DEMOGRAFÍA Y DESARROLLO INGENIERO JORGE BRAVO Tema es este de gran vigencia en nuestro medio, por lo menos desde el anteaño, cuando comenzó una campaña que se inició en Cayetano Heredia con un Simposium, con el decidido objeto de demostrar que sólo una política maltusiana podía conducirnos al desarrollo. A la mencionada reunión de Cayetano Heredia (en cuya ocasión hice una exposición que adjunto al presente trabajo dándome para ello la doble razón de considerarla pertinente y de haber sido publicada con substanciales errores), siguió otra en Paracas cuyo objetivo de sostener una campaña internacional dirigida a plantearnos a los pueblos de Latinoamérica la alternativa de la anarquía, por el crecimiento demográfico, o la erradición maltusiana como condición para realizar Un cierto bienestar económico para las poblaciones restantes. Estoy usando quizá un lenguaje algo demagógico y no estrictamente el científico, pero con la intención de ir al fondo, a la verdad del planteamiento que se nos viene haciendo desde afuera. Un médico viejo amigo mío, calló su nombre por prudencia pero lo recuerdo muy bien porque trabajó estrechamente conmigo en el Forum del Desarrollo Económico del año, 1957, después de la exposición que hice yo en Cayetano Heredia al respecto, se acercó a saludarme y a felicitarme, y me dijo algo que obliga a meditarlo y pensarlo hondamente. Estoy plenamente de acuerdo, afirmó, que el desarrollo no puede basarse sobre la destrucción de los hombres, pero, no hay que olvidarse que aquellos países como Japón, como Alemania, como Francia o como los países nórdicos que aceptan el control de nacimientos, llevan paralelamente a su campaña de control restrictivo, otra de defensa activa del capital humano. Impiden nacer, pero evitan también morir, en cambio en el Perú y en otros países Latinoamericanos o subdesarrollados de otras latitudes, vemos que coexiste con la campaña controlista un aflojamiento de las campañas de defensa de la salud humana, que se recibe o se dispone de menos dinero para la lucha contra el paludismo, contra las enfermedades de masa, que se recortan las disponibilidades para el entrenamiento del hombre en el trabajo y para la salud ocupacional ¿se tratará acaso de que se mueran más y de que nazcan menos, para que, los que restan, tengan una relativa apariencia de desarrollo?. Una apariencia de riqueza, extraída de la erradicación de hombres es precisamente lo contrario del desarrollo. El planteamiento es claro: el maltusianismo es lo contrario del desarrollo, el desarrollo es lo contrario del maltusianismo. Frente al desafío que significa la disminución progresiva de los recursos virtualizados y el aumento creciente de las poblaciones, el desarrollo significa el aumento de la producción por el uso mejor y racional de los hombres y de las cosas y el maltusianismo significa la eliminación de los hombres para lograr en último extremo el mismo objetivo: el equilibrio ecológico, la ecuación que iguala recursos a hombres; pero en Un caso disminuyendo a los hombres y en el otro caso aumentando los recursos. En el principio, en la teoría, desarrollo social o desarrollo económico o desarrollo a secas, sin introducir ningún concepto valorativo, es exactamente lo opuesto del "Birth Control", de maltusianismo. Al margen de mi posición frente al problema religioso, que aquí, ahora no está en cuestión, creo sí, que el Papa, pese a las dudas que le han venido después, planteó con mucha claridad en las Naciones Unidas y posteriormente en los primeros acuerdos del Concilio del Vaticano, la ambigüedad radical implícita en el "Birth Control". Desde el punto de vista del país es un crimen, (la calificación moral que comparto no forma parte del raciocinio científico) y lo es porque implica optar por la muerte como un sucedáneo del desarrollo, porque se da en lugar de la posibilidad de aumentar la riqueza, porque se da como una excusa para no tomar las medidas necesarias para desarrollar las riquezas del país, para utilizar el trabajo de los hombres en la producción de las cosas que los hombres necesitan para perfeccionarse, porque se rehuye una responsabilidad colectiva. Pero, en cambio, desde el punto de vista individual, cabe la posibilidad de la paternidad responsable: El hombre ya situado individualmente dentro de una sociedad imperfecta, que no afronta el problema del desarrollo, puede limitar su familia, dentro de ciertas medidas y dentro de ciertas condiciones, para no condenar a muerte a los hijos que nacen de la unión natural y legítima del hombre y la mujer, o, como diría "Jardiel Poncela", para "dar a luz individuos que previamente están condenados a muerte" aunque, ahora, en una forma mucha más fuerte que aquella a la que aludía el humorista español que sólo se refería a la muerte necesaria y natural de cualquier hombre, mientras en las sociedades atrasadas o injustas esta muerte es la del olvidado, del discriminado o del explotado, a quien en cierta forma se le ayuda a morir. En caso tal, el padre y la madre tienen sin duda el derecho de controlar a la familia: Impedir nacer es mejor que obligar a morir. Pero como hay muchos padres sin cultura hay que enseñarles el como practicar esta alternativa. Aquí aparece una especie de lo que llamarían los ingleses, un twist, o sea, una ligera inclinación del trayecto del discurso o del pensamiento que permite pasar de un plano a otro sin que se advier-ta si no se aplica un análisis riguroso. Es legítimo el control del nacimiento en la familia, es ¡legítimo en la escala del país ¡perfecto! Pero como a la fa-milia hay que instruirla, entonces se reunen en Chile, por ejemplo, grandes seminarios donde se enseñan diversos métodos para controlar el nacimiento, el método de la horquetita hecha con un hilo fino de nylon, el uso de los controladores bioquímicos, de las hormonas usadas, en diversas dosis, sea para retardar o impedir la ovulación, sea para imposibilitar la nidación del óvulo. Todos estos procedimientos son enseñados por entidades públicas y con permiso oficial y esto sí es acción del Estado, y por lo tanto reprobable, pero necesaria y por lo tanto loable. El Estado resulta justificando y haciendo por la puerta falsa, lo que rechaza y condena por la puerta principal: está controlando los nacimientos, no directamente, no por la justificación