INCORPORACIÓN DEL CONCEPTO DE ÉTICA SOCIAL DENTRO DEL CONCEPTO DE ÉTICA MEDICA HÉCTOR ABAD GÓMEZ ¿Qué es la Ética Médica? ¿En qué estado se encuentra hoy este alto ideal, desarrollado por el medico de todas las épocas, de servir mejor a su paciente? ¿Es éste un concepto estático o cambiante? Desde que la Medicina, con Hipócrates, alcanzó el grado de una profesión, ésta se atuvo a un ideal ético que hasta ahora ha perdurado. Pero, está cambiando este ideal, o más bien, ha avanzado este ideal para ponerse más de acuerdo con los tiempos modernos? Este podría ser el tema de esta corta conferencia, o, mejor dicho, de estas palabras de introducción a una discusión que espero será muy fructífera por la calidad de los participantes en ella, todos educadores médicos universitarios. Por esta oportunidad de dirigirme a ustedes, quiero agradecer muy sinceramente al Dr. Jorge Campos Rey de Castro, Decano de la Facultad de Medicina de San Fernando, de esta centenaria y venerada Universidad de San Marcos de Lima, de la que tantas enseñanzas han salido para la formación de la subcultura médica latinoamericana. Hasta ahora, los grandes maestros de la medicina habían establecido sólo una ética individual, es decir, los deberes del médico para su paciente. Esta ética sigue siendo primordial en el ejercicio médico. Pero, ¿debe ser esta la única ética del médico contemporáneo? ¿Debe ser ésta la única ética del médico que vive en nuestros países sub-desarrollados, por ejemplo? ¿Hay alguna nueva responsabilidad del médico, fuera de la de su paciente individual? Entre los grandes valores que ha creado el hombre, el científico es uno de los más altos. Pero existen también otros grandes valores espirituales, como el religioso, el social, el político, el ético, siendo este último, a mi parecer, el más alto de todos. Por eso voy a referirme a él, primordialmente, en esta introducción a nuestras discusiones de los próximos días. Aceptando el inmenso valor que tiene lo científico y lo técnico en la educación universitaria y muy especialmente en la educación médica, no creo que debamos rendirle tan excesivo culto y tributo como para que olvidemos los otros valores. La ciencia es un gran valor humano. Pero no es el único valor humano. La filosofía, el arte, la religión, la misma política, tan calumniada y tan mal entendida, son también altos valores. Los educadores médicos no deben tenerles temor a las palabras ni a los conceptos que ellas expresan, si logramos explicarlos suficientemente bien para que se nos entienda. El concepto de ética social que es el que quiero exponer aquí, se refiere al alto ideal de servicio social que ha sido tradicional en los grandes maestros de la medicina, testigo el Dr. Carlos E. Paz Soldán, de esta benemérita Institución. Quisiera discutir con ustedes, de la manera más informal posible, el tema de si se está efectuando o no un cambio fundamental en la ética médica contemporánea, al agregársele el concepto de la ética social. La ética -como ideal de la vida y de la acción de una actividad que siempre antes y después de Hipócrates se ha distinguido por mantener altas normas de conducta- está sujeta, como todas las cosas físicas y espirituales, tanto a la permanencia como al cambio. La antigua controversia entre Heráclito y Parménides de si todo cambia o todo permanece, pudiera superarse, me parece a mí, si aceptamos que tanto toda cosa física en el universo como todo concepto o idea creados por el hombre, tiene, a su vez, características de permanencia y características de cambio. La ética médica no se escapa de esta regla universal. Hay cosas en ella, inmutables y eternas mientras la profesión exista, como son el respeto a la vida y al bienestar del paciente. La profesión médica misma tampoco escapa a esta regla universal de permanencia y cambio. Desde el antiguo mago y curandero hasta el más altamente calificado médico científico contemporáneo, el ideal de servicio a los demás ha permanecido inmutable, por lo menos entre los paradigmas de esta profesión. El punto que quisiera presentar ante ustedes en el día de hoy, con el ánimo de debatirlo ampliamente para que lleguemos, si es posible, entre todos, a una conclusión satisfactoria es el de que la ética médica se está modificando para trascender del respeto a la vida y al bienestar del Paciente individual, hacia el respeto a la vida y al bienestar de la familia, y aún más, hacia la acción por conseguir el bienestar de la población de todo un sector, que puede ir desde toda la población de un barrio o una pequeña área rural, hasta la de una zona municipal, una ciudad, una región, una provincia, una