Anales de la Facultad de Medicina
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
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ISSN 1025 - 5583
Vol. 62, Nº4 - 2001
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Aportes a la historia de la bioética:
Comentarios al trabajo de James A. Drane
Alberto Perales
Facultad de Medicina, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú.
En reciente Seminario Internacional de Bioética realizado en Santiago de Chile: "Ciencias
Sociales y Bioética: entrelazando miradas", organizado por el Centro
Interdisciplinario de Estudios en Bioética (CIEB) de la Universidad de Chile y el
Programa Regional de Bioética OPS/OMS de Chile, cupo al Profesor James Drane, reconocido
bioeticista de la Universidad de Edinboro, Estados Unidos de América, presentar el primer
Relato Oficial, Historia de la Bioética. Al autor del presente artículo se le programó
como comentarista de tal exposición. He aquí lo que dijo:
El excelente trabajo del Dr. Drane requiere, por la importancia del tema, más allá de un
comentario, de aportes que complementen su esfuerzo. Intentaré, modestamente, añadir
algunos a la línea de su pensamiento.
Con prudencia, James A Drane, advierte en su trabajo: "lo difícil que resulta
precisar con exactitud el comienzo de cualquier periodo histórico o desarrollo cultural y
aún el de una disciplina académica». En tal óptica, sentencia: "que hablar del
comienzo de la bioética conduce inevitablemente a especular" (1).
Coincido con su apreciación, aunque me permito agregar que la especulación no
necesariamente es negativa; su utilidad depende del punto de partida. Si se hace sobre la
base de observaciones válidas o de hechos iniciales concretos, se constituye en
instrumento útil para la generación de preguntas de investigación.
Sobre el origen de la bioética, Drane propone para el análisis tres acontecimientos. Se
pregunta primero si ésta comienza en los 60s, cuando en el Estado de Washington un
Comité de Etica trata de establecer criterios para distribuir con justicia la escasa
tecnología existente para pacientes moribundos en diálisis renal. En segundo término,
se interroga si por el contrario el comienzo debe ubicarse a finales de los 60s y
comienzos de los 70s, años en que se fundan el Centro Hastings y el Instituto
Kennedy; y finalmente, en tercer lugar, cuestiona si más bien el comienzo debiera
establecerse en 1971, cuando Van Rensselaer Potter publica su libro Bioética, Puente
hacia el futuro (1). A ello agregaré, lo señalado por Reich, quien, en un artículo
aparecido en 1994 afirma que, en 1971, André Hellegers también utiliza el término
Bioética, al parecer, sin tener conocimiento del uso que ya le había dado Potter (2).
Como en todo proyecto de investigación y el esfuerzo del Profesor Drane lo es en el
terreno histórico- resulta esencial el adecuado planteamiento del problema. Me explico;
aunque las tres situaciones por él propuestas se vinculan a problemas bioéticos,
conviene deslindar si en las tres el término bioética se aplica bajo el mismo concepto.
Como la experiencia científica enseña, muchas veces el término es el mismo pero el
concepto, diferente. Preciso por ello, antes de ingresar al punto central de mi
participación, que considero a la bioética como un concepto en evolución. En reciente
reunión en República Dominicana, el Director del Programa Regional de Bioética de la
OPS/OMS, Fernando Lolas, señaló al respecto que actualmente se entendía por Bioética
tres cosas diferentes: una disciplina, un movimiento social y un producto sobre el cual,
advirtió, ya se observa levantarse diversos apetitos *. Volvamos al tema.
Distinguimos en el origen del concepto dos claras vertientes:
1. La primera, de antigua data, ha venido desarrollándose, con altibajos y diferentes
ropajes, en la línea de la Ética Médica. Su vinculación al quehacer médico, deriva,
fundamentalmente, del campo clínico. En tal sentido y en opinión de Ortiz **, la
vertiente viene perfilándose, más bien, como una ética aplicada y, más precisamente,
como una tecnología aplicada a los problemas éticos de la medicina, al microcosmos del
paciente tanto en su situación de atención de salud cuanto como sujeto de investigación
científica para el avance del conocimiento.
2. La segunda vertiente, apoyándonos en Diego Gracia (3) deriva, a nuestro juicio, de una
óptica distinta y de ciencias diferentes, la Biología y la Sociobiología, naturalmente,
reforzadas por la Medicina.
Debemos recordar, al respecto, que en la historia de la humanidad ningún hombre ha
generado un concepto o conocimiento nuevo sin que la sociedad, en su totalidad, haya
propiciado los insumos necesarios para ello. La Bioética no es la excepción.
