CAPÍTULO II CICLO DE CONFERENCIAS REALIZADAS EN LA PRIMERA ETAPA DEL SEMINARIO DIAGNOSTICO DEL PERU LA PLURALIDAD DE SITUACIONES SOCIALES Y CULTURALES JOSÉ MATOS MAR 1. La sociedad peruana forma parte de un conjunto mayor de cerca de 90 naciones consideradas como miembros de un tercer mundo que gravitan dentro de las esferas de influencia, dominio y dependencia de dos grandes sociedades mundiales que se disputan la hegemonía universal: Rusia y Estados Unidos de Norte América. Las sociedades del tercer mundo están comprometidas en diversas formas e intensidad y en variados grados de dependencia y dominación con el juego mundial de lucha por la hegemonía ecuménica y, a su vez, están frente a un reto de creación propia que, aislada colectivamente, les permita participar en el juego de decisiones universales. Los cambios, las decisiones y las estrategias para el desarrollo futuro de la sociedad peruana están, en consecuencia, comprometidos ante tal situación. 2. El Perú, como país sub-desarrollado, tiene su propia especificidad, su personalidad. Una característica básica es que el espacio físico donde se desenvuelve tiene una larga ocupación: 10,000 años antes de Cristo, según los recientes descubrimientos de la arqueología (Chivateros, valle de Chillón (costa) 13,500 años, Lauricocha, Huánuco (sierra) 10,000 años). En este largo discurrir los variados y múltiples procesos de cambio han ido conformando su peculiaridad. Procesos que han ocurrido dentro de un continuo devenir en el que cada etapa ha tenido su significación e importancia. La domesticación de las plantas alimenticias y el desarrollo agrícola, permitieron la conformación de la etapa formativa y ella, desplegada desenvueltamente por el espacio a su ritmo y manera, y sujeta a complejas influencias, posibilitó los desarrollos regionales y éstos, por variados mecanismos derivaron en un Imperio o Estado panandino. Los españoles, inserción de la cultura occidental, utilizaron a su manera y necesidades la suma de ese largo proceso concentrado en el llamado Estado Inca. No destruyeron el pasado, pero sí lo reinterpretaron y usaron de acuerdo a sus fines de conquista. Esa reinterpretación y tratamiento subsiste, como parte de un fuerte conjunto que representaría las formas tradicionales contemporáneas dentro de la sociedad moderna peruana de 1966. Es decir, la forma de desarrollo autónomo, la forma de desarrollo colonial y la forma de inserción a la calidad del país independiente, determina la especificidad de la sociedad peruana subdesarrollada. Cabe distinguir, generalizando, desde 10,000 años antes de Cristo hasta 1966, dos etapas netamente definidas y contrastadas. La primera es la etapa de desarrollo autónomo, desde la primera ocupación del espacio por grupos primigenios, hace 100 o 150 siglos, hasta la conquista, 16 de noviembre de 1532. En este lapso la sociedad denominada andina hizo una evolución social y cultural propia, conquistó y cultivó su propio territorio, estructuró un tipo de sociedad singular y creó su propia cultura en forma original y autónoma. Se propagó y diversificó en un área muy extensa desarrollando núcleos de variada conformación y cohesión; abrió multitud de posibilidades y perspectivas y, en muchas formas y tiempo, despertó sentimientos de legitimidad hacia la pequeña o grande región y, en los últimos momentos, hacia el Estado Imperial. La creación fue permanente, y si existían y se generaban injusticias y desigualdades, la solidaridad y las garantías eran comprensibles para todos sus componentes. Dos hechos deben destacarse de este desarrollo autónomo, el primero, su larga evolución, más de 100 siglos de desarrollo, domesticación y creación; y segundo, la lograda configuración de sólidos patrones culturales de comportamiento, de valores, de solidaridad, de legitimidad y de trabajo. La segunda etapa, de dependencia y dominación, comienza en noviembre de 1532 y continúa hasta hoy. Más de cuatro siglos, en los cuales cambió el proceso de creación independiente y se reorientó bajo la égida de la cultura occidental, como una de sus fases y modalidades de inserción y dominio, desarrollándose dentro de una nueva y sola perspectiva mundial impuesta por las sociedades occidentales dominantes. En esta etapa hay varias fases a distinguir; la primera es la colonial o fase de dependencia política y económica, desde 1532, hasta 1821, período en el cual la sociedad evoluciona bajo la dominación española que le impone su cultura en forma profunda y global, desarrolla la costa en oposición al desarrollo de la sierra, que fue el eje de organización de la sociedad andina, reestructura los patrones de establecimiento humano e introduce el mundo capitalista a su manera y fines. La penetración e impacto colonial de casi tres siglos condicionó el primer proceso de desarticulación de la sociedad actual en forma más profunda