nación, un continente y aún toda la población del mundo. Es a la profesión médica a la que se le debe el concepto y la acción en cuanto hace referencia al bienestar, no sólo de los pacientes particulares, o de todos los individuos de un conglomerado social, sino hacia el bienestar de todos los habitantes de la tierra, sin distinción alguna. Fue un país latinoamericano, Brasil, y un país asiático, China, los que propusieron, en la histórica Conferencia de San Francisco en 1945, que dio origen a la Organización de las Naciones Unidas, que se estableciera una organización mundial de salud. Esta se ha establecido firmemente en el mundo contemporáneo, primero bajo el liderazgo de un gran médico canadiense, el Dr. Brock Chisholm, y, posteriormente, bajo el liderazgo de un gran médico latinoamericano, el Dr. M. G. Candau, con los altos ideales de velar por el bienestar físico, mental y social de todos los seres humanos. La Medicina, pues, por lo menos en teoría, ha superado la etapa individual y ha entrado firmemente en la etapa colectiva. Esto sólo constituye una gran revolución. Pero el real cumplimiento de esta revolución no depende solamente de los altos ideales de uno pocos visionarios, sino del trabajo individual de todos y cada uno de los médicos del mundo. De allí la gran trascendencia de nuestra misión como profesores y mentores de los médicos en formación. Este ideal ético de servicio, no solamente al paciente sino a su familia y a la comunidad en donde vive, tiene que ser adoptado paulatinamente por la profesión médica y los profesores de medicina somos los responsables de que tal ideal sea adoptado por las generaciones médicas que se educan en el presente y que ejercerán en el futuro. Es evidente que esta transformación, si la consideramos deseable, no dependerá sólo de los conceptos y prédicas de los profesores de una Escuela Médica. Sabemos muy bien que las superestructuras mentales son en gran parte el reflejo de las infraestructuras sociales. Pero sabemos también que aquéllas pueden influir decisivamente sobre éstas. Algunas preguntas en relación con este tema podrían ser: ¿Podemos influir los profesores de medicina contemporáneos para que haya un cambio en la estructura mental de los médicos que estamos formando, en el sentido de que adquieran una ética social?. ¿Sería este cambio lo suficientemente fuerte y permanente como para que no se borre al contacto con las fuertes estructuras sociales de otro tipo en el ejercicio de su profesión? ¿Será este cambio lo suficientemente fuerte y permanente como para que influya sobre dichas estructuras sociales y logre su cambio en el sentido de que hagan posible una asistencia médica y sanitaria adecuada para toda la población? El carácter y la fortaleza del médico que pretendemos formar es, por lo tanto, primordial. Si su sentido ético social es débil, este concepto que trataríamos que él adoptara se desvanecería y quedaría convertido, otra vez, en la vieja ética individualista, deseable también, pero no suficiente para la época contemporánea. Sin embargo, ya empiezan a haber condiciones sociales que favorecen la implantación de esta nueva ética. El ejercicio de la medicina ha cambiado. Cada vez se hace más una medicina de grupo. Tanto en la práctica privada como en la práctica pública, hay generalmente un grupo médico y para-médico que sirve a un determinado grupo social. A veces, es, como en los Centros de Salud y Hospitales Comunitarios, el servicio a una población entera. Es muy poco, en el momento actual, lo que un médico solo puede hacer. El médico contemporáneo tiene que aprender a trabajar en equipo, tiene que aprender a trabajar con otros colegas médicos de diferente especialidad; tiene que aprender a trabajar con otro personal para-médico, profesional y subprofesional; con técnicos, con auxiliares y aún con otros especialistas, cada vez tendrá que aprender a trabajar más con otros profesionales de servicio colectivo: con sociólogos, antropólogos, economistas y sobre todo, con políticos. Porque son los políticos, es decir, la gente de gobierno, y los sectores de la población que influyen sobre ellos, los que realmente conforman la organización social, de la cual dependerán los servicios médicos y sanitarios. El nuevo médico va a tener que aprender a trabajar no sólo con médicos de distintas especialidades, sino con especialistas de distintas profesiones, y, sobretodo, de las profesiones que se dedican al servicio de la comunidad como un todo. El nuevo médico tiene que aprender a trabajar con ellos y ayudarles. Muchas veces va a tener que aprender a trabajar bajo su dirección, es decir, va a