Citando un amigo se va//galopando
su destino// Mi primer encuentro con Guillermo VIDAL fue, como el de muchos otros psiquiatras latinoamericanos, con su palabra escrita. Desde la tribuna de Acta Psiquiátrica y Psicológica de América Latina, su obra magna, había comenzado en 1954 su pregón incansable, su trabajo pionero de didacta original y corajudo, el cultivo de una esperanza que nada tuvo de ilusión ni de utopía. Admiré desde siempre ese magisterio a distancia que destilaba los dolores y los goces de una vida intensa, la pureza de una relación sin compromisos y la sabiduría intemporal que se hace sonora y cala hondo a través del texto apasionado y sólido. Cuando una tarde de octubre de 1975 en Lima, Mariano QUEROL 10 puso al teléfono para que me informara directamente respecto a la suerte del primer artículo que yo había enviado a Acta, mis temores de novato se disiparon muy pronto con las palabras cordiales y firmes al otro lado de la línea: "Es un placer conocerlo Dr. Alarcón. Gracias por su artículo, me gustó mucho. Lo publicaremos pronto... Siga Ud. colaborando con la Revista". La palabra escrita se hizo voz de afabilidad y aliento. Y allí arrancaron 25 años de una amistad vital, sincera y entrañable. Amistad puesta a prueba muchas veces y de cada una emergiendo más profunda y transparente, más hechura del VIDAL al que tanto quisimos.
¡Se puede escribir tanto y tantas cosas acerca de Guillermo! Su biografía es la de un ciudadano del mundo que nunca perdió la perspectiva vital y vibrante que le dieron sus años de niño en la ciudad, el campo y la provincia. Su vida fue una jornada agridulce en la que, sin asomo de paradoja, una imaginación disciplinada lo protegió de demonios mordaces. Su trayectoria fue la de un intelectual y un humanista que escogió ser médico y fue capaz de conjugar como pocos profesión y vocaciones primigenias. Su acción reflejó la visión quijotesca de un mundo saturado de entuertos y el optimismo pollyaniano de hacer siempre "cosas andaderas" (una de sus palabras favoritas): el hombre de las promesas y de las posibilidades, el peregrino de las esperanzas y de las realizaciones. Aun su muerte mostró otras mil facetas eminentemente vidalianas: estoicismo, terquedad, humor y, finalmente, realismo y aceptación de lo inevitable. Una vida plenamente vivida, una pasión de múltiples ahondes, una muerte de la que aun emanan los mensajes más sublimes. Guillermo nació en Buenos Aires el 13 de junio de 1917. Cuando pequeño, sin embargo, su familia emigró a España (Orense) y él estudió su ciclo secundario en Santiago de Compostela. De vuelta a América enrumbó a Asunción (Paraguay), donde se graduó como médico en 1943.
En marzo de 1947, una guerra civil que duró 9 meses asoló Paraguay. Y Vidal, el apasionado, emergió guerrillero:
Después, el retorno a Buenos Aires. La inquietud docente, el trabajo clínico, la pluma incansable. No pocos "encontrones" con la mediocridad apátrida, la intolerancia energúmena, las rigideces burocráticas o la apatía extraviada. Más, también la convicción de que una vida no debe perderse en retóricas opacas o en lamentos endebles. Vinieron conocencias con futuros compañeros de lucha, la revigorización de ideales, el afianzamiento de objetivos largamente acariciados, al conjuro de pequeñas victorias y comprensiones alentadoras. Así se fue formando Acta y el hombre de provincia se hizo forjador en la metrópolis, el solitario del Paraguay se hizo líder en Argentina y Latinoamérica, el clínico se hizo publicista y el intelectual se hizo editor de una revista psiquiátrica. Los tres nombres de la revista, a lo largo de sus casi 50 años, jamás cambiaron su destino. Los obstáculos y problemas a lo largo de la jornada, nunca alteraron su derrotero.
