"O insensata cura de'mortali,
RESUMEN Se trata de un desarrollo analítico-constructivo sobre el sentido psico-espiritual y existencial latente en un pasaje de la Comedia de Dante. Es un capítulo inédito y avance editorial de la obra del autor en tres volúmenes intitulada "La Existencia Humana" (Acerca de la Comedia de Dante), que consiste en una psicología diferencial de la existencia humana de los personajes y situaciones ilustrativos de la obra dantiana y que abarca el Infierno (Volumen I. "El Hombre Fracasado") el Purgatorio (Volumen II: "Del Sufrimiento a la Libertad") y el Paraíso (Volumen III: "Plenitud"). Son enfrentadas en líneas paralelas dos formas de nivel de vida espiritual de los hombres, según la experiencia fecunda o los ajetreos estériles en los siguientes dominios de la actividad humana: jurídico-judicial, medicina, religioso-sacerdotal, político según la manera de gobernar sea "por fuerza" o "por sofismas ", comercio y banca, sexualidad, ocio. Se presentan dos aproximaciones de interpretación del ser del hombre. La antropología heideggeriana que considera que la relación fundamental del hombre con el mundo, define el ser del hombre y está constituida por "sorgen ", "cura" (traducción de Gaos), "cuidado ", lo cual hace del ser del hombre un ser cuitado, ansioso, abrumado de afanes, angustiado, lleno de preocupaciones. El autor considera que esto se configura a partir de lo que el texto de Dante llama "insensata cura de¡ mortal¡ ", lo cual abre la lista de los ajetreos estériles. El autor considera que hay otra forma posible y alternativa de vincular el ser del hombre con el mundo: la devoción a la tarea en cada dominio de actividad, sería la "sensata cura dei mortali, lo cual abre la lista de la experiencia fecunda en los diversos dominios de la actividad humana. Los ajetreos estériles consumen, la experiencia fecunda consuma. En un caso es el abandono existencial, en el otro es la acogida gloriosa. PALABRAS-CLAVE: Dante, la Divina Comedia, experiencia fecunda, psicología dantesca. Este maravilloso pasaje, puede ser visto desde la perspectiva espiritual que se abre gracias a una contrastada psicología diferencial de la existencia humana. Es que hay que revelar y discernir un nivel de plenitud de la existencia humana en función de la realización espiritual. Y as¡ mismo contraponer sus múltiples frustraciones. Se puede ver así la calidad, nivel y sentido de la experiencia alcanzada por las personas. Hay un contraste de nivel existencial entre la unidad fecunda de la actividad gloriosa y los diferentes ajetreos estériles. El texto de DANTE nos da materia para encontrar tal discernimiento y base para construir una psicología básica y diferencial de la existencia humana. Hay un existir glorioso contrapuesto a las formas del existir negocioso. Se trata del discernimiento entre la libre y gloriosa actividad de plenitud y de las distintas formas de cura dependientes de una básica estructura de cura mundana a la que están compulsivamente ligadas, en cada caso, según sus diversos modos y contenidos. La vida está orientada y dinamizada por el cuidado. Lo que HEIDEGGER llama "sorgen"2. Y aquí DANTE usa la palabra "cura", que es propiamente la que traduce "die Sorge". Es aquello que se da como cuidado y por lo cual se cuidan los seres humanos, aquello que señorea en nuestra existencia o que la esclaviza y limita. Se trata de nuestros afanes. Me refiero al contenido de nuestra vida por el cual nos afanamos. Aquello hacia lo cual tenemos "cura" es lo que constituye el verdadero contenido y sentido de nuestra vida. Se trata de aquellas cosas por las cuales nos desvivimos, consumiéndonos en ajetreos o por el contrario vivimos consumándonos en el acto y en el fin del esfuerzo de esforzarnos. En el primer caso la "cura" es afán, desvío distelésico; en el segundo caso la "cura" es solicitud, voluntad, dirección telésica, porque plenifica nuestra existencia y la llena de sentido y de fundamento'. Es la diferencia entre cura insensata, la que arrastra al fracaso, y la cura sensata, la que conlleva planificación y lleva a plenitud. En todo caso, la cura es lo que abre el mundo de intereses del existente, la cura es el compás que