y compleja de lo que hasta ahora se ha pensado. La segunda fase es la situación de dependencia económica y política semicolonial, en la que se encuentra la sociedad peruana desde 1821. Fecha de la independencia que marca el segundo proceso de desarticulación de la sociedad nacional. En esta fase hay dos etapas, la primera corresponde a la evolución bajo la influencia inglesa que dura hasta 1930 y en la que pueden señalarse momentos de mayor o menor intensidad, como los ocurridos en las primeras décadas de la independencia, durante el período militarista, luego en 1860 y, el más importante, a partir de 1890. Esta influencia inglesa se caracteriza porque ella ofreció por vez primera la posibilidad de formación de capitales y dio al Estado la oportunidad de recibir préstamos, dándole fuerza, lo que permitió robustecer el poder central. La segunda etapa, de 1930 al presente, la influencia pasa a los Estados Unidos de Norte América, lo que ubica al Perú dentro de la esfera directa de uno de los países que luchan por la hegemonía universal. La ¡nfluencia norteamericana es fundamentalmente de carácter económico, pues, significamos un mercado de inversiones y un espacio potencial de recursos y de seguridad dentro de su juego mundial. Lo económico exige lealtades, caminos fáciles y seguridad, de allí su relación con la política que aparece como su consecuencia. 3. Para una cabal interpretación de la sociedad peruana actual es necesario comprender claramente este proceso así enunciado en sus rasgos sustantivos. En cada momento ha habido reestructuraciones, reinterpretaciones, conformaciones, pérdidas, variados y complejos mecanismos de cambio, aculturación, asimilación y revaloraciones. Actitudes, comportamientos, creencias, cohesiones e integraciones, se han desarrollado en variadas intensidades y grados en los diferentes espacios humanos y han dado paso a tipos y estereotipos sociales, a sistemas de estratificación social y cultural, a múltiples formas de emergencia o movilidad, al robustecimiento de estructuras económicas de poder, al sistema político, a la reinterpretación religiosa, a la conformación de una red compleja de relaciones, de prejuicios, de fórmulas de comportamiento y de acción y de tejidos sutiles y diáfanos de dominación, de fuerza, de imposición, etc. Hechos que requieren estudios científicos especiales para dilucidarlos y ubicarlos con nitidez y en su verdadero contexto, a fin de acabar con mitos, dogmas y prejuicios vigentes necesarios de desterrar. Lo importante de destacar, para los fines de este análisis, es que los grupos humanos que han actuado en este escenario han vivido y actuado dentro de un solo espacio humano interrelacionado, interculturalmente matizado por estructuras, sistemas, organizaciones, por diálogos de creación, por improntas, por tremendas frustraciones, por pobreza, por miseria y por imposición. Un solo escenario, una sola sociedad, varios dramas y cuadros, es decir, la diversidad, la heterogeneidad, los desarrollos desiguales, las variadas calidades y, en el fondo, aunque reducido a pequeños sectores o expresado diluidamente, la lucha perenne por la libertad, por la organización, por la planificación de una sociedad eficaz. 4. Estas ideas nos llevan a la primera tesis que planteamos. La sociedad peruana es una sola desde hace más de 10,000 años y, en su largo y variado discurrir ha sufrido influencias sociales y culturales heterogéneas y complejas, lo que ha conformado un tipo de sociedad, la sociedad actual, en cuyo seno, como resultado de su proceso histórico, existe una pluralidad de situaciones sociales y culturales. 5. Antes de continuar con el desarrollo de esta hipótesis es conveniente aclarar, con todo énfasis, que las etapas ocurridas en el largo proceso son irreversibles y sólo tienen significación en cuanto a elementos, rasgos, comportamientos psicosociales o variadas influencias que actúan con significación en la pluralidad de situaciones sociales y culturales actualmente existentes. Toda sobre revaloración o reconstrucción es anticientífica. Una tesis nacionalista, que debe buscar la sociedad peruana de hoy, estará frustrada si pretende apoyarse en una etapa o momento histórico determinado, no así si busca una creación colectiva audaz que rescate lo valioso, lo logrado, los valores tradicionales, la peculiaridad o singularidad, y que a la vez sea universal al utilizar los conocimientos y desarrollos de la ciencia y técnicas modernas en función de las calidades y capacidades de los componentes actuales del Perú. Robustecimiento de la singularidad en lo valioso y rescatable, universalización, es decir, utilización y alcance de la ciencia, técnica e ideas modernas; y creación, he ahí la parte básica de la tarea del Perú. 6. El pluralismo de situaciones sociales y culturales de la sociedad actual está basado en una serie de hechos y