Y a fuerza de tenacidad y firmeza, a tropezones y a golpes, con errores nacidos de una inexhausta búsqueda de la excelencia, nació primero Acta Neuropsiquiátrica Argentina (1954), rebautizada después como Acta Psiquiátrica y Psicológica Argentina (1962) y finalmente Acta Psiquiátrica y Psicológica de América Latina (1964). Los límites nacionales se hicieron imprácticos, el número de suscriptores latinoamericanos había ido creciendo. A partir de ese momento es cuando Acta llena realmente el vacío dejado por la desaparición, en 1954, de la Revista Latinoamericana de Psiquiatría fundada por Gregorio BERMANN, mentor temprano de Guillermo VIDAL. No sólo el cambio de nombre sino la inclusión de consejeros de los países latinoamericanos en el Comité de Redacción vinieron a cristalizar el decidido propósito de la revista: estrechar vínculos con todos los psiquiatras del subcontinente. El cambio no se redujo a los aspectos formales. Acta se vio enriquecida por nuevas secciones, más y mejor material de lectura, cierto aire periodístico y la colaboración de profesionales de la talla de Juan MARCONI, Carlos Alberto SEGUIN, Javier MARIÁTEGUI, Humberto ROSSELLI, Gonzalo ADIS CASTRO, Carlos A. LEÓN, Stanislay KRINSKY, Raúl H. VISPO y otros. Más aun, el 16 de agosto de 1966 se constituyó formalmente la "Fundación ACTA, Fondo para la Salud Mental y la revista se incorporó como órgano de la misma. Se aspiraba a que la nueva institución no fuera una sociedad de beneficencia sino una empresa de bien público, que produjera y fomentara salud mental de la mejor calidad. En el espíritu de esta empresa se aunaron afanes científicos y humanitarios -Vidal en cuerpo y alma- para brindar a la comunidad servicios que, hasta ese momento, no había sido administrados ni por el Estado ni por la iniciativa privada. La Fundación ACTA patrocinó entre mayo de 1962 y octubre de 1972 una Escuela de Psiquiatría con residencia médica de 3 años y una clínica que, por su orientación psicodinámica y de puertas abiertas, fue modelo en su género, con Vidal como conductor incansable. Gracias a un subsidio de la American Psychiatric Association, ACTA publicó en 1962, la traducción al español del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-II). Se distribuyeron entonces, libres de cargo, 2000 ejemplares por toda América Latina. Entre 1969 y 1971 ACTA editó anualmente un Directorio de Psiquiatras de América Latina, que fue distribuido generosamente por todo el continente. Merecen, destacarse asimismo, entre las publicaciones de ACTA, cuatro monografías que en su tiempo marcaron rumbos: "Epidemiología del alcoholismo en América Latina" (1967), "Epidemiología psiquiátrica en América Latina" (1970), "Patología y terapéutica del grupo familiar" (1970), "Temores y fobias" (1981), obras todas ellas de conspícuos investigadores hispanoamericanos. La Fundación también propició investigaciones de carácter clínico y epidemiológico y se organizaron varios coloquios internacionales: Familia y enfermedad mental (17 y 18 de julio de 1964) con la participación de N. ACKERMAN, R. CASTRO DE LA MATA, J. BEAVIN, J. BLEGER, E. VERÓN Y C. SLUZKI; Epidemiología de los trastornos mentales en América Latina (7 y 8 de julio de 1966) con la participación de J. MARCONI, Galeano MUÑOZ, D. AZOUBEL NETO, M. GARBUKSKY, A. TORRENS, A. TARNOPOLSKY, G. DEL OLMO, V. PROSDOSCIMI Y S. BERMANN. Investigaciones en Psicoterapia (12 y 13 de enero de 1969) coordinado por Héctor FERRARI; La violencia en América Latina, coordinado por Eliseo VERÓN; y Futuro de la Psicoterapia, con la participación de M. LANGER, H. FIORINI, B. ROSARIOS, R. USANDIVARAS Y G. VIDAL (ambos coloquios en 1970). El último coloquio, coordinado por Jorge SAURÍ, fue dedicado al tema de las Psicopatías. Por ocho años consecutivos, a partir de 1965, Acta rindió homenaje a las figuras más señeras de la psiquiatría latinoamericana: