Anales de la Facultad de Medicina
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
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ISSN 1025 - 5583
Vol. 63, Nº1 - 2002


EDITORIAL

Uno de los problemas más serios que afronta nuestro país en el momento actual es la pérdida y distorsión de los valores cívicos esenciales, tales como la identidad, responsabilidad y respeto por las instituciones fundamentales. Cuando a propósito de la celebración de las Fiestas Patrias, nos congregamos docentes, alumnos y trabajadores administrativos, en el local central de la Facultad, en una ceremonia sobria y sencilla, pronunciamos unas palabras alusivas a la ocasión y tratamos este punto: la identidad institucional, actitud y fuerza sustancial que puede mover y desarrollar a la Facultad, pese a las limitaciones económicas existentes.

Que era necesario que todos los miembros del Claustro Sanfernandino debían estar conscientes del papel importante que desempeñaban en la delicada y muy valiosa función de formar a los profesionales de la salud que estarían el día de mañana en la responsabilidad de mantener la salud, prevenir las enfermedades y curar a los enfermos de nuestra comunidad.

Que además, por la tradición e historia de la Facultad de Medicina, que se remonta a la fundación del Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Fernando en 1808, por iniciativa de Hipólito Unanue y el apoyo del virrey don Fernando de Abascal y Souza, cuyo nombre fuera cambiado por Simón Bolívar a Colegio de la Independencia, en mérito a la decidida participación de profesores y alumnos en la gesta de la emancipación, y que posteriormente, por resolución de Ramón Castilla, el Colegio sería incorporado a la UNMSM como Facultad de Medicina el 09 de setiembre de 1856, los miembros del claustro no sólo se deben sentir contentos sino orgullosos de pertenecer a una institución de tan importantes antecedentes. Por ello, el estar identificados con nuestra institución universitaria es participar de la identidad nacional.

Es muy difícil conseguir que las instituciones progresen si sus integrantes no trabajan con la convicción que nace de su identificación con la nobleza de sus propósitos laborales. Es muy difícil que los programas y proyectos se realicen si no estamos convencidos de la importancia de la labor que desempeñamos en cada uno de ellos. Por eso mismo decíamos, como señala el aviso publicitario "No basta decir te amo Perú", sino que es fundamental ejercitar ese amor desde el sitio de nuestras responsabilidades.

Esto tiene una gran trascendencia en el momento actual en que luchamos por recuperar los espacios clínicos que hemos perdido en los hospitales. En este punto, consideramos que existen dos niveles de responsabilidad, la institucional y la personal. En relación a la primera, la gestión actual ha dado pasos importantes ante las autoridades gubernamentales para conseguir se reconozca que la Facultad de Medicina de San Fernando, como institución de carácter público, requiere que el Estado le otorgue las facilidades para cumplir con su importante ministerio. En el plano personal, los docentes de la Facultad, hoy más que antes, tienen que demostrar su identificación con nuestra institución y no comprometerse con otras facultades de medicina para la formación de profesionales de la salud.

Estas reflexiones tienen vigencia y trascendencia, al estar convencidos que debemos formar a profesionales de la más alta preparación, en una sociedad cada vez más competitiva. Por eso, el concurso de nuestros docentes y personal administrativo, sin ningún tipo de mediatización, es sustancial en la hora actual. Debemos reconocer que nuestra responsabilidad es muy delicada, en vista que de nosotros depende que la salud y vida de la comunidad, y dependerá de los conocimientos, habilidades y competencias de los profesionales que actualmente estamos formando.

En ese sentido, el proceso de reforma curricular que hemos iniciado está orientado a que dichos profesionales tengan una preparación integrada de las cinco escuelas académico profesionales, para que luego participen como equipos de salud, con una orientación que no sólo considere la curación y rehabilitación de la persona enferma, sino también el cuidado de la salud y la medicina preventiva; con una enseñanza realizada en la comunidad, que permita una formación no sólo técnica sino humanística; que les permita además la práctica del deporte y tengan opción a actividades recreativas, con actividades presenciales y no presenciales, con la tecnología educativa más moderna y con una especial formación ética en el desempeño de las labores.

Este compromiso, por lo tanto, debe constituir una forma clara y palpable de nuestra identidad institucional y nacional.