tener que aprender a obedecerlos, a tenerlos en cuenta y a respetarlos. Para que lo respeten a él, va a tener que aprender a respetarlos y a entenderlos a ellos. Y si no quiere bajar de status social, va a tener que ampliar la concepción de su papel, no sólo como mero servidor individual sino corno servidor colectivo. Este es un paso muy difícil de dar para el médico tradicional. ¿Para qué tipo de trabajo debe formar el Estado y la Universidad Latinoamericana al nuevo médico latinoamericano?. Esto depende del tipo de intereses que represente este Estado y esta Universidad. Si el Estado representa los intereses de sólo pequeños grupos dominantes, formará, como lo ha hecho tradicionalmente, médicos para estos grupos. Pero si el Estado y la Universidad representan verdaderamente a toda la Nación, a toda la sociedad, la Escuela de Medicina, deberá formar médicos que le sirvan a todos los componentes de esta sociedad, sin discriminación social, racial o económica alguna. La Universidad, debe, pues, tomar partido. ¿A qué grupos sociales quiere servir la Universidad?. Sé muy bien que el partido que tome la Universidad no depende sólo da ella, sino, primordialmente, del tipo de sociedad en donde esta Universidad esté actuando. La Universidad del pasado fue distinta a la Universidad del presente y la actual es distinta a como será la Universidad del futuro. Habrá similitudes y ciertas cosas que mantendrán la tradición, pero habrá también muchísimas cosas que cambien. La Universidad seguirá también la permanente regla de estabilidad y cambio,, al mismo tiempo. Hasta ahora, la Universidad Latinoamericana ha formado esencialmente médicos que van a servir a las pequeñas élites socio-económicas. No por culpa de nuestros antecesores, sino porque su formación ética no era lo suficientemente fuerte para oponerse a las injusticias de la sociedad en que vivían. Es perfectamente entendible que los médicos, entre ellos los profesores de medicina, fueran formando naturalmente sus lealtades y su estructura mental de acuerdo con el tipo de pacientes que servían. Si no se tiene una concepción ética muy firme de servicio social, el tipo de trabajo que efectúe un médico en su ejercicio profesional le irá conformando su mente, su personalidad y su concepción de la sociedad y de la vida. Una de las principales preguntas que nos debemos hacer los educadores médicos es, para qué tipo de trabajo debe preparar la Universidad latinoamericana al futuro médico latinoamericano. Es verdad que las estructuras sociales condicionan primordialmente el tipo de enseñanza y el tipo del producto de esta enseñanza. Pero una de las misiones de la Universidad es la de ser vanguardia de la sociedad en que vive y ayudar a que esta se convierta en una sociedad que produzca el mayor bienestar para todos, es decir, en una sociedad en la cual exista justicia social. El hombre contemporáneo está reclamando ca-da vez con más fuerza su derecho a la salud. ¿Vamos a contribuir o no los educadores médicos a que pueda realizar esta legítima ambición?. Mucho depende del tipo de trabajo que haga la universidad y del tipo de trabajo que haga el médico. Este tipo de trabajo, ya lo dijimos, puede reforzar sus convicciones. No basta, pues, que la Universidad se preocupe por crear una fuerte ética social en el profesional médico que está formando. Es necesario que contribuya también al cambio social, que haga posible un tipo de trabajo médico que refuerce y estimule las convicciones éticas sociales del médico. Sabemos muy bien que una de las primordiales obligaciones de una Escuela de Medicina es formar médicos que sepan curar bien las enfermedades de los pacientes que se pongan bajo su cuidado; que sepan prevenir las enfermedades de éstos y de sus familias y que ayuden a preve-nir las enfermedades de las comunidades en donde trabajan. ¿Pero es esto todo? ¿0 hay otras obligaciones que una buena enseñanza de ética social debe inculcar en los médicos nuevos?. Es evidente que hay otras obligaciones en las cuales se piensa menos comúnmente pero que también son muy importantes, como son las de promover que la atención médica y sanitaria se preste adecuadamente a todos los habitantes de la población en la que se ejerce y no sólo a los que se pongan, por cualquier circunstancia, de pago de honorarios o de servicio gratuito, bajo su cuidado, sea en su consultorio o en el hospital. ¿Hay otros deberes que el médico tenga que cumplir?. ¿Cuáles son sus responsabilidades éticas con su paciente con la familia de este paciente con la comunidad en que vive su paciente con la población de su región cultural y geográfica con la población