diseña el horizonte de aquello que constituye y ubica al alcance de nuestros trajines los contenidos de las cosas que nos importa, a las que nos enajenamos, y es con afán, deseo, angustia y compulsión porque llena el vacío de la vida. La cura es así también lo que abaliza nuestro ser, lo que nos da el nivel espiritual logrado en la existencia. Hay sin embargo, una libertad de afanes, lo cual abre el espacio a la devoción. Es la diferencia entre la actividad gloriosa y los ajetreos mundanos. Para la cura intramundana compulsiva y enajenante conviene la palabra afán, afanes. Para la cura gloriosa puede reservarse la palabra devoción. Es la experiencia gloriosa una libre experiencia de dedicación telésica. El ajetreo es distelésico. DANTE, pues, exclama: "¡Oh insensata cura de los mortales!" Y esto es por lo defectivo de los razonamientos. Es el pensamiento que marra el objetivo. Es la tensión noética y espiritual que es hipotensa o distelésica`. La fuerza o la energía del pensar es débil, carente de tensión adecuada y por ello el pensamiento, la vida interior que lo acompaña, falla en llegar a la meta existencial de plenitud. Es el vuelo bajo de la mente y que, por ende, no da en la altura del blanco adecuado, superior (telos). 0 en el desvío, los silogismos defectivos es por error de dirección, es cuando la mente dirige el pensar a objetivos ilusorios, sustitutorios, engañosos y que siempre son más bajos que el fin superior. En un caso falla la energía a aplicarse, en el otro falla la dirección. Es la hipotensión noético-volitiva y la distelesia noético-volitiva. Son dos estructuras fundamentales de la frustración de la existencia, Las alas del pensar por hipotensión o distelesia hacen volar en niveles de bajura a la experiencia humana. La experiencia humana no vuela a los niveles de la altura psico-espiritual que requiere la plenitud de la existencia. Entonces decae la vida del hombre a la vida de los ajetreos, olvidando lo fundamental: la experiencia fecunda, la plenitud existencial. DANTE especifica las especies de decadencia, de lo que se llama "andar en ajetreos". Se incurre así en olvido de lo esencial de la existencia. Se nos dice "Chi dietro a iura". Sí, hay quienes caen en el laberinto de las disputas judiciales, los expedientes, los pleitos, la fiebre procesal, la manía querellante. Son los sujetos obsesos del litigio. Se desviven y afanan. Y encuentran siempre recursos, e inventan maneras de mantener vivo el rescoldo del lío judicial, soplan y soplan para hacerlo revivir, años. Se afanan y suspiran. Y son querellantes, siempre en el ajetreo procesal, siempre en el furor y el enajenamiento del alegato. No salen del laberinto. El monstruo que amenaza a los litigantes, el Mínotauro del especioso y retorcido argumento legal o de la sentencia devoradora del derecho, en suma, del prevaricato, del soborno, de los caminos sin salida del recurso prohibido y de los argumentos sofísticos se los devora y los vomita una y otra vez para volvérselos a tragar y vomitar incesantemente. Se cae en un antro de injusticia, los argumentos legales para favorecer al poderoso que se beneficia en perjuicio del débil, los encubrimientos para engañar, la parcialización dolosa e hipócrita. Cuanto sufrimiento y argucias y artimañas, son los ajetreos del amañamiento unas veces descarado y prepotente, otras sinuoso y embozado. Ajetreos abogadiles y judiciales. Sí, ellos se ensucian entre sucios expedientes, polvorientos y que algún día humedecidos, amarillentos, verdosos, llenos de hongos y emanando tóxicas esporas serán pasto de roedores. Horas afanosas, actualidades febriles y todo ello será pasado, horas estériles, días infecundos. Lo que encendió ira y angustia, en los expedientes, será cenizas y olvido. Y todo ello en un mundo jurídico corrompido, contaminado de injusticia feroz. No hay fuerza icárica5, salida de vuelo que los salve. Prefieren volar bajo golpeándose la cabeza repetidamente en los callejones sin salida del proceso laberíntico. Es el ajetreo abogadil y judicial y de las trapacerías y embustes de los escribanos' y cartularios diversos que pertenece a la esfera de lo jurídico, defectivamente. Pues hay por el contrario un actuar