[Neuro_psiquiatria/TLXIII_Set-Dic_Nº3-4_/encabezado20_1.htm]
JOSEF BROZEK Y MARINA MASSIMI, organizadores: Historiografía da psicología moderna. - Un volumen de 439 páginas. - Sao Paulo, Edicoes Loyola, 1998. Permítasenos un recuerdo personal. Corría el año 1979 cuando tuvimos oportunidad de conocer en Würzburg (Alemania Federal) a Josef Brozek, que era en ese memento Senior Fulbright Research Fellow. Se encontraba Brozek en esa hermosa ciudad alemana preparando en colaboración con Ludwig J. Pongratz, Profesor de Psicología de la universidad local, Historiography of modern psychology, que aparecería un año después. A lo largo de ese año tuve la oportunidad, privilegiada, de asistir a la preparación final de este volumen, que incluyó trabajos de especialistas de diferentes países. Han pasado veinte años de la aparición de esta obra, convertida entre tanto en un clásico de la historiografía psicológica, y podríamos decir que, celebrando esas dos décadas de este libro, ha aparecido la versión portuguesa, que aquí comentamos. Historiografía da psicología moderna conserva algunos capítulos de la versión original, pero incluye otros: "A presenca do pensamento filosófico na psicologia contemporánea", de Antonio Gomes Penna (pp. 49-60); "Historiografia da psicologia na Espanha 1980-1985", de J. Brozek (pp. 141-158); "Uma historia da psicologia na América Latina", de Hugo Klappenbach y Pablo Pavesi (pp. 171-208); "A história da psicologia no Brasil visitada por J. BrozeV, de J. Brozek y R. León (pp. 223-235); "Arquivos e bibliotecas para a história da psicologia brasileira", de Regina Helena Freitas Campos y M. Massimi (pp. 305-311); y, "Algunas reflex6es acerca dos fundamentos da abordagem social em história da psicologia", de Mitsuko Aparecida Makino Antunes (pp. 363-374). Hay, además, un comentario introductorio de Brozek a la parte de Archivos; y un prefacio y un epílogo, preparado por los organizadores. La versión portuguesa que tenemos en mano conserva todo el valor de la obra en inglés. La lectura de esta obra, ya sea en su versión inglesa o en la actual, es casi una obligación para todos los estudiosos de la historia de la psicología y las ciencias humanas. Este es un libro de teoría, de panorámica y de carácter técnico. De teoría, porque pasa revista en su Parte I (Prolegomena) a aspectos de fundamentación y de sentido del trabajo histórico en psicología. "Rumo a uma historiografia critica da psicología", de W. R. Woodward, se lee con gran provecho. Es una obra de panorámica, porque ofrece una amplia visión de la historiografía de la psicología en el mundo (parte II), un área en la cual Brozek ha desarrollado una labor pionera durante muchos años. Precisas y valiosas indicaciones bibliográficas se encuentran en la parte III del volumen. Y el carácter técnico de esta obra se pone de manifiesto en las partes III y IV (Arquivos y Abordagens historiográficas, respectivamente), que ofrecen interesantes sugerencias para el trabajo y el estudio de todos aquellos que desarrollan su actividad en el campo de la historia de la psicología.
