EDITORIAL
EL BIOTERRORISMO Y LA GUERRA BIOLÓGICA...
En los últimos años, el conocimiento alcanzado en el campo de la microbiología, y su interacción con otra científica de gran auge en estos tiempos como la ingeniería genética, ha permitido un uso cada vez más frecuente y dolorosamente eficiente de microorganismos potenciados en su capacidad patogénica, con una virulencia extrema y una mayor capacidad de diseminación, para su uso con fines bélicos. Desde los inicios del siglo XX, se evidenciaron los primeros intentos por utilizar microorganismos con la finalidad de exterminar ejércitos enemigos. Sin embargo, la falta de tecnología adecuada para la producción y conservación de cepas y cultivos no pemitió su uso más sistemático hasta finales de la década de los 70, más aún cuando la novísima ingeniería genética permitió manipular los genomas de microorganismos, haciéndolos más resistentes a las condiciones ambientales- especialmente si tenían capacidad de esporulación-, como también más virulentas, sumando cuando era posible, una adecuada infectividad para garantizar su rápida diseminación. En la última década, los diferentes reportes, tanto científicos como aquellos dirigidos a la comunidad general, han identificado una gama cada vez mayor de microorganismos potenciados para servir a los propósitos de una posible guerra biológica. Los agentes productores de la peste bubónica, el botulismo, la influenza, el ántrax, la taluremia y las fiebres hemorrágicas virales, entre otras entidades, no sólo han mostrado las características biológicas necesarias para su uso como arma letal, sino también su manipulación genética ha rewsultado más accesible a la ciencia, tomándolas más infectantes y patogénicas. Sin duda alguna, el Bacillus anthracis, causante del ántrax o carbunco, ha logrado una mayor notoriedad en la opinión pública mundial ha raíz de acontecimientos actuales que involucran un nuevo fenómeno social como el Bioterrorismo, toda vez que ha mostrado una capacidad de conservación y almacenamiento muy eficientes, que le permite ser transportado a grandes distancias, gracias a su esporulación por largos períodos de tiempo. Sin embargo, el ántrax ha sobrevivido desde hace mucho tiempo y hasta la actualidad en comunidades situados en países con pobre infraestructura de salud y escasa espuesta a la crianza informal de ganado vacuno infectado. En el Perú, son frecuentes los reportes de casos y brotes presentados en áreas de alta endemicidad con Ica. Como es sabido, la forma cutánea es la presentación clínica más frecuente, en tanto que las complicaciones neumónica o gastrointestinal resultan excepcionales. Es aquí donde la manipulación genética ha logrado cepas que muestran un marcado tropismo por el tejido pulmonar y una mayor capacidad infectiva por aerosoles, ocasionando una alta morbimortalidad cuando se diseminan en una comunidad susceptible. En el presente número, hemos decidido la publicación de dos trabajos relacionados a esta enfermedad. Por una parte, el Dr. Alberto Laguna desarrolla una importante revisión sobre el tema, en tanto que el Dr. David Salinas, expone una experiencia singular sobre el impacto ejercido por la enfermedad en comunidades andinas y la cosmovisión que han desarrollado sobre el particular. El futuro mostrará una mayor capacidad de la ciencia para manipular genéticamente diferentes organismos vivientes. Su uso puede resultar extremadamente beneficioso para mejorar la calidad de vida de la sociedad, pero también puede significar una potencial amenaza para la salud de nuestras poblaciones. El quehacer científico no puede ceder a la manipulación política, religiosa o de cualquier otra índole. Es un reto que debe ser asumido por las sucesivas generaciones de investigadores en todo el mundo.
Dr. Hugo Manrique Chicoma Editor responsable
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