del aborto, no por una campaña de distribución de anticonceptivos, sino por un sistema de enseñanza, de capacitación para que sean responsables los padres, este es -a mi juicio- quizás una trampa que precisaría desenmascarar para no caer inocentemente en ella. Si el problema lo planteamos en términos lógicos y colectivos y no morales e individuales se es maltusiano o no se es maltusiano. Por eso no caben las posiciones intermedias que los raciocinios morales introducen y pueden conducir al extremo a posiciones equívocas. Repito que no quiero hacer intervenir aquí y ahora ningún elemento de orden moral, quiero plantear el problema en términos exclusivamente sociales y económicos y en términos exclusivamente sociales y económicos el desarrollo es la antípoda del "Birth Control'. ¿Qué cosa debemos escoger? ¿Maltusianismo o desarrollo? Eso podrá ser una opción política o una opción moral, pero no una opción económica. Pero si por cualquier razón queremos desarrollo económico no podemos querer maltusianismo, si queremos maltusianismo no podemos querer desarrollo económico, no son términos compatibles, no se compadecen uno con otro, son términos contradictorios, no pueden coexistir. ¿Por qué no pueden coexistir? A mis alumnos siempre les planteo lo que se llama la paradoja de Meade, conocido economista inglés, quien afirma que el incremento de la renta "per cápita" no es una prueba del desarrollo. Suponemos, sostiene Meade -que existen dos grupos en una sociedad, el grupo A de alta renta y el grupo B de baja renta. Si por un método cualquiera eliminamos el grupo B de baja renta automáticamente el promedio de renta "per cápita" sube sin que haya subido al mismo tiempo -sino más bien disminuido- la capacidad productiva de la totalidad de la Nación. No habiendo habido crecimiento estructural de la estructura de producción no hay para Meade desarrollo porque el desarrollo entendido en el sentido social o económico es un análogo, con todos los riesgos que implica la analogía, del desarrollo orgánico Me permitirán que me introduzca en terrenos que Uds. conocen mejor que yo. El desarrollo orgánico es una clase particular de crecimiento, que se caracteriza porque, para que se logre previamente, se han realizado ciertos cambios en las estructuras que acondicionan o apoyan una movilización de fuerzas que a su vez se traducen en un incremento cuantitativo (tamaño p. e.) y en un perfeccionamiento cualitativo de las reservas estructurales (órganos) y de sus funciones; en un proceso que podemos llamar de causación circular acumulativa. Lo fundamental en todo caso son estos dos elementos: el cambio de estructuras y el crecimiento. ¿Qué clase de crecimiento puede haber en el caso de Meade? en el caso de Meade no hay crecimiento, IG que hay es que, muertos unos, lo que queda para repartirse entre menos, es más, o que muertos los pobres quedan sólo los ricos. Los juegos de conceptos que se basan en alejar el enriquecimiento de algunos por la muerte de muchos, parece un poco chocante, fuera de la realidad, pero son solamente casos extremos de cosas que suceden en realidad. Por ejemplo, entre las dos guerras ¿qué pasó en Francia? Francia en la época de la post-guerra logró un cierto crecimiento de la renta "per cápita" para los franceses restantes después de la aplicación de exportar franceses a Alemania y a otros lugares en busca de trabajo. Una política de emigración, es una política maltusiana. Es también una política maltusiana, una política de control del nacimiento, y es también una política maltusiana, una política en la cual, debido al hambre se mueren los chicos a los pocos meses de nacidos. Son tres formas diferentes de eliminar a un cierto sector de la población, para que el resto de la población tenga más disponibilidades y estos sí son casos históricos. No revisten el aspecto extremo de matar con una ametralladora u otro tipo de arma inconcebible y que, sin embargo, sistemáticamente fue aplicado en el pasado durante las guerras, las cuales junto con las hambrunas sirvieron para establecer el equilibrio hombre-recursos. Para el índice fundamental del desarrollo no es forzoso el crecimiento de la renta per cápita, sino el crecimiento de la renta global y esto porque en este proceso de transformación de las estructuras (incremento de las producciones para producir luego un cambio de estructuras). El crecimiento de la renta global implica el crecimiento del aparato productor y el incremento de la producción. Este incremento de la producción puede ser insuficiente, esto es evidente, pero, aún así, es una medida de una acumulación y de un esfuerzo. Una medida mucho más efectiva que la renta per cápita que puede crecer mediante diversas suertes de poda, que hemos enumerado. El desarrollo es, entonces, básicamente, un incremento de la renta global, pero ¿es sólo un incremento de la renta global? No, no es sólo un incremento de la renta global, es algo más que eso, usando el lenguaje o la terminología de Perroux (el problema de definición rigurosa del término desarrollo es muy arduo, muy difícil, hay una serie de matices, hay una serie de escuelas, nos extenderíamos mucho si analizáramos una por una cada una de estas escuelas y sus argumentos. (Por eso y por considerarla más precisa nos atendremos a la terminología de Perroux) siguiendo la cual podríamos decir que el desarrollo no es el crecimiento de la renta global sino son las condiciones sociales que permiten que este crecimiento se produzca en forma más o menos prolongada, es decir, un cambio en la actitud de los hombres, un cambio en las instituciones, un cambio en la actividad, un cambio en las motivaciones, como dice Perroux, un cambio en las estructuras de encuadramiento, o sea en la población, en la institución, y en la innovación, que permite un crecimiento acumulativo y durable de la renta global. Este cambio es el desarrollo, el resultado, el índice es el crecimiento, el crecimiento resulta de un desarrollo, pero ni el desarrollo ni el crecimiento son buscados de por sí, son buscados por algo más que por ellos mismos, son buscados en función de al-go que podemos llamar el progreso. Cuando mencionamos la palabra progreso chocamos con términos valorativos, con términos que se codean con la ética y así aparece el problema básico y fundamental que