notas La primera característica general es la desarticulación, es decir, la existencia de una serie de contrastes y de desarrollos desiguales. La sociedad aparece repartida en islotes geográficos, económicos, sociales y culturales, dando la impresión de un archipiélago débilmente comunicado; un sector no produce efectos sobre los otros, en estas condiciones hay limitación en la difusión del programa técnico y científico. Esta situación plantea la idea de los dualismos; el sector moderno es el industrial y el sector tradicional el agrícola, es decir, se piensa en una economía dualista en la que Lima representa el sector moderno y la provincia el tradicional; la costa, la agricultura moderna y la sierra la agricultura tradicional; en otros aspectos se contraponen el gobierno local tradicional con el gobierno local nacional, la religión y magia tradicionales con la religión católica, etc. Es decir, que hay desarticulación o inarticulación por la yuxtaposición de estructuras sociales, económicas, políticas y mentales que actúan con diversas intensidades y modalidades en el seno de la sociedad nacional, muchas veces sin relación, sin conexión, sin unión, sin propagación, ni causación, y, si existe, es tan débil que casi no tiene importancia. El conjunto urbano varía del conjunto rural en forma más contrastada que en las sociedades desarrolladas. Un grupo reducido tiene el control económico y político con todas sus consecuencias de desigualdad e injusticia social. El resto, o sea, la casi totalidad de la sociedad, depende de sus decisiones y de las posibilidades que se le ofrezcan de acuerdo a sus conveniencias. Una gran ciudad se ha desarrollado en gran escala constituyendo un eje o centro que hace pensar en la existencia de una sola región nacional dominada por ella. El fenómeno urbano es muy contrastado y llega al extremo que la segunda ciudad del país no alcanza el 10% de la población de la ciudad capital que es Lima. Existen, por ejemplo, cerca de 80 grupos selváticos que, aunque sin significación demótica, pues se les estima en 80,000 habitantes, no participan en la vida nacional. Unas áreas culturales presentan modalidades de desarrollo diferenciadas por procesos locales de largo tiempo, así el valle del Mantaro aparece como una de las de mayor evolución rural serrana y la costa norte, como totalidad, es una de las más dinámicas del país. Al lado de haciendas tradicionales, donde la servidumbre y las relaciones de dependencia revisten formas muy lejanas, existen haciendas modernas industrializadas, al nivel de las plantaciones centroamericanas. De doce millones de habitantes que tiene el Perú hay por lo menos unos cuatro millones que no tiene participación política alguna por no votar. Esto significa que, además de su ausencia en las decisiones y participación en el juego nacional, están ausentes, en su plena fuerza, del mercado nacional. Hay desarrollos desiguales en todo el ámbito nacional, en algunas zonas el analfabetismo, la mortalidad y la desnutrición tienen cifras muy altas mientras que en otras los índices no son tan desoladores. Los recursos nacionales se concentran en determinados polos motores, para el resto no alcanzan las disponibilidades del gobierno nacional. Sin un ordenamiento, sin ningún plan ni esbozo la sociedad crece así, al azar. La desarticulación recuerda mucho a las factorías coloniales. El sistema colonial español, por ejemplo, utilizó determinadas ciudades que desarrolló como puntos de apoyo para su política de conquista y dominación. Lima estaba relacionada directamente con España, al igual que Buenos Aires, México, Santiago y Bogotá. Todo el sistema de relaciones funcionaba siguiendo estos ejes directos, un punto de apoyo y la metrópoli, sin que existiese casi ninguna relación entre esos puntos de apoyo en Latinoamérica. Este sistema favorecía la política colonial y la desconexión ha quedado como rezago, agravada por el hecho ecológico, en las relaciones actuales entre los países latinoamericanos. En el Perú, la desconexión internamente determina que las regiones no se interrelacionen, que no se complementen, ni coordinen sus mercados y desarrollo. Es decir, que los diversos sectores de la producción están desarticulados, pues, cada actividad económica tiene su ritmo propio y sentido, casi sin enlace con las otras. La agricultura sigue así su propio cauce, la pesquería el suyo, la industria aparece aislada. Si se generan relaciones, éstas solamente se dan en el grupo pequeño de poder. Por otra parte, hay una gran mezcla de tipos de economía que aparecen en distintas proporciones y, además, con dominio de hábitos regionales ocasionados por heterogeneidad cultural. En muchos casos esta mezcla tiene tonos contrapuestos, así, el sector moderno capitalista empresarial utiliza formas coloniales capitalistas, feudales al lado de la cooperación tradicional