CAPÍTULO I SESION INAUGURAL DISCURSO PRONUNCIADO POR EL DR. JORGE CAMPOS REY DE CASTRO, DECANO DE LA FACULTAD DE MEDICINA, EN LA INAUGURACIÓN DEL II SEMINARIO DE EDUCACIÓN MÉDICA Señores Profesores El Perú vive actualmente, una época de transformación en la que las fuerzas progresistas que lo impulsan buscan afanosamente romper las ligaduras que aún nos mantienen atados a fórmulas y estructuras que han devenido obsoletas frente al progreso técnico y social que otros países han logrado alcanzar. La Universidad Peruana, me refiero a la genuina Universidad progresista y no a los llamados centros de educación superior que se han formado recientemente con fines mercantilistas o de proselitismo no sólo no ha permanecido al margen de este movimiento sino que es el vivero en donde ayer se formaron los principales dirigentes de hoy y en donde se debaten, muchas veces en forma apasionada, las posibles soluciones a los problemas que el país enfrenta. Esta vieja Facultad de Medicina, que tuvo su origen a comienzos del siglo pasado por la concepción visionaria de Hipólito Unánue y que encontró su verdadero cauce al entroncarse, hace más de un siglo, con la Universidad de San Marcos, gracias a la gestión de Cayetano Heredia, ese sanfernandino ilustre que pertenece a nuestro más caro patrimonio intelectual, que la contrarreforma universitaria nos quiso sustraer, al igual que algunos bienes materiales, la Facultad de Medicina, digo, no puede permanecer al margen de la época convulsionada que nos ha tocado vivir. Los maestros y los alumnos de este viejo claustro, una vez que pusimos la casa en orden, después de la desorganización provocada por los contrarreformistas que tuvieron que salir de ella en 1961, nos hemos impuesto la tarea de darle a San Fernando una orientación concordante no sólo con las nuevas ideas que en materia de Educación Médica han surgido en el mundo, sino concordante también con la problemática nacional y con un nuevo sentido de la ética médica que le impone al médico la obligación de servir y de guiar, no sólo al individuo enfermo sino a todo el núcleo humano al que éste pertenece, conduciéndolo por el camino difícil que lleva al desarrollo. Como sucede generalmente en el campo de la tecnología y de la educación en los países no desarrollados, entre nosotros la educación médica y, por lo tanto, la práctica médica, ha seguido en el pasado diferentes modelos foráneos que fueron trasplantados primero de España, ayer de Francia y hoy de NorteAmérica, sin analizar previamente si lo que es bueno y conveniente para esos países tiene que serlo necesariamente para el nuestro. Esta actitud mental de copiar al pie de la letra la organización y dispositivos de los países que han alcanzado gran desarrollo y cuya realidad social y económica son distintas a la nuestra, con frecuencia induce a cometer errores que son costosos y que un país tan necesitado de recursos no puede permitirse. Hace pocos días, un senador me contaba lleno de orgullo, que gracias a su gestión se había consignado en el presupuesto de la República, de 1987, una partida de varios millones de soles para comprar un acelerador linear para el tratamiento del cáncer, el cual será instalado en la capital. Este es un ejemplo típico. El problema del tratamiento del cáncer entre nosotros es fundamentalmente un problema social derivado de la centralización inconveniente en un solo hospital, de todas las facilidades terapéuticas que en materia de radiaciones existen en el país; de donde se desprende que, mejor habría sido comprar con ese dinero tres o cuatro unidades convencionales que son tan eficaces como el acelerador linear, y distribuirlas en el interior del país para que sirvan a núcleos humanos ahora desprovistos de esas facilidades. En la educación médica hemos cometido errores semejantes; hemos estado formando médicos con un sentido individualista, interesados sólo en los aspectos curativos del individuo enfermo; desinteresados de los problemas sociales y económicos que engendran las enfermedades; afanosos por reproducir en nuestro medio los mismos esquemas que pueden ser válidos en países que han logrado derrotar el analfabetismo, las enfermedades infecciosas, las enfermedades de la primera infancia y, a veces, también, a la miseria y a la desnutrición, pero que, en cambio, sufren las consecuencias del gran desarrollo industrial y urbano, con todas las tensiones y problemas psicológicos y sociales; países en los que la medicina funciona sobre bases de un utilitarismo económico que hace que se oponga a los sistemas de seguridad social que son, por el contrario, indispensables en un medio como el nuestro, no sólo por la pobreza de las grandes masas obreras y campesinas, sino también por nuestra tradición milenaria de organización social comunitaria, de la que estamos orgullosos. Los países no desarrollados tenemos que buscar nuestras propias fórmulas y adaptar los progresos tecnológicos a nuestra realidad social, cultural y política. En los países coloniales el papel de la ciencia y de la tecnología está subordinado a los intereses políticos y económicos de la metrópoli. En la India, cuando fue colonia inglesa, la medicina era enseñada, en forma muy limitada, por profesores ingleses y de acuerdo al curriculum de las universidades europeas. La consecuencia fue que los médicos de la India estaban más capacitados para trabajar en Inglaterra que en su propio país. En el Congo, y en muchas otras colonias africanas, la situación fue peor; simplemente no se formaban médicos y los pocos que había eran europeos que actuaban sólo en el círculo de los colonos blancos. Si los países no desarrollados queremos desenvolvernos no como colonias sino como países libres y soberanos tenemos que buscar y desarrollar nuestras propias fórmulas, para que la tecnología moderna nos sirva y resuelva los problemas que nos son propios y que nosotros tenemos que estudiar y hallarles solución. Dentro de este esquema, la educación médica no es una excepción. La tecnología médica es un instrumento importante para lograr el cambio social pero siempre que llene los siguientes requisitos: 1) El curriculum de estudios debe estructurarse de tal manera que ponga énfasis en los problemas de salud que tienen significado en los cambios sociales, tales como son las enfermedades transmisibles, la desnutrición, las enfermedades de la infancia, las parasitosis, la superstición y la ignorancia. En cambio, menor prioridad tendrán problemas tales como, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, los accidentes de tránsito, etc.; 2) Establecidas las prioridades sociales, deben estudiarse las características económicas y políticas que determinan la prevalencia de esas enfermedades y correlacionarlas con el contexto cultural de la sociedad que las sufre; 3) Los departamentos de medicina social, actuando en forma coordinada con los departamentos clínicos, son no solo los llamados a introducir esta nueva filosofía sino a ser los instrumentos mediante los cuales se cambie el sentido de la enseñanza, iniciando a los estudiantes en los conceptos de medicina integral, de modo que el médico de mañana tenga una formación científica con sentido social y un conocimiento cabal del medio en el que va a actuar; que encare el problema enfermedad no como un fenómeno que sucede en un individuo aislado, sino que lo afronte en función del medio en que vive ese paciente y del conjunto de elementos políticos, sociales y económicos que lo rodean. Debe también enseñar al médico a trabajar con otros profesionales del campo médico y del campo social cuya función confluye y complementa la labor del médico. El objeto de este Seminario es que, profesores y alumnos tengamos una visión clara de cómo la educación médica puede contribuir eficazmente a impulsar al país hacia el desarrollo, no porque creamos que sólo por acción de sus médicos un país puede salir del subdesarrollo sino porque la salud, es decir, el bienestar físico y espiritual de un pueblo es no sólo la meta del desarrollo sino también es un medio indispensable para llegar a él. En San Fernando estamos haciendo un esfuerzo sincero de cambiar nuestros procedimientos de enseñanza con el nuevo sentido de la medicina social. Este seminario nos reafirmará en este camino y nos dará nuevas luces de como recorrerlo con paso seguro.
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