glorioso en la esfera de lo jurídico, perfectivamente. Debe discemirse el ajetreo jurídico como vuelo bajo, hipotelésico y desvío distelésico fundamental, del ejercicio sano de la vida jurídica con miras a la justicia, propio del abogado y del juez entregados al auténtico telos jurídico que lo hace fecundo en plenitud de existencia. Una cosa es el camino jurídico como camino de plenitud existencial y que se inspira y se nutre del amor a la justicia y otra cosa es el ajetreo tinterillesco, deformación cancerosa de lo jurídico. La fecundidad gozosa, la fruición deleitosa del ejercicio de la justicia viene de una raíz de sabiduría que nos vincula con el fondo metafísico divino de la existencia humana. Es el actuar desinteresado que tiene relucencia analógica con el brotar puro de la fuente divina. Se trata del ejercicio jurídico del abogado, del juez, del fiscal, del defensor. No es ajetreo estéril sino actividad fecunda, no es cura sino devoción. Y en esto, quehacer glorioso. Gloria, como manifestación resplandeciente del tesoro valioso justicia y devoción en el ejercicio profesional). Se nos dice "e chi [dietro] ad ainforismi" [Petrocchi, secondo l'antica vulgata, otras versiones "aforismi"I. Sí, es la "cura" en la esfera de la medicina. Se trata de los ajetreos propios de la cura mundana de los médicos enredados en rivalidades y guerras, en opiniones contrapuestas y envidias, en querellas de doctrinas y disputas de pacientes. 0, por otro lado, se trata de la cura gloriosa en la que en la esfera de la medicina se da la actividad perfectiva del cuidado de la salud, bien deseable para preservar la libertad de la mente y de la felicidad de los hombres en la alegría de la vida saludable. En la enfermedad la mente sufre un aherrojamiento de perspectiva, un estrechamiento de conciencia y de intereses sólo amarrados en el atrapamiento de la dolencia, de los síntomas y del dolor físico y el malestar propio de la carencia de salud. La búsqueda de la salud del enfermo tiene un sentido de bienestar, felicidad y liberación. El cuidado de la salud que tiene el médico viene a ser por sus consecuencias: un cuidado por la redención de la conciencia respecto del abatimiento del cuerpo. En cambio en el círculo de la medicina puede darse el ajetreo que es movimiento defectivo en torno a los desencuentros y enfrentamientos del amor propio, de los contrarios amores propios, y a la dominación y colisión de egocentrismos sin perspectiva espiritual. Más grave aún, el dolo en el diagnóstico para sacar partido pecuniario, la operación quirúrgica innecesaria para lucrar viciosamente, uso del status médico para ejercer jactanciosamente dominación, mostrando desconsideración afectiva, frialdad, incluso hasta crueldad con el paciente o sus familiares. Desvivirse en las rivalidades gremiales y en las luchas y en los celos científicos de escuela, lo que resulta en verdaderas guerras médicas aunque se perjudiquen los pacientes, huelgas de salud sólo por lograr ganancias políticas de facción. Se está en la ciencia médica, en el mundo de los "anforismi", no por el conocimiento científico y por causa de la salud sino por el negocio lucrativo, social o político. Esto es cura mundana, no devoción, ni menos nivel glorioso de la existencia humana. Es cuando el ejercicio profesional es triste, inglorioso. Es la pequeñez del espíritu y la esclavitud del alma y no la gloria, la libertad, la soltura de la perfección beatificante gracias al ejercicio de la actividad médica para adelanto y difusión científicos en beneficio y con miras sólo a la salud. En el círculo de la cura mundana en tomo a los aforismos, forma mnemónica acuñada del saber médico desde la antigüedad, se puede dar la pedantería memorista y el detallismo interpretativo de tales sentencias aforísticas breves'. En una mentalidad ajetreísta, desprovista del noble desasimiento y de amor, la disputa sobre temas científicos y del saber médico es frecuente entre seres no esclarecidos. Por eso la cura mundana se vuelve insensata, así corno la cura gloriosa abre el camino a la sensatez. El "nobile cominciamento del canto"8, es decir el terceto inicial expresa la perspectiva espiritual en forma negativa: "0 insensata cura de mortali!"