FERNANDO CANDA MORENO (Coordinador General): Diccionario de pedagogía y psicología.- Un volumen, hardcover, de 376 páginas.- Madrid, Cultural, 1999. "El presente Diccionario de Pedagogía y Psicología pretende ofrecer, tanto al lector profesional como al que se inicia en la materia e incluso al profano, una extensa muestra del enorme vocabulario que poseen estas dos disciplinas científicas": con estas palabras la editorial Cultural da inicio a la presentación del volumen que comentamos. El Diccionario es, en efecto, una extensa muestra psicolexicográfica y paidolexicográfica que llamará la atención del lector por su exhaustividad y su amplitud, dado que contiene un numeroso grupo de entradas que van más allá de la psicología y la pedagogía (por ejemplo, bit, pg. 43; o clorpromazina, pg. 55). Un rasgo y una ausencia definen esta obra. El rasgo es el de la actualización. El lector, revisando sus páginas, podrá darse cuenta de que el Diccionario ha incluido mucho de lo más moderno y actual en psicología y pedagogía. Pero también lo antiguo y lo establecido han sido considerados. Una muestra: el tratamiento dado al término alteridad. Sólo un par de líneas tomadas de la entrada, de la página 18: "Estado, cualidad de lo que es otro o distinto. La alteridad seria definida como 'ser otro', es decir, la condición del sujeto según el cual los otros seres son distintos a él. Desde este punto de vista, la alteridad se opone a la identidad. En sentido estricto, este término sólo concierne a la existencia humana, y por eso siempre ha sido objeto de especial atención por parte de la psicología y la pedagogía". La ausencia está referida a la dimensión histórica de ambas ciencias: no hay biografías ni entradas que traten de modo especifico de la historia de una y otra. Pero, debemos anotar que en muchas entradas hay consideraciones de naturaleza histórica. Hay que destacar, sin embargo, la amplitud de criterio que preside esta obra. Conceptos psicoanalíticos, fenomenológicos, neuropsicológicos, o propios de la teoría de Piaget, encuentran espacio y adecuado tratamiento. Las últimas 24 páginas presentan muestras y reseñas técnicas de tests de inteligencia, de aptitudes, de personalidad, pedagógicos y de rendimiento. Obra bien concebida, amplia en perspectiva, actualizada: eso es este Diccionario. El trabajo editorial es de calidad: la tipografía nos parece adecuada y el formato es el pertinente para una obra destinada al uso repetido.
Fernando Lolas, médico psiquiatra chileno, gran am¡go del Perú y Director actual del Programa Regional de Bioética para América Latina, ha escrito el presente libro con el estilo elegante y convincente al que nos tiene acostumbrados. En su contenido se encuentra explicado con lenguaje "bioeticista" las perspectivas sobre la salud y la enfermedad. Para ello ha escogido como temas: la diferencia entre "curar", "sanar" y "cuidar", igualmente las relaciones entre lo corporal y lo espiritual, la diferencia entre "menoscabo", "discapacidad y "minusvalía", y finalmente las significaciones de "sentirse enfermo", "tener una enfermedad" o "ser considerado enfermo". Todos somos dolientes pero no pacientes, por lo tanto no es rutinaria nuestra visita a los centros de salud, más bien es frecuente que apliquemos reglas prácticas a las diversas modificaciones que percibamos. La curación se produce en el cuerpo teórico y su arte tiene íntima relación con la medicina, "sanar" no es solamente obra de médicos, también es obra de expertos, y cuidar es la parte "reprim¡da" del ejercicio médico, que no coincide con la praxis instrumental y sí mas bien con el médico "magister"; la enfermedad sentida como "menoscabo" o "minoridad" es algo intrasferiblemente personal, enfermo estoy cuando soy incapaz de hacer y conducir. Se tiene la enfermedad cuando se descubre algo, pero tener la enfermedad no es lo mismo que sentirse enfermo, y ser considerado enfermo, atañe más a mis parientes o amigos. Esta síntesis apretada sólo desea destacar la importancia del libro escrito por Fernando Lolas para los trabajadores de la salud, y para todo aquel que detenga su atención en el ser humano.