Queremos puntualizar con ello que, justamente en tales épocas, se asiste al proceso de
dos revoluciones del conocimiento: la biológica y la ecológica. La primera va poniendo
gradualmente al hombre en contacto con las variables esenciales de la vida y la segunda,
con los límites del desarrollo que, como varios científicos cuestionan, se va
convirtiendo en amenaza para la humanidad. Ambos tipos de conocimiento, conferirán un
poder de potencialidad impredecible al hombre, que manejado en forma ética aportarán
sustento vital para su bienestar; por el contrario, manejado inmoralmente, contribuirá a
su destrucción y eventual desaparición del planeta.
He allí el dilema que una persona de particular sensibilidad pudo advertir. Conviene en
este momento recordar las sabias palabras de Paracelso, aquel alquimista y discutido
científico suizo del siglo XV cuya visión de la medicina era tan holística que no
podía comprender al hombre separado de su ambiente. Sentenciaba Paracelso que: "Cada
ser humano es un representante de toda la humanidad. Cuando ocurre un cambio en la
conciencia de un hombre se produce un cambio en toda la humanidad". El ser humano
que frente al problema que discutimos experimenta un cambio en su conciencia, es decir,
"se da cuenta" del dilema, fue Van Rensselaer Potter, a quien,
aunque sólo fuera por tal aporte, la humanidad debiera estarle agradecida. El "darse
cuenta" es la base de la filosofía y de la política, así como de todo
avance del conocimiento y de la ética, de lo que hay, de lo que somos, de lo que tenemos
y de lo que debemos y podemos hacer ***. Esta nueva vertiente en el origen de la Bioética
constituye una senda distinta. Ya no se trata del individuo sino de toda la humanidad,
inseparable como señalaba Paracelso de su ambiente, no como elemento diferente que lo
circunda sino como sistema del cual es parte, conjuntamente con todo lo que en el mundo
existe. El gran mérito de Potter fue haber redondeado el concepto, primero en una sola
frase "Puente hacia el futuro" (1962) y luego en un término que resume el
concepto de la unión entre Bios y Ethos: "Bioética: Puente hacia el
futuro" (1971), añadiendo un mensaje claro que implica, además, la gran
responsabilidad de nuestra generación con el futuro de las nuevas generaciones (4).
En cuanto a lo que Reich (2) postula, que el término bioética tuvo un origen
bilocal, de un lado Potter y por otro, André Hellegers, quien utiliza el término en su
alocución en la fundación del Instituto Kennedy, en 1971, al parecer sin conocimiento
del aporte de Potter, los argumentos presentados no son convincentes; pero aún si lo
fueren, el concepto generado por Potter se ubica en las dos vertientes que hemos descrito,
mientras que el empleado por Hellegers sólo en la primera.
Volviendo a Potter, y para fundamentar que el concepto que encierra la segunda vertiente
se debe a él, debemos recordar que su proceso de "darse cuenta"
no se inicia en 1971, en la publicación de su libro. Tiene una gestación previa, nueve
años atrás, según propia descripción, es decir, en 1962 (5). La publicación de su
libro es producto de la maduración lenta de su percepción visionaria. Potter comprende
que el conocimiento humano puede convertirse en arma destructora y amenaza para la
humanidad. Este aspecto de responsabilidad futura no sólo con nuestros semejantes
actuales sino con las generaciones que vendrán a poblar la tierra es lo que da sentido
evolutivo al concepto "puente" entre Bios y Ética, que se extenderá
posteriormente a los de "Bioética Mundial y Global", conceptos que advierten al
hombre que no puede depredar el ambiente sin dañarse a si mismo.
Sería imposible comprender estos últimos e importantes macro desarrollos de la bioética
si ella se hubiera confinado, como parecía ser antes de Potter, al exclusivo campo
clínico de la medicina. El aporte de Potter debe considerarse como un verdadero salto
conceptual o "breakthrough" o, como el mismo prefiere denominar, un
puente hacia el futuro. Futuro que no existirá para el Hombre si insiste en un desarrollo
no sostenible.
Sobre la base de tal concepto apostemos por la vida esforzándonos por hacer entender a la
sociedad que el único puente posible hacia el futuro asienta en una unión solidaria y
constante en pro del bien, ya no del Hombre sino de todo el sistema vivo de nuestro
planeta, cimentada en valores y en una cultura de paz.
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