... Se puede enunciar en forma positiva, con miras a evidenciar tal perspectiva espiritual implícita en el texto dantiano, afirmando cómo en la sensata cura gloriosa de los hombres, cuan perfectivos razonamientos son los que los hacen batir en alto sus alas. Y por tanto hacer de la cura una acción fecunda, creadora, realizadora del valor intrínseco: la salud, por ejemplo. Y por ende sentir, secretamente, la resemblanza con la fuente de salud. Es en el Uno eterno, gloriosamente acogido. No es lo mismo la cura mundana en el círculo de la medicina, chato, superficial, sin relieve espiritual, ajetreísta, que la cura gloriosa en la esfera de la medicina, elevada, en el valor de la salud'. Es la transubstanciación de cura en devoción, de ajetreo en actividad, de las cuitas, preocupaciones y cuidados, en dedicación. Es que aunque muchas veces parezca cura, es devoción. Se nos dice "e chi seguendo sacerdozio". Sí, se trata de la adulteración de la sagrada misión sacerdotal. Lejos de ser el santo dipensador de las gracias divinas, el sacerdote se vuelve un burócrata de lo sagrado, un modus vivendi no una misión. Y también puede ser un medio el sacerdocio para alcanzar poder y con el poder usufructuar privilegiadamente los bienes, las consideraciones y las riquezas de la sociedad. El uso ajetreístico del sacerdocio es en sí mismo un sacrilegio. La búsqueda y goce del status como empleo sacerdotal es la forma más abyecta de la hipocresía, la falsificación de lo más alto usado como disfraz de lo más bajo, el arribismo egoísta. El sacerdocio no puede ser instrumento del defectivo silogismo: el disfraz de glorioso administrador de los bienes divinos, el amor, el saber, la santidad, el consuelo, el sacramento, es un buen medio para encubrir y adornar subidamente un mezquino interés lucrativo, un empleo que se ejerce rutinariamente por comodidad. ¡A qué extremos de vileza hipócrita lleva el ajetreísmo del sacerdocio! Es la gran insensatez. Sin embargo, desde una perspectiva gloriosa la misión del sacerdote es sublime: y es por el santo que se instala, en la oscura selva salvaje del mundo humano deteriorado, un claro, un jardín de flores y plantas, un lugar soleado. Y es allí adonde pueden acudir en busca de luz y sosiego, en torno a la sombra iluminada por el Logos eterno que es el sacerdote, los animales humanos aherrojados por las luchas y adversidades. El santo irradia la gloria de Dios e inaugura el luminoso centro de lo sagrado en el mundo profano, material. Propone la gran sensatez, la devoción gloriosa. Es lo que aleja del fracaso existencial inconducente y contraproducente del insensato y sus cuidados. El santo es el claro de sensatez en la selva insensata. Se nos dice "e chi regnar per forza, o per sofismi". Sí, se trata de los ajetreos vinculados a la política y al poder político. La cura política se manifiesta como ajetreo cuando el logro y la conservación del poder político está vinculado, atrapado, en la voluntad de imposición dominadora arbitraria o en los modos solapados o descarados de los pseudo-fundamentos jurídicos del poder usurpado, ¡legítimo, fraudulentamente obtenido o por obtener o prolongar. Se dan así leyes ad hoc para prolongar ¡legítimamente el poder. Es lo que Dante llama "governar per sofismi". Entonces el discurso político pierde autenticidad, diálogo, tolerancia y sobre todo objetividad y la lucha decae en el mero apetito y en la desembozada ambición. Estamos así no en la política ilustrada sino en un nivel biológico primitivo y crudo de abierta lucha agresivo-defensiva por la dominación prepotente.. La ética social de la política se degrada y corrompe. Cínicamente, todo vale. Es la desvergüenza jactanciosa. Es la maña que trivializa los principios y las leyes. En el conflicto de ambiciones encontradas se enciende la inescrupulosa voluntad de lograr el poder, competir por el poder con violencia y malas artes y retenerlo abusivamente, sea ejerciendo la fuerza, sea valiéndose de sofismas, falsos razonamientos, engañosos. La brutalidad de la fuerza, la amenaza, el uso cruel o astuto del poder con fines de sometimiento e intimidación del adversario o de seducción interesada del pueblo