científicamente nos plantea la posibilidad de que la ciencia económica y la ciencia social sean disciplinas morales o actitudes morales antes que ciencias empírico-descriptivas o empíricos-analíticas como las otras. Habría que pensar, sin embargo, si algunas técnicas, si aún algunas ciencias, como la biología, no parten realmente de ciertos paradigmas, de ciertas medidas o de ciertos conceptos de tipo axiológico, como es, por ejemplo, el desarrollo normal, la salud y otras concepciones que son sin duda valorativas. Esto de que la economía, la medicina y la biología tengan de común elementos valorativos no nos salva el problema de lo que podríamos llamar los contrabandos ideológicos. Un contrabando valorativo parece asomarse siempre en el planteamiento del problema del progreso; sin embargo, esto es lo importante en la tesis que distingue estos elementos, crecimiento, desarrollo y progreso, como elementos fundamentales de todo el proceso: el grupo de economistas que suscriben a esta tesis tratan de objetivar el progreso. ¿Y cómo pueden objetivar el progreso? La forma de objetivar el progreso es pasar de la visión individual de los Progresos particulares a la visión colectiva del progreso integral. Permítaseme hacer un pequeño paréntesis antes de analizar esta contraposición entre el progreso colectivo y progresos individuales. Permítaseme hacer dos comentarios: generalmente se habla de desarrollo en un sentido que indica progreso, se dice desarrollo pero es progreso lo que se entiende o sea un perfeccionamiento social medido por un cierto valor mas o menos arbitrario o consensualmente escogido. En el esquema de Perroux el desarrollo se convierte simple y llanamente en un hecho descriptible debido a una movilización y a una organización de ciertos elementos que permite un crecimiento global de la renta (que puede ser medido). Estamos fuera de toda apreciación valorativa (sin embargo, en el concepto de crecimiento dado por la Cepal, se piensa en un desarrollo que es un progreso, que es un perfeccionamiento medido por la renta per cápita, pero que es un progreso engañoso, porque es o puede ser un progreso de pocos a expensas del malestar de los muchos, en cambio en la nueva forma que vamos a ver este equívoco queda eliminado). Esto es lo primero. En segundo lugar, veamos que cosa es el progreso, o los progresos, como dice Perroux, vistos desde un ángulo individual. Cualquier individuo propende a su perfeccionamiento, a su avance (no quiero ahora decir progreso) en un sentido que juzga deseable. Este tipo de "progreso" no puede ser el progreso, ¿qué cosa es el progreso entonces? en primer lugar, pido por esto atención, voy a incurrir en una especie de contradicción porque antes dije que la renta per cápita no tenía importancia y ahora voy a afirmar que el primer índice que mide el progreso es precisamente el crecimiento de la renta per cápita o sea el crecimiento de la renta global que, repartido entre todos, pueda significar una ventaja colectiva. Es, pues, el incremento de la renta per cápita pero a condición de que la renta global crezca también, porque si no tendríamos la operación maltusiana de enriquecer sin desarrollo a unos por la eliminación de los otros. No es suficiente, sin embargo, esta condición que sólo es necesaria. Además de que la renta global debe crecer, la renta global debe distribuirse en tal forma que la renta per cápita no crezca por sectores sino crezca repartida mas o menos equitativamente entre el conjunto de la población. En tales circunstancias tendremos el resultado del progreso pero no todavía proceso que conduce al progreso. Y si prospera es avance, es el proceso el que nos interesa. Volviendo a la terminología de Perroux, es-te autor sostiene que "el progreso es la propagación de la innovación es un sistema de relaciones cuyo sentido tiende a universalizarse". Para aclarar esta definición, depurando algunos de sus términos debemos preguntarnos en primer lugar ¿qué entendemos por innovación? Entendemos por innovación, básicamente, (lo que se llama innovación tecno-económica) las nuevas formas de producir y los nuevos productos. Cuando se inventa un nuevo producto o cuando se inventa un nuevo método para producir viejos productos, se logra un perfeccionamiento técnico. Con menos capital se producen más cosas o con el mismo capital se produce cosas nuevas, en fin, se transforman las posibilidades de vida del conjunto. Esta innovación tecno-económica trae generalmente como consecuencia el enriquecimiento de ciertos sectores, de ciertas zonas de la sociedad (los capitalistas, los habitantes de Chumbivilcas, los grupos que controlan el sector de la harina de pescado). Se puede dividir la sociedad en formas variadas, pero siempre, o casi siempre, ciertos grupos van a ganar más que los otros. Estos grupos que van a ganar mas que los otros, van a tener la ocasión de cambiar de nivel o tipo de vida que es lo que se llama innovación socio-económica (nuevas formas de vida, nuevos niveles de alimentación, nuevas formas de satisfacción) ¿qué cosa es entonces la propagación de la innovación? La propagación de estos niveles de vida, la propagación de estas formas y niveles de producción. Cuando tales formas de producción, y cuando tales formas de vida se propagan interviene un elemento más que es el elemento de la objetivación. Cuando, por ejemplo, un cierto nivel de renta crece, un cierto nivel de alimentación se hace generalizado, ya no cabe la posibilidad de medir estos progresos sólo por la intensidad de las satisfacciones personales, se hace intervenir entonces a la bioquímica y al médico para determinar que para tal trabajo se requiere tal tipo de alimentación, tantas calorías, tantas proteínas, etc. Aparece así un elemento regulador exterior, aparece una medida científica, que hace que la distribución del mayor bienestar colectivo se mida con un patrón de tipo científico y este patrón de tipo científico puede aplicarse para la habitalidad (una casa es habitable cuando reúne tales o cuales condiciones). Es decir, que van apareciendo normas exteriores que nos van creando nuevas referencias objetivas para que la innovación socio-económica conforme progresa, conforme se expanda se objetive. Esta objetivación es, además, exigida por presiones sociales, fundada en tres fenómenos: la