Un antropólogo norteamericano se enamora de la cultura y la historia de uno de los llamados países "subdesarrollados", lo visita, trabaja en él con devoción y consistencia y luego escribe con pluma a la vez tierna y penetrante, acerca de sus hallazgos. Tal podría ser el comentario nuclear en relación a este volumen que recoge las observaciones de Stein en tomo a la cuotidianeidad y a los trabajadores del legendario Pabellón 20 del Hospital Víctor Larco Herrera, poco después de su inauguración hacia finales de la década del 50. El autor presenta una descripción vívida de las realidades que examinó, formula sesudos comentarios e incluye, razonablemente, sus propias ideas y sentimientos frente a aquéllas. Y más allá de todo ello, exhibe también una fe perdurable en un futuro mejor para el escenario de su estudio y para el país que lo acogió con recíproco afecto. El autor del Prólogo es el Prof. Javier Mariátegui, quien conoció a Stein cuando aún fungía de "asistente libre", miembro voluntario del personal médico del Pabellón 20. Mariátegui no sólo nos dice que Stein se dio a la tarea de aprender quechua a fin de romper las barreras de incomunicación con un amplio segmento de nuestra población, sino también nos ofrece, en su lúcido estilo, una visión certera de aspectos no muy conocidos de la historia de la psiquiatría peruana y del Hospital Larco Herrera. Es éste un testimonio de la singular capacidad del psiquiatra latinoamericano para conjuncionar, con elegancia y solidez raras veces vista en otras latitudes, conceptos socio-culturales y neurobiológicos en el complejo territorio de nuestra disciplina. El capítulo 1, titulado "Imágenes de la Psiquiatría Peruana", describe al Pabellón 20 y su plana profesional y laboral, así como al grupo de 70 pacientes internados y los más de 300 asistiendo a la consulta externa. Stein describe acertadamente los aspectos micropolíticos de la vida en el Hospital, la colisión de intereses y objetivos abogados por administradores y clínicos, los alcances insuficientes de instituciones hospitalarias basadas puramente en principios de caridad y compasión, la diversidad de roles en juego y los mal disimulados favoritismos de ', administradores sumamente conscientes de las limitaciones del presupuesto". En una analogía feliz, describe la "vida laminada" de médicos y enfermeras que laboran en más de un centro de trabajo (y en diferentes tipos de trabajo) para poder sobrevivir. Balancea sin embargo esta descripción ominosa, con reflexiones esperanzadas en torno a maneras de "rectificar pasados errores". En el capítulo 2, "Conceptos de enfermedad mental existentes en la población hospitalaria", Stein presenta los diferentes lenguajes y perspectivas de pacientes, profesionales, enfermeras y personal de apoyo. Las nociones de típica base cultural en tomo a la etiología de la enfermedad mental, verbalizadas por los pacientes (ira de Dios, nutrición pobre, heridas en la cabeza, defectos morales), establecen un elocuente background para el espectro biopsicosocial de opiniones así recogidas. Stein examina la "distancia cognitiva" entre pacientes y doctores, un deficientemente percibido elitismo que erosiona la efectividad terapéutica de sus actores. En el Capítulo 3, titulado ¿Qué es un hospital mental?, el autor detecta la "ambivalencia estructural" que hace que el sistema funcione, sin proponérselo por cierto, en contra de los altos objetivos de una auténtica institución psiquiátrica. Esta es una de las mejores secciones del libro ya que describe ejemplos específicos y elocuentes de esta ambivalencia, vgr. el papel y la conducta de las religiosas que laboraron los dos primeros años en el Hospital, los cuales, guiadas por nociones demonológicas en torno a la enfermedad mental, no vacilan en tratar cruelmente a los pacientes al tiempo que profesan su deseo de ayudarlos en nombre de Dios. "Ser un enfermo mental en el Perú, tópico del Capítulo 4, permite a Stein desarrollar algo más conceptos tales como 1ocura en tanto que constructo social" o "el ser un enfermo mental es fundamentalmente una condición política". Más allá de tan categóricas opiniones, sin embargo, el autor deja en claro que tanto pacientes como profesionales conocen verdaderamente los objetivos fundamentales de la institución hospitalaria. Otra contribución original es la aplicación del "modelo