del mundo?. Trataremos brevemente cada una de estas obligaciones éticas del médico que queremos formar. Con su paciente: Tiene la obligación de estar al día en los conocimientos técnicos y científicos que le permitan prevenir y curar sus enfermedades. Con la familia de este paciente: Tiene la obligación de incluirla dentro de sus conocimientos, para poder dar a su paciente y a esa misma familia los mejores cuidados médico-sanitarios de que sea capaz. Con la comunidad en que viven sus pacientes: Tiene la obligación de saber sus principales problemas médico-asistenciales y sanitarios, para tratar de ayudar, junto con el equipo de salud pública, a resolverlos. Tiene la obligación de presentar ante las autoridades sus sugestiones e ideas, nacidas de su experiencia, acerca de la mejor forma de obtener los mejores servicios de esta clase para toda la población. Con la población de su región cultural y geográfica: Tiene la obligación de estudiarla y conocerla, con el fin de poder servirla mejor, de acuerdo con sus características culturales, sociales, económicas, antropológicas y políticas. Con la población del mundo: Tiene la obligación de saber que lo que afecta a la salud de cualquier comunidad puede afectar la salud de zonas muy remotas y debe saber también que lo que afecta a la salud de zonas muy remotas puede afectar también la salud de la población en donde el médico ejerce. Tiene la obligación de considerar a todo ser humano, no importa su nacionalidad, su raza, sus costumbres, su religión, su rango social o económico, su color político, o cualesquiera otras características físicas o mentales, como un ser humano que merece que se le preste el mejor servicio médico asistencial y sanitario posible, no importa su ubicación en el mundo. Es evidente que la formación de un médico que tenga todas estas características es tarea muy difícil que requiere el esfuerzo continuado y titánico no sólo de un profesor o de un grupo de profesores sino de todos los educadores médicos de la Escuela de Medicina en que se esté formando. Tradicionalmente, al hacer un plan de estudios médicos se ha hecho énfasis primordialmente en los hechos y las cosas que se quieren enseñar (curriculum), dejándose de lado las dos consideraciones más importantes para el aprendizaje, como son los métodos que deben emplearse en la enseñanza y los objetivos para los cuales se enseña determinada materia. Hoy en día, sin embargo, los planes deben salir de una clara comprensión de los objetivos para los cuales se está enseñando y de los métodos que crean hábitos y actitudes de estudio y de conducta que puedan ser seguidos por el médico durante toda su vida. ¿Qué hábitos y actitudes queremos crear en el médico latinoamericano?. ¿Qué tipo de conducta queremos que siga?. De las respuestas claras a estas preguntas surgirán los lineamientos generales de un plan de estudios. Deberíamos todos los profesores contribuir a que los futuros médicos adopten ante la vida un criterio de objetividad científica, sin olvidar los valores humanos, intangibles y espirituales que han humanizado al hombre y los han traído desde las cavernas hasta la civilización actual. Los médicos deben entender cómo se ha efectuado la lucha del hombre para salir de la magia y de la ignorancia hasta el estado actual de conocimientos y bienestar relativos en algunos sectores de la humanidad. Deberíamos contribuir a que el nuevo médico sepa que esta fase de humanización apenas está en sus comienzos y que él puede contribuir a ella. Deberíamos contribuir a que el nuevo médico tenga un criterio ético en relación con todos sus hermanos los hombres y que sienta como una responsabilidad de su profesión el ayudar a la humanidad en su camino de progreso y mejoramiento constante. Deberíamos contribuir a formar un nuevo médico cuya preocupación permanente sea superarse científica y técnicamente para poder servir mejor a sus pacientes y superarse espiritual y humanamente para poder hacerse cada vez mejor, no sólo como médico sino como ser humano. Deberíamos contribuir a que el nuevo médico respete a su profesión no como un fin en sí mismo sino como un gran medio de servicio. Queremos un médico que respete a sus pacientes, a sus colegas y a la humanidad entera, respetándose a sí mismo. Queremos un médico que comprenda y perdone a los demás, que tenga compasión por los dolores de su prójimo y que traduzca esta compasión en una actividad que busque científicamente la fuente de estos males y ayude a remediarlos. Queremos un médico que se sienta parte de la sociedad en que vive, que sepa que su labor es apenas una porción de la labor que todos