Honorio DELGADO (Lima) en 1965, Julio ENDARA (Quito) en 1966, Enrique PICHÓN-RIVIERE (Buenos Aires) en 1969, Angel GARMA (Buenos Aires) en 1970, Mauricio GOLDENBERG (Buenos Aires) en 1972 y Carlos A. SEGUN (Lima) en 1972. En 1977, VIDAL publicó la Enciclopedia de Psiquiatría (732 páginas) con la colaboración de H. BLEICHMAR y R. USANDIVARAS. Su éxito llevó a una segunda edición en 1979, anticipo grandioso de la Enciclopedia Iberoamericana de Psiquiatría, tres volúmenes publicados casi 20 años después. ¡Raro ejemplo de consistencia en un continente de realidades efímeras! Acta fue la pasión central de un hombre que fue esencialmente un compendio de pasiones complejas. La revista ha reflejado, como pocas publicaciones de su género en el mundo, la visión y la fibra de su fundador. Porque nada humano le fue ajeno y porque para VIDAL el humanismo fue religión y actitud, ser y que hacer, Acta fue una cruzada permanente al rescate de esos valores irrenunciables. Por eso y porque VIDAL fue un pensador de perspectiva amplísima, Acta no sólo fue psicológica o psiquiátrica sino esencialmente tribuna antropológica y foro de debates doctrinarios. Por aquello y por esto, y porque los horizontes de VIDAL fueron espacio casi insondable y eternidad de luces y destellos, Acta no perteneció sólo a América Latina: de hecho, su mensaje careció de fronteras y su voz poseyó el ecumenismo de los profetas abatiendo tormentas o predicando una verdad propia y a veces inasible. Y por todo lo dicho, y porque VIDAL fue un hombre de pasiones cristalinas, tierno como un niño en sus afectos y en sus expectativas de afecto, fiero en la defensa de sus posiciones y de sus ideas, cuestionador inabdicante, el Acta de VIDAL fue apasionada, cristalina, tierna, fiera e inclaudicable, una obra de amor, de amistad y de afectos, o como 61 mismo la llamó "el producto inicial de inocentes entusiasmos" (Carta a RDA, diciembre 20,1994).
En ciertas ocasiones, Guillermo cedió ante leves embates de melancolía que mucho reflejaban tanto la compleja trama de su intensa estructura personal como los periódicos requiebros de una neurobiología que él aceptaba a regañadientes. Luchaba contra sus demonios con severa autocrítica pero también con la galanura del héroe y la furia del que jamás se rinde.
La pasión de VIDAL fue también sufrimiento personal y familiar. Un tanto desalentado por la recepción inicial de la Enciclopedia Iberoamericana, me escribió una carta en 1995 preguntándose si el esfuerzo había valido la pena. Le respondí en aquel momento:
Le gustó mucho a Guillermo cuando alguna vez le dije que se aplicaba a él, el dilema que Octavio PAZ describió para el poeta y el científico: "El poeta aspira a una imagen única que resuelva en su unidad y singularidad la riqueza plural del mundo. Las imágenes poéticas son como los ángeles del catolicismo: cada una es en sí misma una especie. Son universales singulares. En el otro extremo, el científico reduce los individuos a series, los cambios a tendencias y las tendencias a leyes. Para la poesía, la repetición es degradación, para la ciencia, la repetición es regularidad que confirma las hipótesis. La excepción es el premio del poeta y el castigo del científico". En efecto, VIDAL se movía en ambas esferas y las combinaba con arte y profesionalismo singulares. Pero, empujado a definirse, no podía hacerlo porque ello hubiera equivalido a traicionar una u otra parte sustancial de su ser-en-el-mundo. VIDAL fue ambas cosas: poeta en sus loas a sus maestros y a sus amigos, científico en sus críticas y aun en sus juicios polémicos a la manera de Savonarola irredento. Fue poeta en su admiración a una psiquiatría europea de utopías y rigideces y en su aversión a una psiquiatría norteamericana que se esforzaba por entender, y fue científico en sus lamentos en torno a las reificaciones del DSM o a los desencuentros con quienes