familiar" para la "Definición de roles sociales en la población hospitalaria" (Capítulo 5): los médicos son los padres, las enfermeras son las madres, los empleados o ayudantes, los hermanos mayores de los "niños pequeños" -los pacientes. El rol pasivo de estos últimos está prácticamente predeterminado, señala Stein, aun cuando propone "Funciones custodiales" adecuadas a este tipo de población clínica. Temas para ser pensados. Los últimos dos capítulos se ocupan con entrevistas a los empleados y las enfermeras del Pabellón. Las declaraciones de los primeros se resumen elocuentemente en el concepto de "esperanzas diferidas", en' tanto que a las de las enfermeras se les subtitula identidades equivocadas". Los asistentes o ayudantes psiquiátricos no son ni profesionales ni empleados; de hecho, algunos de ellos se llaman a sí mismos, "obreros". Procedentes de pequeños pueblos andinos, migrantes internos a la gran ciudad en pos de un trabajo, tienen en general educación limitada y de alguna manera son conscientes "no sólo de sus diferencias sino también de su reglamento", noción esta última prestada de Derrida que Stein encuentra particularmente aplicable al grupo. Los ayudantes no tienen chance alguna de avance laboral, pero muchos de ellos se sienten felices de mantener un trabajo, no sorprendiendo por lo tanto el que consideren al "asilo de lunáticos" como un lugar vivible, y su trabajo como "agradable". Encuentran un compensatorio "poder" simbólico en ser los guardianes de llaves de los dormitorios, camarines y puertas de entrada y salida del Pabellón. Mi único comentario en torno a este punto es que la comparación con asistentes en hospitales psiquiátricos estadounidenses o canadienses puede no ser apropiada para el estudio de empleados peruanos. No sólo es el status económico y social diferente y por lo tanto difícil de comparar, sino que también lo es su perspectiva cultural y la percepción de su papel en una institución psiquiátrica. Aunque la base bibliográfica es sólida, el autor tiene que recurrir frecuentemente a escritos de autores europeos y norteamericanos, algunos de ellos seguidores del movimiento "antipsiquiátrico". Por otro lado, aun cuando algunas de las realidades del Perú de los años 50 y 60 todavía persisten, ello no justifica la obsolescencia de los asilos, merecidamente denunciada en la moderna literatura psiquiátrica y antropológica. Las enfermeras fueron el grupo más difícil de entrevistar. Stein concluye que ello se debió menos al hecho de que estaban "muy ocupadas" (que sí lo estaban) y más a su dolorosa confrontación con la ambigüedad de su identidad profesional y a la complejidad de su situación laboral. Los "muchos silencios" de esta subpoblación reflejan no sólo su condición de "subordinación múltiple' sino el conflicto inherente a los cambiantes papeles de las diversas profesiones dentro del Pabellón y en el hospital en general. El autor detectó significativa ansiedad subyaciendo a las respuestas que recibió y describe magistralmente la paradójica situación de una profesión a la que en el Perú al igual que en otras partes del mundo, se le sabe necesaria pero se la mantiene drásticamente relegada. La última sección del libro es un "Postfacio", para usar nuevamente el lenguaje de Derrida. Stein presenta su informe "a las personas que tuvieron la generosidad de recibirme y abrírseme con franqueza en l959". Describe aquí el proceso que lo condujo a escribir el libro casi 40 años después de concluir su investigación. En este sentido, le pareció más fácil retomar a la esencia de su misión original en el Perú de los años 50, y fue más capaz aun de usar su acumen antropológico con certeza y profundidad. Por otro lado, el tiempo transcurrido le permitió también enriquecer su acerbo bibliográfico y sus puntos de vista teóricos con una infusión significativa de contribuciones psicoanalíticas y "deconstruccionistas", mixtura algo disbalanceada sin embargo. El objetivo de generar un entendimiento más efectivo de la estructura interna y las circunstancias externas de un hospital psiquiátrico en un país lleno de angustias es mucho más complejo que los medios que Stein tuvo a su alcance. Pero el libro es un tributo genuino a la amistad y al amor por el objeto de su estudio, al mismo tiempo que un testimonio de su honestidad profesional y de su altísima textura ética.
|