elevación de los deseos, el reclamo de las masas y la imposibilidad de satisfacer a todos. Someter el progreso a un control de tipo exterior y científico, es, por otro lado, en último extremo, lo, que llamamos la planificación. La planificación es, no solamente discutir cuánto va a producirse sino qué se va a producir, cómo se va a producir, cómo se va a distribuir mediante estos standards que la sociedad establece. Es decir, que lo que cada individuo juzga como bueno para si, cede el paso a lo que la colectividad juzga como bueno para cada hombre, de acuerdo con ciertas referencias objetivadas basadas en las ciencias; la ciencia de la construcción, la ciencia de la alimentación, la ciencia del abrigo, etc. esta objetivación y esta propagación de las innovaciones económico-sociales sujetas a medida es lo que constituye básicamente el progreso. De manera que, progreso y planificación, en cierta forma se exigen y confunden. Aquí hay un factor valorativo. Si, hay un factor que en cierta medida podemos llamar subjetivo, si, pero no subjetivo a secas sino intersubjetivo en primer lugar y, en segundo lugar, sujeto a comprobación exterior, referido democráticamente a una medida fijada por la ciencia y discutida por la sociedad o sea, democráticamente racionalizada. Esto es el progreso, y cuando decimos que "el progreso es la propagación de la innovación en una red de relaciones cuyo sentido tiende a universalizarse", en esta tendencia a la universalización debemos distinguir tres elementos igualmente universales: En primer lugar, la universalidad del tejido de relaciones que surge al conectarse primero pueblo con pueblo, región con región, nación con nación hasta llegar a extenderse por la totalidad del mundo. En segundo lugar, el progreso, la ventaja colectiva va pasando de clase a clase, de grupo a grupo, hasta alcanzar a todos los hombres en todas las latitudes, y, en tercer lugar, el progreso se plantea como la satisfacción de las necesidades totales de los hombres o sea, usando la frase de Perroux, del hombre total en cada uno de los hombres concretos "para todo el hombre y para todos los hombres". Eso es el desarrollo, y esto es el progreso, porque todo progreso tiene que nutrirse de un desarrollo, porque desarrollo, crecimiento y progreso forman una secuencia en que, desarrollo, en última instancia, es, el mejor uso de los recursos, y, básicamente, el mejor uso de los recursos humanos y, progreso, el desarrollo para el hombre. Es decir, que desarrollo y progreso se identifican con la economía humana, la economía verdadera que se basa en la eliminación de todo desperdicio, empezando el desperdicio dehombres. Evitar el desperdicio de hombres implica, luchar contra toda forma de empobrecimiento, contra toda forma de limitación de la vida, contra toda forma de erradicación de los hombres o de sus cualidades específicas. Hay desperdicios humanos que van desde el "Birth Control" hasta la explotación en la fábrica, que van desde la mala alimentación del niño hasta las malas condiciones higiénicas del trabajo o de la gestación, desde la mala educación hasta el entrenamiento mecánico y el adoctrinamiento dogmático. El desperdicio de hombres tiene, además, dos caras, una instrumental y otra finalista; no se puede destruir al hombre como objeto del trabajo humano y no se puede destruir al hombre como máquina productora de trabajo humano. El hombre es la primera base y es, además, el fin del trabajo humano directo o multiplicado por la máquina, por eso es que, dice Perroux, que debemos entender la economía como la ciencia que "estudia la producción del hombre por el hombre en un mundo de cosas contabilizables", a condición de que este orden de cosas contabilizables alcance campos de contabilidad nuevos cada día. No solamente se trata de contabilizar la utilidad individual, sino la ventaja colectiva y la ventaja colectiva se mide, en primer lugar, en las necesidades físicas satisfechas, en segundo lugar, en servicios públicos realizados, es decir, que se van convirtiendo los costos monetarios en costos sociales, los costos económicos en costos humanos, y los rendimientos económicos, en su sentido restrictivo, en rendimientos humanos, en último extremo, de lo que se trata es de crear una humanidad más perfecta, mediante la mejor utilización del trabajo de todos los hombres para beneficio de todos los hombres. La apreciación moral se introduce en el proyecto de vida de la humanidad, pero se introduce por un proceso histórico, y una vez introducida se torna irrenunciable y -al mismo tiempo- susceptible de observación, descripción y medida objetiva. Con los datos que nos suministran las estadísticas peruanas, se trata, simplemente, de hacer algunas reflexiones sobre los fenómenos de desarrollo, de subdesarrollo, de subpoblación y ocupación que ha descrito y definido. En primer lugar, quisiera retomar los conceptos de desarrollo, crecimiento y progreso, que ya mencionó Jorge González. El término desarrollo como el término crecimiento y el término progreso son objeto de controversia, no hay una comunidad al respecto entre los distintos autores, pero, dentro de las diversas acepciones que se conceden de estos términos, indudablemente la Escuela Francesa, y particularmente el Profesor Perroux, tienen el mérito de haber ofrecido una terminología completa que permite dilucidar ciertas confusiones encerradas en el significado de los aludidos términos e, in-clusive, hacer objeto de medida a estos conceptos. El planteamiento francés distingue tres elementos distintos: el desarrollo, el crecimiento y el progreso. Cada uno de estos términos se correlaciona con un índice que es susceptible de ser expresado en términos cuantitativos. Dicho en forma simple el desarrollo es la parte instrumental, el crecimiento es el resultado mecánico y el progreso es el resultado social. Francois Perroux sostiene que no existe oposición entre progreso económico y progreso social. Esta distinción surge, sólo cuando una sociedad ha sido incapaz de generalizar el bienestar mediante la propagación adecuada de la innovación y la adecuada distribución de las rentas. Cuando en un determinado momento una sociedad se presenta en tal forma qUe el progreso económico, manifestado por un crecimiento de la renta, por un perfeccionamiento de las industrias, por