indígena. Podríamos enumerar largamente los contrastes y los desarrollos desiguales que caracterizan esta primera nota general que denominamos desarticulación. Esta caracterización podría dar pie para afirmar la coexistencia de dos sociedades o culturas en el seno de la sociedad actual. Se ha planteado así la tesis del dualismo de la cultura y sociedad peruana, tesis que en parte sustentamos en 1948 y que hoy hemos superado. Hemos dicho que las formas lejanas corresponden a la sociedad tradicional y las formas próximas a 171 sociedad moderna y que el drama del Perú está en el enfrentamiento de estas dos sociedades. Esta tesis, que podría explicar la desarticulación, los contrastes y los desarrollos desiguales como resultado del proceso histórico, es peligrosa y limitante. Por los contactos, la difusión y los procesos que hemos señalado, tanto las formas lejanas como las próximas son heterogéneas, lo que hace difícil distinguirlas con precisión. Por otro lado, ninguna de ellas conforma estructuras ni sistemas sociales propios y opuestos, sino que están relacionadas y se usan y apoyan mutuamente dentro de una red de relaciones múltiples. Es decir, que no dan paso a dos sociedades con formas netas. Lo que ha ocurrido es que, desde 1532 a la fecha, unos sectores, o regiones o áreas han evolucionado en forma diferente, debido a complejos factores sociales motivados por su importancia, ubicación, riqueza e interés. Esto podría llevar a considerar la tesis de dualismo social y cultural de situaciones, que también hemos sostenido, pero que ahora revisamos gracias a recientes investigaciones y estudios. Las formas lejanas, que corresponderían a la sociedad tradicional, no son homogéneas, se hace difícil distinguir en ellas lo correspondiente al aporte indígena y lo correspondiente al aporte español. Ambas influencias están tan mezcladas que es tarea ímproba discernirlas. Lo tradicional da paso a formas complejas y no a una totalidad y, a su vez, las formas próximas, so-ciedad moderna, son también complejas por sus variadas influencias e interrelaciones. En ambos casos hay heterogeneidad y, por consiguiente, pluralidad de situaciones. La desarticulación ha dado como resultado la organización de una sociedad ineficaz e injusta para su mayorías, con situaciones de privilegio para la minoría dominante. Esta organización, que no responde a un plan, se caracteriza fundamentalmente por estar sustentada en estructuras rígidas. La estructura económica, política y social del país responde a una forma centralizada y a motivaciones sin un equilibrio de valores correspondientes. A lo cual se agrega la dominación y dependencia extranjera e, internamente, la situación de privilegio de una minoría. Para mantener y reforzar este sistema la sociedad se desenvuelve y desarrolla dentro de estructuras muy rígidas, y de las conveniencias de una élite de poder. Una segunda característica del pluralismo de situaciones sociales y culturales actuales es la dependencia. Dependencia que en un momento fue dominación directa y ahora de dominación indirecta o, semi colonial. La sociedad actual ha perdido, además de su poder de creación, lo que la convierte en sociedad ahistórica, su indepedencia y autonomía, hecho que afecta íntegramente todo su proceso. Esta dependencia ha promovido el desarrollo de un grupo de poder nacional que es totalmente dependiente del extranjero. Ha enrumbado la sociedad dentro de un tipo de acción política y social comprometida. La hace desarrollar dentro de una sola línea capitalista de corte occidental. Le impone obstáculos a su desarrollo, la hace dependiente y dificulta la posibilidad de estructurar nacionalismos y obtener sentimientos de legitimidad. Este fenómeno afecta a toda la sociedad nacional en sus diversos estratos sociales, en sus diversas actividades económicas y políticas y en su sistema de relaciones políticas con los pequeños y grandes grupos. Ni la comunidad de indígenas, ni la hacienda, ni el pueblo o caserío escapan de este juego, todos están comprometidos en diverso grado, variada intensidad y por complejos mecanismos. La tercera y última característica de este pluralismo social y cultural es la incapacidad que tiene la actual sociedad para solventar los costos de un estatuto humano para todos sus componentes. No hay distribución de recursos sociales. Es decir, no puede ofrecer a todos sus habitantes las bases y condiciones necesarias para la constitución de su personalidad tanto física como moral, lo que significa: a) poder satisfacer las necesidades básicas como: salud, alimentación, vivienda, etc., a fin de lograr hombres sanos; b) ofrecer el ambiente psicológico y político adecuado para lograr hombres libres dentro de una comunidad solidaria; y e) darles la educación necesaria para lograr hombres eficaces y creadores.
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