LA INTRODUCCIÓN DE LA TERAPÉUTICA QUÍMICA EN LA ESPAÑA MODERNA MARíA REY « Venios las artes y todas las cosas
enlazarse, Sócrates
La terapéutica empleada en España a lo largo de la historia sufre un punto de inflexión en el siglo XVII. Surge en este momento una polémica entre renovadores y tradicionalistas motivada por el atraso en que se encontraba la ciencia española durante este periodo. (2) Los tradicionalistas defendían la terapéutica clásica, basada en el empleo de remedios vegetales, en su gran mayoría, según los dictámenes de los maestros latinos y árabes. Por su parte, los renovadores propugnaban un cambio de rumbo, considerando las nuevas tendencias en materia médica que ya se imponían en el resto de Europa. Este cambio suponía dejar de lado las teorías galenistas para ceder paso a las iatroquímicas, que explicaban la enfermedad como un proceso químico y utilizaban los medicamentos químicos para corregir dicho proceso. Estos medicamentos químicos podían ser, o bien productos de origen mineral empleados como medicamentos, o bien productos obtenidos mediante procesos químicos. El empleo de medicamentos de origen mineral ya se realizaba desde la antigüedad, pero siempre por aplicación externa. La utilización de procesos químicos para la obtención de medicamentos se remonta a los médicos árabes, que destilaron plantas y obtuvieron aceites, aguas destiladas y esencias, empleadas para tratar enfermedades. La revolución en este aspecto vino con la figura de Paracelso, que elevó el empleo de estos medicamentos tradicionales. Sus teorías fueron motivo de controversia en la Europa del siglo XVI, si bien dieron origen a una nueva forma de entender la terapéutica, principalmente por la labor posterior de sus seguidores. La obra de Paracelso no tuvo repercusión inmediata en España y fueron muy pocos los autores españoles de los siglos XVI y XVII que le citaron en sus obras(3). La ciencia española sufre en este período de tiempo un retraso considerable respecto a la practicada en el resto de Europa. España queda fuera de la revolución Científica y la terapéutica empleada sigue siendo de tradición galénica. Sólo en la última década del siglo XVII se observa un intento de apertura a las novedades del extranjero, por parte de un reducido número de científicos, que fueron conocidos en su tiempo con el término despectivo de novatores.
En el último tercio del siglo XVII aparece un fenómeno histórico de indudable trascendencia para la evolución posterior de la ciencia española. Este movimiento aparece como consecuencia de la denuncia que algunos científicos del momento hacen de la situación marginal en que se encuentra la ciencia española. Este grupo de científicos rompieron abiertamente, en los últimos años del siglo XVII, con los principios tradicionales, denunciaron el atraso científico español y proclamaron la necesidad de introducir en España de forma integra las nuevas corrientes. La principal figura del movimiento novator fue el médico valenciano Juan de Cabriada. Publicó en Madrid, en el año 1867, su obra Carta Filosófica, médico -chymica. En que se demuestra que de los tiempos y experiencias se han aprendido los mejores remedios contra las enfermedades. Por la nova-antigua Medicina. La trayectoria de este médico, así como su obra, han sido profusamente estudiados por José María López Piñero (4), quien considera la Carta como "el auténtico manifiesto de la renovación en nuestro país de la medicina y los saberes químicos y biológicos con ella relacionados". Cabriada defiende a lo largo de su obra las nuevas tendencias científicas, criticando en numerosas ocasiones las teorías equivocadas de Galeno y los autores clásicos. Cabriada se muestra como un seguidor convencido de la teoría iatroquímica. Dentro de esta línea, manifiesta la necesidad de que halla en España enseñanzas de la nueva doctrina quimiátrica y propone la creación de academias y laboratorios, donde colaborasen destacados científicos extranjeros: ¿Por qué, pues, no se adelantará y se promueverá este género de estudio? ¿Por qué, para poderlo conseguir, no se fundará en la corte del Rey de España una Academia Real, como la hay en la del Rey de Francia, en la del Inglaterra y en la del señor Emperador?¿Por qué para un fin tan santo, útil y provecho, como adelantar en el conocimiento de las cosas naturales (sólo se adelanta con los experimentos físico-químicos) no habían de hincar el hombro los señores y nobleza, pues esto no les importa a todos menos que las vidas?¿Y porqué en una corte como ésta, no había de haber ya una oficina química, con los más peritos artífices de Europa? Pues la majestad Católica del rey nuestro señor que Dios guarde, los tiene en sus dilatados reinos, donde se podrían traer los mejores. ¡Oh inadvertida noticia! Y si advertida ¡Oh inútil flojedad! La propuesta de Cabriada es tenida en cuenta por los máximos dignatarios de la Corte madrileña. Seis años después de la publicación de la obra de Cabriada, se inician las gestiones para crear un Real Laboratorio Químico, donde se elaborasen los nuevos medicamentos químicos, siguiendo las directrices de las nuevas teorías iatroquímicas. Pero la razón de su fundación no corresponde a la propuesta del novator, si no a otras muy distintas. La mala salud del monarca y la falta de sucesión al trono español motivan que desde las más altas cúpulas del poder palaciego se tomen decisiones desesperadas, todas ellas encaminadas a mantener con vida al monarca. Entre estas decisiones, vamos a estudiar dos de ellas, consecutivas en el tiempo, y que refieren la introducción en España de la terapéutica química y el uso de prácticas alquímicas en el entorno real.