una serie de síntomas exteriores medibles y cualitativos, se hace en beneficio de sólo un grupo social, dejando de cubrir los costos humanos de la mayoría de la población. Entonces se plantea la necesidad de un desarrollo social complementario o de un progreso social, que venga a satisfacer el fracaso económico. Cuando en una sociedad, como en cierto momento han sido o son algunos capitalismos modernos, o como, en cierto sentido, lo es la Rusia actual, estos fenómenos se realizan produciendo un mejoramiento general de los estratos sociales, a tal punto que se eleva el status de los menos favorecidos, para usar lenguaje periodístico común, entonces no hay conflicto entre lo social y lo económico. El conflicto se plantea cuando estas grandes masas son insatisfechas, cuando no se atiende sus necesidades. Para Perroux, desarrollo es la utilización de todas las potencialidades productivas del país y entre las potencialidades productivas de un país, la principal es la población. Perroux parte de un concepto de economía humana y define ésta como la economía pensada como un todo, integral, es decir, como aquella que evita todo desperdicio, siendo el primer desperdicio que hay que evitar el desperdicio del hombre. Este concepto de desarrollo no es un concepto exclusivo de Perroux, el profesor Meade lo sostiene en contra de las teorías maltusianas y cuando afirma que el crecimiento global de la renta es un mejor índice del desarrollo que el crecimiento per cápita, porque el crecimiento per cápita se puede lograr como lo ha hecho durante muchos años Italia, o como lo hace hoy España, exportando hombres o bien eliminándolos, en cambio el crecimiento de *la renta es un hecho innegable, un hecho que demuestra el incremento de la capacidad de un país, no por la división de la renta entre un número de personas restantes. Es decir, que se plantea la necesidad básica y fundamental de llamar desarrollo, según Meade, no al crecimiento de la renta per cápita logrado por expedientes maltusianos, sino a la satisfacción global de la sociedad mediante el trabajo colectivo de sus individuos. Este es el concepto de Perroux, pero Perroux formaliza el concepto distinguiendo el resultado o progreso del aspecto instrumental: el desarrollo, y distingue ambos conceptos del crecimiento de la renta que es un resultado del desarrollo y un instrumento del progreso, pero que no es ni el progreso ni el desarrollo. El crecimiento lo define Perroux como el aumento mensurable de un índice de la magnitud del aparato económico. Este índice de magnitud puede ser la capitalización global del país, más precisamente, debe ser su capacidad de producción. Vemos por tanto, que Perroux, como Meade, insiste en que el índice de crecimiento debe ser medido como el crecimiento global y no como el de crecimiento per cápita. EL PROGRESO El progreso podría ser medido en primera instancia por el crecimiento de la renta per cápita. Pero este incremento de la renta per cápita no agota el mecanismo del progreso, porque esta renta per cápita puede coexistir con una distribución mala de las rentas, vista no solamente desde un punto de vista social, sino, inclusive, técnico como de la capacidad productiva repartida entre la población por ramas, sectores o actividades. Por ello el profesor Perroux propone como índice para medir el progreso, la posibilidad de que toda mejora o innovación se propague rápidamente al menor costo humano y al mínimo lapso social. Como innovación entiende Perroux una elevación de la productividad debida a perfeccionamientos mecánicos o a mejores combinaciones económicas o a mejor organización de producción, pero, al igual que Schumpeter, Perroux sostiene que esta innovación no es sólo económica sino también socio-económica y económico-política; es decir, que también esta innovación consiste en mejores formas de organización social, en mejores formas de organización política y en mejores formas de vida. La innovación así concebida proporciona al propagarse una elevación global del sistema total de vida, de las posibilidades totales de una población. Queda así perfectamente conectado el concepto de desarrollo, con el concepto de crecimiento y con el concepto de progreso. Cabría preguntar entonces cuáles son esos mecanismos básicos que van a producir el desarrollo. Perroux habla de tres instrumentos, de tres palancas del desarrollo que son: la población, la institución y la innovación. Es importante señalar esto, la innovación está en el comienzo y en el fin del progreso. En cuanto hecho está presente como elemento del desarrollo y su propagación aparece como condición y como medida del progreso. Precisa señalar dos nociones: hay que precisar que cuando se produce un cielo económico en el fondo de éste no hay ninguna fuerza automática que tienda a hacer que él devenga en un proceso de crecimiento. Para que se produzca el proceso de crecimiento tiene que ser condicionado por cambios básicos en las instituciones, por cambios básicos en las actitudes, por cambios básicos en las "innovaciones", es decir, por aparición de nuevas creaciones técnicas y de nuevas creaciones sociales. Estudiando los grandes ciclos llamados "Kondratieff" se determina con claridad que ellos coexisten con cambios en la estructura misma de la sociedad capitalista contemporánea. Ocurren cambios de la economía capitalista después de las grandes crisis, cambia la estructura de la empresa, la estructura de los sindicatos, cambia la estructura del Estado y su grado de intervención. Son estos elementos institucionales los que producen este salto. Y ese salto no puede producirse sin un cambio en las actitudes de la población en las propensiones básicas a crear y a trabajar. Esto que decimos del cambio interno estructural del capitalismo puede aplicarse al cambio del, feudalismo a capitalismo, del capitalismo mercantil al capitalismo industrial e inclusive a las revoluciones socialistas existentes. En todos estos casos ha habido el mismo fenómeno, un cambio de las instituciones que ha provocado una marcha intensificada y con nueva dirección de los asuntos económicos. Debemos distinguir con claridad el desarrollo tal como se da en los capitalismos evolucionados y el desarrollo tal como se debe dar en los países subdesarrollados. Son dos fenómenos distintos. Solamente el nombre