adolescentes de 12-14
años de edad del sudeste de los Estados Unidos, cifras de Depresión Mayor similares en
ambos sexos, de 9% (17). En un estudio comunitario de adolescentes de Oregon (18), la edad
media de inicio del primer episodio de depresión fue 14,9 años (DE 2,8). En otras
palabras, la depresión, que antaño era considerada un trastorno mental de mayor
prevalencia en el adulto, viene identificándose, cada vez más frecuentemente, en
adolescentes y aún en niños.
Con relación a la conducta de búsqueda de ayuda, en las dos localidades de estudio
resulta llamativo, de un lado, la alta frecuencia de síntomas de distrés y, de otro, la
baja frecuencia de consultas por problemas emocionales. Adicionalmente, llama la atención
la mayor frecuencia de consultas solicitadas a curanderos que a los agentes del sistema
oficial de salud.
Respecto a lo señalado, consideramos pertinente citar el estudio antropológico de
Argomedo, quien señala que: "Las razones para acudir a la medicina tradicional, hoy
en día en el Perú (ya sea autocurándose o acudiendo a un curandero) son: como respuesta
a la crisis económica, la misma que se extiende al sistema formal de salud; el alto costo
de las medicinas modernas y de los exámenes de laboratorio; la persistencia de una alta
credibilidad de la que goza el curandero en el ambiente de los migrantes rurales; la
presencia de la religiosidad en la vida del hombre; los dotes espirituales de los
curanderos; la coincidencia con la medicina moderna, es decir, buscar la recuperación y
el bienestar del enfermo y la condición de pobreza de amplios sectores que se encuentran
exentos o marginados del sistema formal de salud" (19).
En el presente estudio consideramos violentas a las conductas antisociales y a la
violencia intencional.
Las conductas antisociales son aquellas que hacen caso omiso de y violan los derechos de
los demás, tales como: mentir, robar y el usar la fuerza física, entre otras. La
concurrencia de 3 de tales conductas (criterio sindrómico) fue más frecuente en A que en
B, mientras ocurre lo inverso respecto a la concurrencia de 4 ó más de estas conductas.
Respecto al tema de conductas antisociales, aunque no conocemos la existencia de estudios
similares, como el de la delincuencia en el Pueblo Joven La Esperanza, de Trujillo,
resulta ilustrativo. Los autores de este estudio señalan que: "73% de los
delincuentes se inició en el robo entre los 8 y 16 años, y casi todos fueron empujados
por otros delincuentes ya habituales" (20).
La frecuencia de respuestas positivas a los ítems del cuestionario: "ha deseado
morir, ha intentado suicidarse, ha tenido idea de matar a alguien", en ambas
localidades, fue menor que en los adolescentes de Lima (1,2).
En hábitos de vida, nuestro estudio no indaga sobre la distribución del tiempo libre del
adolescente; pero, de las horas promedio por día que hacen uso de televisión se infiere
que ésta sería la práctica más común en sus ratos de ocio.
El 19% de los adolescentes de A y 11% de los de B han informado sobre experiencia sexual.
Respecto al tema sexual, Ferrando concluye de su estudio que: "en general puede
decirse que los jóvenes peruanos son conservadores, por lo menos en cuanto a sus
opiniones, las cuales pueden no coincidir, necesariamente, con sus prácticas. El 51% de
las mujeres frente a 28% de los varones está en contra de la práctica sexual previa a la
unión" (8).
PALABRAS FINALES
Nuestro estudio, a pesar de las
limitaciones dependientes del pequeño tamaño de la muestra, evidencia interesantes
diferencias entre los adolescentes de Taquila (A), la zona más rural, y la Zona Norte
(B), área en proceso de urbanización del Sector de las Delicias del distrito de Moche,
Trujillo. Los primeros presentan significativamente mayores problemas relacionados con
consumo de sustancias, fundamentalmente alcohol; mientras que los segundos, mayor distrés
y síntomas depresivos al lado de menor soporte familiar y social.
Los hallazgos señalados son interpretados como mediados por estresores. La mayor
preocupación por problemas de salud en A y por el dinero y la ley en B nos estarían
indicando que el proceso de urbanización viene afectando a la población y alterando sus
estilos de vida; es decir, las manifestaciones de malestar psicosocial observadas en los
adolescentes estarían indicando el impacto de las macrovariables implicadas en dicho
proceso.
AGRADECIMIENTO
Los autores desean agradecer a los señores médicos del
curso de Postgrado de Psicología Médica, del Programa de Maestría de Medicina de la
Universidad Nacional de Trujillo, Curso 1997: Agreda Ulloa María Valentina, Alpaca Muñoz
Hugo Vicente, Arteaga Loza Mario Máximo, Asenjo Perez Conchita del Pilar, Escobedo
Urquizo Carlos Marcial, Fiestas Pflucker Germán Adolfo, León Montalvo Locadio Lizandro,
Lozada Villena Bernabé, Lozano Ibáñez Rosa Angela, Ramos Santillán Horacio, Rioja
García Miguel Eduardo, Ríos Canales Cecilio Issac, Salas Ruiz Carlos Efrén, Villena
Mosqueira Ovidio, Pinedo Sevillano Jessika, Ramirez Rodriguez Santos. Y Curso 1998: Aldave
Paredes Pedro Gabriel, Armas Fava Lourdes Adelaida, González Payaque Juan Julio,
González Zavala José Gustavo, Rodriguez Rodriguez Francisco Lew, Roncal Casanova Doris
Irene, Triveño Rodriguez Luis Alfredo, Nieto Calderón Juan.
Ver Bibliografía
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