alguna vez se llamaron sus amigos. Fue un poeta en el sueflo de una "logia" de psiquiatras latinoamericanos que hicieran una psiquiatría auténticamente latinoamericana, fue un científico cuando acogió sin reservas cuanta contribución seria, probada y documentada llegara a su escritorio. Y Guillermo tuvo siempre un lugar especial en su corazón, su cerebro y su alma, para el Perú y la psiquiatría peruana. Consideró justicieramente a Honorio DELGADO como la figura cumbre de nuestra disciplina en el continente, conoció y examinó su obra con hondura y elocuencia y hablaba con orgullo de su correspondencia y sus conversaciones con el maestro. Admiró a Carlos Alberto SEGUN, de quien celebraba su claridad didáctica, sentido del humor y alta productividad académica. Fue amigo generoso y leal de QUEROL, MARIÁTEGUI, CHIAPPO, PEÑA y muchos más. Se deleitaba hablando de la textura maciza y profunda de las concepciones fenomenológicas y nosológicas, la elegancia de elaboraciones psicosomáticas o folklóricas, las consistentes e innovadoras contribuciones epidemiológicas y psicofarmacológicas, la tenaz búsqueda de una ruta y un compromiso social honesto, el vigor de la actividad psicoanalítica o la apertura de pronunciamientos antropológico-existenciales todos, pilares decisivos de la contribución peruana a la psiquiatría latinoamericana. Amaba Lima y el Cusco, sabía nuestra historia y bebía de ella con el deleite del conocedor profundo que sin duda fue.
Fue este el primer indicio del capítulo final. En octubre le había enviado una "Carta de Lector" comentado artículos del Vol. 45, N.° 3 de Acta. Al no recibir respuesta, indagué con Alicia Kasulin y a su respuesta sucedieron frenéticos correos electrónicos y llamadas telefónicas. Guillermo estaba "perfectamente lúcido pero muy débil. Se levanta por breves momentos. Por suerte casi no tiene dolores y no son persistentes" (e-mail, Enero 2, 2000) Querido Renato:
Hablé con Guillermo por última vez, poco menos de un mes antes de su muerte. Diana, su hija, aceptó generosa mi ruego. El 29 de diciembre de 1999 recibí la respuesta: Guillermo esperaría mi llamada desde Atlanta a las 3 p.m. del día siguiente. La enfermera le alcanzó el fono y escuché entonces, nuevamente, su voz. Esta vez era débil y apagada, apenas un susurro: "Renato, amigo, gracias por llamar... Creo que ya me voy. Gracias por todo lo que hemos hecho juntos. Gracias por tu amistad". Las lágrimas me permitieron sólo musitar su nombre varias veces, rogándole que no se vaya, pidiéndole que volviera a la lucha, como lo había hecho tantas veces. Después, se hizo el silencio.
Se ha marchado un gigante. Como todo prócer, Guillermo VIDAL deja tras de sí un legado intelectual, moral y profesional que merece examen penetrante y cabal. Su obra permanecerá más allá del ditirambo o la diatriba, el obituario estólido o del elogio formal. Fue él un hombre superior, un ser generoso y austero, una mentalidad brillante y creadora. Fue un visionario. Por eso, estoy seguro que por cada lágrima que derramemos en su nombre, él quisiera que mostremos mil sonrisas. Por cada idea que su obra inspire, él querría que iniciemos cien acciones. Y por cada sueño que nos hable del futuro de esta psiquiatría a la que tanto amó, él de seguro quisiera que lo hagamos realidad en su nombre y por su obra. Y entonces, desde dondequiera que esté, sonreirá con la nostálgica convicción del profeta, del líder, del guerrero, del héroe que él fue a lo largo de su vida, en la jornada de sus mil pasiones, y en su transición final. En todo ello, percibiré siempre el sello inconfundible de una amistad que, para mí, cumplió a cabalidad los tres preceptos de Confucio: vincularme con un ser superior, con quien es dueño intachable de sus convicciones, y que es capaz de escuchar. Porque fue mi amigo, no me siento inútil.
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