y ciertas condiciones básicas de tipo conceptual pueden hacer identificar estos dos fenómenos diferentes. En el capitalismo evolucionado el problema es sostener la producción, armonizar la producción y redistribuir las riquezas creadas. A eso se llama crecimiento armonizado o desarrollo armonizado. El caso de los países subdesarrollados no es éste sino el de dar un salto hacia la civilización desde algo menos que cero, desde una posición negativa, porque un país subdesarrollado no es un país primitivo como Inglaterra de 1790 ó 1840. No es un país primitivo, pobre, con una tradición atrás que va a permitirle dar un salto en la historia por medio de la creación individual y colectiva. No, el caso de los países subdesarrollados es el de poblaciones desarticuladas y dominadas éstas son las dos condiciones fundamentales. Y esta desarticulación y esta dominación impiden el salto progresivo de estos pueblos. Estos pueblos tienen que realizar esa transformación de las insti-tuciones que están a la base del desarrollo y la utilización de la población que lo constituye a través de motivaciones adecuadas, a través de capacitaciones adecuadas y creación de nuevas fórmulas en condiciones totalmente adversas a este esfuerzo y totalmente distintas de las que apartaron los países capitalistas de hoy y de las que apartaron los, países capitalistas de 1740. En condiciones distintas aún que las que precedieron a la creación de Rusia Soviética y de los países satélites, porque ninguno de estos países en sentido estricto fue nunca un país subdesarrollado. Los países subdesarollados, pues, tienen que provocar, en colaboración con los países desarrollados y por su propio esfuerzo, un cambio substancial de sus instituciones, una movilización total de sus poblaciones. Los conceptos de ocupación, los conceptos de desocupación, los conceptos, inclusive, de sub-empleo, pueden y deben ser usados en el contexto de los países subdesarrollados, pero sólo previa una reelaboración, dado que estos conceptos correspondían a la existencia de un equipo mecánico formado y de población activa capacitada que por razón de una crisis no lograban combinarse. Había por lo tanto la coexistencia de dos elementos listos para trabajar que no lo hacían por circunstancias económicas coyunturales. En los casos de los países subdesarrollados el fenómeno que se presenta es distinto. No existe la población económicamente activa preparada y, de otro lado, no existe el equipo técnico y mecánico adecuado, deben crearse ambos por un esfuerzo casi imposible. Inclusive la noción clásica del subempleo a lo Joan Robbinson que supone, igualmente, un equipo material existente y una población activa existente pero que, por condiciones específicas, emplea hombres capacitados para una determinada función más productiva en otra función menos productiva, no se da en los países subdesarrollados. Como dice Perroux en los países subdesarrollados, existe más bien lo que el llama un "ejército de reserva", es decir, una gran cantidad de población arrancada del campo por el impacto de las nuevas formas de vida sin la preparación necesaria para llegar a nuevas ocupaciones, frente a un equipo técnico insuficiente concentrado en puntos geográficos o topológicos de la economía nacional. Digo geográficos o topológicos porque a veces no es una localización lo que define estos gru-pos sino una especialidad, por ejemplo: la industria de los abonos puede ser muy técnica, muy desarrollada, pero no existen otras industrias paralelas, y estas industrias de los abonos no están, localizadas en un punto sino que pueden estar en varios puntos. Estas localizadas o no son las que forman y crean desequilibrios con el resto de la población cuyo efecto determinará o impedirá el desarrollo. Esto nos pone en contacto con una noción importante, que es la noción del espacio abstracto. El espacio económico no es el espacio físico, sino el conjunto de relaciones establecidas entre unidades productoras, y estas conexiones o relaciones no existen en los países subdesarrollados, por lo tanto, a los países subdesarrollados no puede, aplicarse, estricto censo, un cuadro de Leontief (un censo-producto) que explica la conexión de los distintos sectores económicos, porque esas conexiones son precisamente las que faltan y esas conexiones que faltan en el campo económico, faltan también en el campo social y en el político. El país está dividido en islotes entre los cuales no hay comunicaciones, se habla mucho de dualidad o dualismo y en el fondo existe pero como simplificación abstracta. Lo que en realidad caracteriza a los países subdesarrollados es un pluralismo, una desarticulación total entre núcleos múltiples y aislados. Si tales concepciones de la economía clásica no pueden aplicarse a los países subdesarrollados tampoco son aplicables nociones discutibles aún en Europa como el óptimo económico o el óptimo social de población. Porque el problema no es que exista una determinada organización que podándola de aquí o de allá, produzca un mayor rendimiento, porque, aunque aparentemente exista una totalidad, esa totalidad no está articulada, no funciona como tal, los recursos están abandonados y no explotados, las zonas están sin conexiones lo cual significa, también, poca posibilidad de desarrollar esas zonas y esos recursos. Sin embargo, es en los países subdesarrollados donde los problemas de población, trabajo y producción se plantean en sus más dramáticas circunstancias, en sus características más agudas, por una inadecuación entre la capacidad productiva, la capacidad distributiva y la población, que resulta como tal, desmedida en diversos puntos del espacio económico y social, cuando no del geográfico. Se producen entonces migraciones, corrientes entre estos núcleos desiguales, en los cuales, la pobreza de unos presiona sobre la aparente riqueza de otros ahogándolos en círculos de miseria, como puede verse en forma casi palpable en las barriadas que rodean Lima. El problema fundamental se plantea entonces en términos demográficos, pero no sólo en estos sino también en términos básicamente de posibilidad económica, de ca-pacidad económica y de articulación económica. Algunos países subdesarrollados se diferencian de otros por la cultura, por la situación económica, el grado de perfeccionamiento o