| Luis Trelles Montero
(1942-2001)
Lo lógico sería - si la vida tuviera alguna lógica - que Lucho escribiera mi
necrologio, por obvias diferencias etarias, pero como co-Director, la fuerza de las
circunstancias me obliga a escribir, superadas las barreras emocionales de los primeros
días, unas líneas en su memoria. Lucho era una persona transparente, sin tapujos, con la
verdad y el afán de servicio a flor de labios y de accion. Al pedirle cualquier cosa que
no surgiera de su espontaneidad, uno tenía temor de herir algun rincon de su acusada
sensibilidad. Cordial y generoso, la sonrisa adornaba permanentemente su juvenil rostro.
Su porte revelaba la tranquilidad de su espíritu y la serenidad de su intelecto. Su
angustia frente a determinados aspectos de la vida no era paralizante, sino, como toda
angustia normal, estimulante del buen pensar y del mejor hacer.
Aunque lo conocí de niño - ¿quién que visitara la casa del profesor Óscar Trelles
hace algunas décadas no recuerda a los hijos que aparecían de improviso? -, es su imagen
de adulto joven la que conservo de siempre. Recuerdo que Don Óscar me dijo, para darle
solemnidad a la sucesión hereditaria, con ese su estilo algo impositivo: "quiero que
mi hijo Lucho sea el Kronprinz en la Revista de Neuro-Psiquiatría", lo quería como
sucesor en la Revista, pedido que me pareció perfectamente normal, cuando vacara la
dirección. Es conveniente, agregué, que se familiarice con los trabajos modestos, sin
lucimiento, pero que permiten "hacer" la Revista.
Eran tiempos de dificultades económicas grandes y lo más importante era conseguir la
colaboración de los anunciadores. Le di a Lucho ese ingrato cargo, y con frecuencia lo
encomiaba a un célere cumplimiento de sus obligaciones. "Voy a perder los pocos
cabellos que me quedan" se quejó Lucho a su padre. Éste me llamó y me dijo poco
más o menos lo siguiente: "Mis hijos han nacido en cuna de oro, a diferencia de Ud.
que proviene de la escuela del trabajo. Dele a Lucho trabajos más ligeros". No le di
ninguno, salvo instarle, benevolamente, para alguna colaboracion en la Revista. Así, a lo
largo de una década, nos llevamos a las mil maravillas. Le enviaba los primeros
ejemplares, recién salidos de la imprenta, de la Revista; me cuentan que los recibía con
la misma alegría.
Luis Trelles Montero nació en Lima, el 3
de septiembre de 1942, primogénito en el hogar de Óscar Trelles Montes y de María
Montero Muelle. Hizo estudios primarios y secundarios en el Colegio de La Recoleta, en la
tradición francesa cara a su padre. Los estudios médicos universitarios los hizo en
Lima, en la Universidad Peruana Cayetano Heredia, continuándolos en París, en la
Universidad del mismo nombre. Optó el título de bachiller en la UPCH con una tesis sobre
la neurobartonellosis, que publicaría despues, ampliada, con su padre, en la Revista de
Neuro-Psiquiatría.
Con su padre, Don Julio Óscar Trelles Montes, fundador de la Escuela Neurológica
Peruana, Lucho estaba preparando un libro, Introducción a las Neurociencias; alguna vez
vi el texto manuscrito, sin ilustraciones, que debía publicar la Universidad Peruana
Cayetano Heredia. Se solicitaba mi opinión, que la di de inmediato, con el reclamo de su
pronta publicación. Creo que el mejor homenaje a Luis Trelles será la edición de este
libro por sus discípulos y amigos de Santo Toribio.
Lucho, quien era ahijado del Profesor Honorio Delgado, participó en el programa del
Centenario del nacimiento del maestro sanmarquino, con un hermoso y buído texto que
leyera con ocasión del homenaje rendido por la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de
la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Lucho, como casi todos los médicos en el país, tenía que atender en la mañana el
hospital y las clases y prácticas con los estudiantes de medicina. Lucho era jefe de
departamento del Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas "Óscar Trelles
Montes", en el antiguo Hospital Santo Toribio de Mogrovejo de los Barrios Altos de la
vieja Lima. Era, al mismo tiempo, profesor de Neurología de la Facultad de Medicina de la
Universidad Peruana Cayetano Heredia, en la que alcanzó el grado de profesor principal.
Pero en lo que a enseñanza universitaria más lo llenaría, sería la Facultad de
Psicología de la Universidad Católica, quizá porque cumplía esta tarea cercano a su
esposa, la Dra. Cecilia Thorne.
En las tardes se ocupaba, además del consultorio, del centro de Resonancia Magnética
Nuclear, que en unión de otros neurólogos puso en marcha desde 1992. Estaba de veras
apasionado con las imágenes logradas y su ayuda en el diagnóstico, en los últimos
tiempos, con la resonancia magnética funcional que agregaba el estudio dinámico del
"cerebro en accion". En conversación cercana, manifestó su entusiasmo por esta
nueva técnica y me mostró los primeros resultados de la casuística que quería publicar
en la Revista de Neuro-Psiquiatría.
Lucho Trelles tuvo una vida corta pero eficaz. Segó su noble existencia un infarto
fulminante que le ocurrió mientras pasaba visita en una de sus viejas salas del
Instituto. Irradiaba bondad y una actitud afirmativa frente a la vida y sus contrastes.
Sus pacientes, - en especial los pobres - y sus alumnos lo querían muchísimo. Para los
que hacemos la Revista de Neuro-Psiquiatría nos será difícil acostumbramos a su
ausencia.
Javier MARIÁTEGUI
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