Acta Médica Peruana -    Vol.XVIII            N°2                    Mayo - Agosto 2001

 

CHARCOT: TRAZÓ CAMINOS NUEVOS

 

Salvador Nielsen

El estudio de la conducta humana irregular, como consecuencia de enfermedades físicas o psíquicas, se orientó gracias a la labor do un precursor llamado Juan Martín Charcot (18251829).

Fue un médico neurólogo francés cuyas enseñanzas aun tienen gran influencia en la medicina moderna. Incluso existen lesiones orgánicas que llevan su nombre, por haber sido este científico quien primero las identificó y describió; tal es el caso de los microinfartos múltiples o de Charcot. que afectan al cerebro y sus funciones normales. Entre sus muchos méritos hay que incluir el use médico de la Hipnosis y otra labor pionera al relacionar medicina y arte. A los 28 años de edad, Charcot recibió el doctorado en la Facultad de Medicina de la Universidad de París. Había hecho una excelente práctica hospitalaria, como encargado de la clínica y en 1856 ingresó en el Hospital General, de la capital francesa. Al año siguiente publicaba su obra De las expectativas en medicina, o sea, sobre los síntomas de diversas enfermedades.

Tres años después editaba un tratado sobre Neumonía crónica. Por entonces fue designado profesor auxiliar y en 1873 quedó a cargo de la cátedra de Anatómica patológica, siendo admitido en la Academia de Medicina. En esa misma década publica Enfermedades de sistema nervioso (1875) y enfermedades del hígado, vías biliares y riñones (1877), inaugurando un Museo anatomopatológico. En su laboratorio de la cátedra, comenzó a usar el para entonces flamante invento de la fotografía para documentar sus estudios. Aunque eran los estudios neurológicos los que más lo absorbían.

Su cátedra abrió una clínica de esta especialidad, llamada La Salpetriére, que comenzó a atraer la atención de todo el mundo científico, unos para elogiar la labor que allí desarrollaba Charcot y otros para ridiculizarla. Es que el profesor universitario estaba incursionando en una campana marginal entre la magia y la medicina: sugestión, magnetismo animal y varios nombres que se aplicaba a ciertas practicas reiteradamente condenadas por la ciencia oficial.

En la segunda mitad den siglo anterior. París se había visto convulsionada por personajes que despertaban pasiones encontradas; estaban quienes los consideraban milagreros y quienes los denunciaban como charlatanes de feria. En 1785 había sido apresado José Bálsamo, Caligiostro (1743-1795), un aventurero italiano que gozó al principio de un período de gran popularidad en la corte de Luis XV. Dos años mas tarde, los médicos de Austria habían conseguido que el gobierno de su rey José II expulsase a Francisco o Federico Antón Mesmer. Este médico ), teólogo había nacido en 1734 en Iznang, cerca del lago Constanza y estudió las doctrinal de Paracelso (1493-1541 DV n° 314,334) médico y químico que había dado cl salto de la alquimia medieval a la moderna farmacología, este Mesmer había inventado o descubierto el mesmerismo, definido como un fluido invisible que transmitía imponiendo las manos. Así provocaba el sumo artificial en sus pacientes, obligándoles a actuar dormidos, obedeciendo sus órdenes o sugestiones. Cuando lo expulsaron de su tiara por practicas mágicas se fue a Paris donde puso una clínica en la que atendía casos de histeria y paranoia. El rey Luis XV (1710-1774), ante el éxito que tenía el austriaco nombró una comisión de notables (1784) para que lo investigasen: la integraban, entre otros Benjamín Franklin (1706-1790 DV n° 314,334) y Antonio Lavoisier (1743-1794 DV n° 278). Eran los tiempos en que se estaba descubriendo la electricidad y no se sabia bien que era esa nueva fuerza que afectaba tanto a los objetos animados como a los inanimados.

 

 

Se hablaba de una magnetomanía, que abarcaba todos los campos do las ciencias: desde la mecánica a la medicina. El Francés Carlos Coulomb (1736-1806) aclararía algo el panorama en 1785, y en 1792 el italiano Luis Galvani (1787-1798) volvería a complicarlo, al comprobar la existencia de un magnetismo animal.

Lo cierto es que Mesmer fue condenado también en Paris, se le advirtió sobre los peligros potenciales de esas terapias, se le retiró la licencia de médico y debió retirarse a la vida privada en su pueblo natal de Austria, donde murió.

Aquello que había iniciado comenzó a desarrollarse y Charles Poyen lo llevó a Estados Unidos, flamante país independiente y ávido de novedades, mientras que el médico inglés Jaime Brid (1796-1860) lo puso de moda en Londres y lo bautizó Hipnotismo.

Pero cuando cayó la monarquía francesa y tomaron el poder los revolucionarios democráticos, apareció otro curiosos personaje llegado de Extremo Oriente. Se trataba de José Custodio Faria, un mestizo nacido en 1775 en Goa, ciudad perteneciente al entonces llamado Estado da India provincia portuguesa de ultramar ubicada en el Indostán. Este joven tuvo una esmerada educación en Lisboa y luego había recibido las órdenes religiosas en Roma. Siendo abate fue perseguido por razones políticas y debió huír de la capital portuguesa a Paris, donde participó de los sucesos revolucionarios. Residiendo en el sur den país galo comenzó a difundir ciertos usos de los brahamanes.

Al volver a Paris impone su versión oriental del mesmerismo, explotando el aire exótico que le daba su cutis de mestizo. Tanto se habló de él que varios escritores lo incluyeron en sus obras. Incluso Alejandro Dumas (1802-1870) lo imagino muriendo en el castillo prisión de IF, donde compartía celda con el Conde de Montecristo.

Tales son los antecesores que tenía el catedrático Charcot cuando aplicó estas discutidas prácticas en La Salpetriére. Hacia caer a sus pacientes en letargo, en catalepsia y en sonambulismo. Las sesiones públicas se convirtieron en un espectáculo, ya que, junto a médicos y estudiantes asistían damas y caballeros sin vinculación con la medicina.

Entre los estudiantes figuraba un joven alemán llamado Sigmund Freud (1856-1939) a quien Charcot, por sus condiciones, le pidió seguir profundizando el tema de la histeria desde la psicología. Un día, de allí nacería el psicoanálisis.

Charcot algo debió intuir: sabía que siempre hay nuevos caminos para andar y el eligió la ardua misión de trazarlos.