el grado de producción, pero puede concebirse un modelo que represente a todos los países de este tipo. El subdesarrollo no es por otro lado una situación estática sino dinámica y su etapa crítica se da cuando el crecimiento demográfico es superior al crecimiento económico. En esos casos si hay desarticulación ésta resulta secundaria porque hay una incapacidad fundamental primaria y es que el globo de la producción y su ritmo de crecimiento no alcanzan para satisfacer las necesidades actuales y menos las futuras. Se presenta una coyuntura de quiebra o ruptura. Esta coyuntura puede resolverse por varios medios. Puede resolverse, en primer lugar, por una política económica. Una política económica trata de inflexionar la curva de producción hasta que alcance la curva demográfica, Cuando esto sucede por mecanismos, estadística y empíricamente demostrados pero no científicamente explicados, se produce un reajuste automático del crecimiento de la población, es decir, que la curva demográfica se inflexiona a su vez y el crecimiento económico prolongado permite un progreso abierto. El otro mecanismo es inflexionando la curva demográfica, así logramos el mismo resultado, es decir, que se corten ambas líneas. Esto sería a expensas, básicamente, de la capacidad productiva del país. Las experiencias malthusianas han demostrado en primera instancia, una aparente marcha hacia el bienestar, que es pronto negada por la realidad. Podemos mostrar muchos ejemplos, pero baste con algunos. En el caso de Francia después de la Primera Guerra Mundial, se aplica una política de control de la natalidad y disminuye la tasa de crecimiento. Francia al prin-cipio logra una mejoría, pero luego falta ese motor de progreso que es la población. Una población vieja tiene altos costos de mantenimiento, no existe un ejército de reserva que entre al trabajo de la producción cada año. Lo mismo le pasa a Alemania o al Japón, que hoy, a pesar de su magnífico impulso de crecimiento económico y de sus intenciones de ir a un progreso social, siente la falta de sus generaciones jóvenes. Japón bajó de 13 por mil de crecimiento a 0.9 en los últimos años, es decir, comprimió a su juventud y al comprimir a su juventud recargó sus costos de mantenimiento y produjo freno en el desarrollo, sentido como una carga excesiva de los grupos en edad de producción. El mismo caso puede ejemplificarse con la política malthusiana iniciada en Rusia alrededor del año 30. También aquí los resultados coexisten con las grandes crisis de organización, es decir, que en nuestros países, si bien es cierto que una política de control de los nacimientos puede lograr en primera instancia un incremento del bienestar, a la larga comprometerá sin duda el progreso de este bienestar. El Perú es, en primer lugar, un país subdesarrollado. El Perú, por su contextura, en que no se cubren los costos humanos del 60% a 70% de su población, por ser económicamente dependiente de los mercados exteriores, por tener un sector moderno dentro de una economía rudimentaria, por estar dividido en sectores desarticulados, es, sin duda, un país subdesarrollado. ¿Es un país en crisis de explosión demográfica? Las cifras parecen indicar que no, pero no se puede evitar pensar que puede llegar a serlo. El Perú no es, al parecer, un país en crisis de población, porque las cifras dadas por el Banco Central de Reserva indican que su curva de producción a precios constantes está por encima de su curva de crecimiento demográfico. Esto tomando en cuenta un período de 15 años a partir del año 50 a la fecha o sin duda un período de 5 años a partir de 1960 a la fecha. En ambos casos -las curvas de producción son superiores a las curvas de crecimiento del país. No sería, pues, en este caso, un expediente, inflexionar la curva demográfica cuando podemos incrementar todavía aún más nuestra curva de producción, habría que trabajar sobre la curva de producción, eso es lo más indicado. Trabajar sobre la curva demográfica tiene tantos riesgos, encierra tantos peligros que optar por una política de control, dejando de lado todo argumento moral y aún cualquier consideración teórica no valorativa, es en cierta forma pecar contra la economía mientras no se haya presentado la coyuntura de estrangulamiento que se llama explosión demográfica. Pero, si bien en el Perú la curva de producción y la curva demográfica se apartan en el sentido de que la curva de producción es mayor que la demográfica, este apartamiento no es muy grande. Las cifras proporcionadas por el Banco Central de Reserva nos dan para el período 50-63 una tasa promedio de crecimiento del producto nacional bruto de 4.7% al año, mientras durante ese período el crecimiento demográfico ha sido 2.6, lo que nos daría una tasa de crecimiento en la renta per cápita de aproximadamente de 2.1%, pero todavía aquí hay un sector más grave y más limitante que es el enorme peso del sector externo en nuestra economía. La renta nacional, o sea, descontado el costo de los factores exteriores, no crece a ese ritmo de 4.7 sino de 3.5 que es siempre superior a nuestro ritmo de crecimiento demográfico, pero no tan grande. Para el período comprendido entre 1960 y 1964 esta cifra mejora. El crecimiento demográfico sube a 2.9 al año y el crecimiento del producto bruto a 5.7%, lo que, suponiendo la misma proporción entre renta y producto que en el período anterior nos daría un crecimiento de la renta de 4.0% y un crecimiento de la renta per cápita de 1.1%, significaría la duplicación de nuestra renta en 90 años. Tal es la situación de la cifra peruana que no puede ponerse en el extremo de la crisis, pero no permite pensar que estamos en pleno desarrollo y en pleno crecimiento aunque se haya discutido demasiado seriamente si estamos en crecimiento desarrollo o si estamos sólo en desarrollo o sólo en crecimiento. El Perú está realmente, a juzgar por las cifras disponibles, en condiciones de estancamiento y de esta condición debe salir mediante una utilización eficaz de sus recursos. Esta utilización de los recursos es posible por tres razones. La primera es el hecho demostrado empíricamente en la historia inmediata de que dispone de una variada gama de recursos de exportación, los cuales mediante una política hábil pueden permitir sin duda que se reproduzca lo pasado, por lo menos. Lo