El año 1694 marca un antes y un después de la medicina y la farmacia de cámara practicada en la corte madrileña. En esta fecha se funda el Real Laboratorio químico, institución de marcado corte renovador que no concuerda con las tradicionales practicas medicas ejercida en torno a Carlos II. Carlos II ha pasado a la Historia de España, más que por su actividad política, por los numerosos problemas de salud que le acosaron toda su vida. La personalidad débil enfermiza de este monarca, condenado a multitud de taras genéticas desde su nacimiento, provocadas por los numeroso matrimonios consanguíneos de sus más directos antepasados, marcó el desarrollo de su reinado(6). En el verano de 1693, tras atravesar una
crisis febril aguda que pone en grave peligro su vida, Carlos II manifiesta su deseo de
recibir tratamiento químico. En esta decisión influyó, con toda probabilidad, un sector
de la aristocracia que rodeaba y que eran abiertos partidarios y defensores de las nuevas
teorías científicas que circulaban por toda Europa. Entre estos aristócratas se
encontraba el sumiller de corp,(7) Duque de Benavente, quien inicia rápidamente las
gestiones necesarias para introducir en la Real Botica(8). - Lección semanal a los boticarios
reales sobre los nombres, definiciones y división de la química, así como las voces,
operaciones e instrumentos empleados en la elaboración de los remedios químicos. A pesar de que se dio independencia
económica a esta nueva dependencia, el dinero nunca llegaba a tiempo. Los médicos y
boticarios reales hicieron de lado a Vito Cataldo que, desesperado, decidio regresar a su
patria en 1697, tras tres años de total inactividad.
A pesar de los esfuerzos realizados por el sumiller de corps para abastecer de medicamentos químicos al rey, los impedimentos económicos y sanitarios hacían fracasar la trayectoria del Real Laboratorio Químico. Tras la partida de Vito Cataldo y sus ayudas, sólo trabajaba en esta dependencia Juan Bayle, quien no parecía demostrar una especial habilidad para llevar a cabo las tareas encomendadas. Es en este momento, verano de 1698, cuando llega a la corte madrileña, procedente una vez más del vecino reino napolitano, Roque García de la Torre, oficial de la escribanía de Nápoles. Roque envía al sumiller de corps un memorial donde manifiesta poseer los conocimientos necesarios para elaborar una medicina capaz de sanar al rey y procurarle la descendencia necesaria para asegurar el trono español. El sumiller de corps informa de este hecho al protomedicato, máxima autoridad sanitaria de la Corona, que no quiere verse involucrado en prácticas alquímicas y deja la decisión final en manos del sumiller. Éste se pone en contacto con Juan de Bayle, quién decide aceptar a Roque bajo su tutela para que elabore el remedio secreto, nombre con el que, a partir de ese momento, será conocido el supuesto medicamento. Una vez que se acepta la propuesta de Roque García de la Torre, se le instala en unas dependencias ajenas al Palacio Real de Madrid y se comienzan a realizar todos los preparativos necesarios para que realice sus actividades alquímicas: se hace un horno filosófico, se compran útiles de laboratorios necesarios y se libera una importante cantidad de dinero para cubrir los posibles gastos que su actividad pudiera originar. En otoño de 1698 incia su actividad, supervisada en todo momento por Juan Bayle Roque, como el impostor que era, da muestras de cierta negligencia que no pasan inadvertidas para su supervisor, quien lo pone en conocimiento de las autoridades palaciegas. Informados éstos, deciden amonestar a Roque , quién promete terminar su trabajo para el mes de abril. Pero llega el mes de abril y el encargado no está realizado. Vuelven a producirse las amonestaciones del sumiller y contralor ante lo cual Roque promete finalizar sus trabajos en junio. Bayle con autorización real, abandona sus obligaciones de supervisor de Roque. Éste, al quedarse solo y conocedor de su incapacidad para elaborar el remedio secreto, recurre a las autoridades palaciegas y renuncia a su cometido, aludiendo razones de salud. En el verano de 1699 abandona la corte Española. La verdaera ambición de Roque era conseguir lucrarse al máximo de la Hacienda Real, aprovechando la situación en que se encontraba la monarquía. La situación de Carlos II era delicada, no tenia heredero directo al trono y los dos principales pretendientes a la corona española (Luis XIV de Francia y Leopoldo I de Alemania) pactan en tierras holandesas el reparto del imperio español europeo y ultramarino. Por ello, cualquier propuesta que se le hiciere insinuando la posibilidad de un heredero directo, era bien aceptada en el entorno real. Tras la partida de Roque García de la Torre, es Juan del Bayle quien queda a cargo del experimento alquímico, abandonado su actividad como introductor de las nuevas teorías químicas y retrocediendo a las prácticas alquímicas, impropias del tiempo y el lugar estudiados. Desconocemos quién envió a Roque
García de la Torre, o si éste vino por iniciativa propia. Tampoco tenemos ningún
documento que nos demuestre si Carlos estuvo al corriente de la actividad que se estaba
desarrollando a expensas de su hacienda, para intentar devolverle la salud. Si este
remedio secreto se llegó a elaborar en algún momento, no surtió el efecto deseado,
puesto que Carlos II fallecía en Madrid el 1 de Noviembre de 1700. |