los demás hacen por construir un mundo mejor, y que no se considere superior a ningún otro ser humano, por haber tenido el privilegio de estudiar, de aprender o de comprender mejor. Queremos un médico que sepa afrontar con valor las circunstancias difíciles a las cuales le toque enfrentarse; que no se acobarde ante las dificultades; que no ceda ante las presiones de los poderosos; que sienta compasión por los humildes y sepa luchar con ellos para alcanzar una vida mejor para todos. Queremos, en fin, un médico humano, científico, técnico, estudioso, valeroso, trabajador, emprendedor, sacrificado en el servicio de su prójimo, no egoísta, no comercializado, buen colega, respetuoso de los fueros humanos, comprensivo, tolerante, enamorado de su profesión no como un fin sino como un medio de servicio, patriota, y con fe en la humanidad y en sí mismo. Será posible formar esta clase de hombre? . Son los educadores, empezando por los principales, los padres y madres de familia, los que pueden contestarnos esta pregunta. La responsabilidad está también en los educadores de primaria y de secundaria. Pero somos los educadores universitarios, especialmente los profesores de medicina, los que tenemos la obligación de dar a la sociedad este producto final, altamente elaborado y de gran trascendencia social, que es el médico. En nuestras manos está, primordialmente, la responsabilidad de formar el tipo de médico que nuestra sociedad necesita. A este ideal de formar el mejor médico posible para nuestras condiciones culturales, económicas, políticas y sociales estamos dedicados un gran número de profesores universitarios de todas las escuelas latinoamericanas. Yo se que Lima, y la Escuela de Medicina de San Fernando, no es una excepción. Por eso he venido aquí, con todo respeto y con gran entusiasmo, a compartir algunas ideas con ustedes para que todos sigamos con dedicación y valentía luchando por alcanzar este ideal. La actual organización y énfasis de muchas escuelas médicas en el campo clínico-quirúrgico debe reorientarse hacia el campo socio-ético y humanístico, dando a las ciencias de la conducta, a la ética, a la sociología, a la psicología social, a la psiquiatría, a la medicina preventiva y a la salud pública, una participación mucho más importante en los estudios médicos. Quisiera, como dije al principio, que estas fueran algunas de las ideas que discutiéramos ahora y en el transcurso del Seminario que vamos a tener en estos días, con el fin de que estudiáramos las maneras prácticas por medio de las cuales se puedan traducir estos ideales, que estoy seguro todos compartimos, en realizaciones efectivas. Educar es una tarea difícil. Ayudar a transformar toda una sociedad es empresa más difícil aún. Pero mientras más difícil sea una empresa, más pronto debemos empezarla y con más interés dedicarnos a ella. Yo sé que los profesores médicos latinoamericanos no seremos inferiores a nuestra misión histórica de crear el tipo de profesional que sea capaz de servir, no solamente a unos pacientes individualmente, sino a toda una sociedad necesitada. Hoy más que nunca, necesitamos profesionales eficientes, profesionales probos, pero sobre todo profesionales buenos, que tengan como ideal de su vida el del servicio efectivo a un grupo de seres humanos, pequeño o numeroso, de acuerdo con su capacidad y con sus oportunidades. Ambicionamos que los médicos latinoamericanos puedan realizarse y ser cada vez más felices a medida que sean capaces de servir, cada vez mejor, a grupos cada vez más grandes de seres humanos. Los educadores médicos no debemos tenerle tampoco temor a los cambios. Sobre todo cuando estos cambios son necesarios para adaptarnos mejor a la época en que vivimos. Al concepto tradicional de ética médica individualista debemos agregar, para ampliarlo, el concepto de una ética médica individualista debemos agregar, para ampliarlo, el concepto de una ética médica de tipo social y colectivo. Decía un escritor latinoamericano: "es necesario controlar los sueños, aún cuando seamos soñadores". Y no ir a caer en un defecto nuestro que debemos aceptar para corregirlo, como es el de darle demasiado valor a la retórica y a la oratoria, sin que pongamos en práctica lo que profesamos o decimos. Robándole una frase a un político latinoamericano, el Dr. Alfonso López Michelsen, no debemos caer tampoco en el error de los demagogos, "que son vendedores de ilusiones, sino que debemos actuar como los estadistas, que son creadores de soluciones". A discutir las maneras prácticas de cómo poder traducir en soluciones reales los ideales que nos hayamos formado, hemos venido aquí.
|