que en el pasado se produjo espontáneamente puede en el futuro repetirse mediante una planificación adecuada. Pero el desarrollo no es sólo un aumento de nuestras exportaciones, sino el aumento interno de los niveles de vida y de la producción del país para consumo interno, aunque la exportación tiene una gran importancia desde el punto de vista de la capitalización, de conseguir desde el exterior, maquinarias y equipo para el desarrollo. En el Perú existen recursos naturales que no son aprovechados al máximo. Tenemos varios casos a los que podemos recurrir para demostrar esas posibilidades. Uno es la industria pesquera, actualmente somos los mayores capturadores de pescado, pero todavía esta industria no se ha perfeccionado, está en un estado primario de explotación, porque exporta exclusivamente harina de pescado, cuando podría exportar alimentos combinados, vitaminas extraídas del pescado y una serie de productos distintos del pescado mismo En segundo lugar, esta industria no se ha volcado hacia el interior, no ha satisfecho las necesidades en proteínas de nuestra población, cosa que puede hacerse, cálculos serios demuestran que en un período de 20 años la industria del pescado podría suministrar todas las proteínas que faltan hoy y las que se requerirían dentro de 20 años para toda la población del Perú y con todo esto no se consumiría interiormente más que el 15% de la producción total del país. Por otra parte, existen amplias zonas en el país no explotadas. Puno tiene enormes posibilidades ganaderas no utilizadas por falta de selección, por el no uso del agua subterránea, por la falta de una serie de medidas que podrían ser realizadas con inversiones relativamente pequeñas. La ganadería de Puno no es una ganadería de primera calidad pero podría ser una ganadería de gran cantidad y dentro de esa baja calidad podría mejorarse mucho la productividad mediante selección y mediante otras medidas. Existen zonas igualmente utilizables para la ganadería en algunos puntos específicos de la ceja de montaña. Existen zonas agrícolas mal explotadas que puede ser que no representen un enorme emporio de riqueza, pero sí pueden representar en un período adecuado de 10 ó 20 años una duplicación o triplicación de sus productos, generalmente alimenticios, mediante técnicas adecuadas de abono, de perfeccionamiento de los cultivos y selección de la semilla. Pero el último punto es que esto, por supuesto, exigiría que se realice una política de planificación y supone, también, el cumplimiento de una reforma agraria que según parece está en marcha y hemos de esperar que sea lo suficientemente radical y coherente para que impida los frenos que se crean a través de sistemas de comercialización y propiedad inconvenientes a la elevación de la producción. Pero el más importante elemento con que cuenta el país es, sin duda, la poca utilización de sus recursos humanos. Las cifras estadísticas nos dicen que hay en el Perú una población en edad de trabajo de 49% y una población económicamente activa de 31%, es decir, que sólo en esta cifra, que no es la única, se está desperdiciando el 40% de la fuerza de trabajo peruana. Si esta fuerza de trabajo se aplicase a estas nuevas actividades indiscutiblemente el Perú podría salir del retraso, y ésta es una de las posibilidades que se abren a una política de desarrollo. Esta medida de la desocupación, digamos estructural del país, no es la única de las formas de desperdicio de fuerza humana que ocurre. En segundo lugar vienen los llamados subempleos de tipo agrario y de tipo urbano, subempleo que, por otro lado, no debe buscarse únicamente en aquellas personas que practican labores terciarias de poco rendimiento y de poca utilidad y que usan solo parcialmente su tiempo en el campo, sino inclusive en aquellas personas que no rinden todo lo que podrían rendir por razones de tipo sicológico, por falta de alicientes económicos, por falta muchas veces de una alimentación adecuada, sea sólo por ignorancia aunque dispongan de los medios de alimentarse, sea por indigencia a la que también se une la ignorancia. Hay una serie de elementos que no son de tipo cuantitativo sino de tipo cualitativo con rendimientos evidentes pero todavía no mensurables y estos elementos vendrían a ser la cobertura de los costos humanos. La cobertura de los costos humanos es, básicamente, proporcionar al hombre: la educación, la alimentación y la salud o el cuidado médico necesarios para que esté en condiciones de trabajo, y de perfeccionamiento de su capacidad de trabajar. A esto se une por supuesto ciertas garantías de tipo político y el tiempo de esparcimiento o de recuperación. Mediante estos mecanismos, el hombre viene a ser la primera máquina de su progreso, no cumplidos se realiza al mismo tiempo una injusticia de carácter social, pues, un grupo queda deprimido y, sin los beneficios de la cultura, se produce una pérdida ne-ta de recursos humanos. Es, pues, la atención de los costos del hombre una de las primeras y fundamentales obligaciones de un país subdesarrollado. Atender estos costos del hombre es un desembolso, pero es, sin duda, una inversión exactamente igual a las que se hacen en capital. Es una inversión que recupera para el trabajo, individuos que estaban total o parcialmente perdidos para éste. Esta es, pues, una obligación básica, y así se plantea el conjunto, la gama de posibilidades y la gama de interrogantes frente a los cuales hay que reflexionar una política de la población para el Perú que no puede limitarse a una política de población sino que tiene que ser económica, social; en general, una política orgánica y coherente del país. Habría que pasar revista breve a diversas formas de utilización de la población mediante planes de desarrollo de la comunidad, mediante el desarrollo simultáneo con un plan de desarrollo de la comunidad, de polos de desarrollo que permitan una articulación y promoción de la economía total. Plantear también el problema de las migraciones internas, de la posibilidad de una capitalización brusca y de levantar las tasas de actividad de los trabajadores peruanos deprimidos y todavía en etapa de producción primitiva. Estas son algunas interrogantes que pueden resolverse sólo a través de un estudio minucioso.
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