desinformado, la maña y el amañamiento de los recursos pseudio-políticos son los ejes, -fuerza y sofisina-, en los que gira corruptivamente el ajetreo político corruptor en la sociedad. Es que el poder se ha vuelto fin en sí mismo y móvil absoluto. Los hombres, así, han tergiversado el sentido de la política: ha dejado de ser instrumental, 'medio para'. Es la lascivia del poder. El uso pervertido del poder: no como medio de realizar bienes, insuflado por el amor, tanto a los valores superiores o diversos que pueden realizarse con el poder, justicia, elevación humana de la sociedad, prosperidad y trabajo, ocupación y bienestar. El hipércrata anárquico, que usa de un excesivo y abusivo poder sin principios, arbitrariamente o basado en falsos principios, forma hipócrita o cínica de no tenerlos, tiene codicia posesiva por el poder, experimentado como móvil exclusivo o para beneficiarse directa o indirectamente de alguna manera. Pero la perversión consiste en que siendo el poder un instrumento de servicio se deforme en artefacto socio-psíquico de auto-promoción ¡legítima y delictiva. La política debe basarse en el amor, no en el poder. En el nivel paradisíaco de la existencia humana, nivel de realización y de plenitud, en el cual la existencia humana en el tiempo cobra suprema calidad y auténtica motivación y grandeza, la política es la forma por la cual el amor quiere usar el poder como instrumento para la realización del bien en la sociedad de los hombres, su bienestar y justicia plena. Pero los hombres no regenerados, movidos por motivaciones vitales sin dimensión espiritual, los hombres vulgares buscan la política para beneficiarse y beneficiar a sus amigos, no para el bien común. Es la política como "cura insensata de los miserables mortales". La formulación espiritual y ética de la política en un nivel paradisíaco es la tarea de los conductores de la sociedad. Pero en un medio corrupto tal formulaci0n sublime suena irónica o resulta ser mirada como utópica, idealista, romántica, en suma irrealizable. La cura mundana traza el diseño de una política deformada como si fuese así y tuviese que siempre ser así la praxis política: ajetreo de astutos y predio de la mente vulgar. Es la concepción ajetreística del poder y de los asuntos políticos. Tanto es así que en cuanto se da una maniobra hábil para derrumbar al enemigo político se suele celebrar como un diestro manejo. Se dice entonces es un buen político, sabe. "Se trata de no ser tonto", la política es el quehacer y ajetreo del político, es decir, de quien tiene el arte inescrupuloso de lograr el poder y mantenerse en el poder sin reparar en los medios. Es la derrota del adversario la medida de la eficacia. No se trata de la política gloriosa, la política por el bien común y por la justicia y la prosperidad, sino de la política sórdida de aquellos que se desviven en el círculo chato donde señorean "quienes se fatigan en reinar por la fuerza o por sofismas". No se trata de la política gloriosa que hace mover a los hombres en la esfera del poder en la cual se da la dimensión tercera, la vertical, la del espíritu. Pero no sólo el poder se da como poder político. Hay otros poderes paralelos que tienen igual o mayor significación, dignidad e influencia que el poder político. Me refiero al poder social y al poder económico, separados o juntos. Hay también el poder espiritual, el poder intelectual y el poder religioso institucional. Todo poder, como valor instrumental, está al servicio de un bien. Mientras suceda así, como bien auténtico, no sofisticado, los mencionados poderes no políticos no pueden ser materia de ajetreos. Y si cumplen su fin son por su actividad propia, en su medida y en su nivel, poderes gloriosos y permiten un grado de bienaventuranza en sus agentes y de placer sublime en el gozo de sus depositarios, es decir, el gozo de la oración, del dinero, del prestigio, de la ciencia, etc. Y así el poder espiritual que vierte al hombre hacia lo divino; el poder intelectual que ejerce el pensamiento en torno al saber, a la ciencia, al arte, el sentido, la belleza, la verdad; el poder social que permite el gozo de la alta cortesía y amistad y la influencia benéfica sobre el pueblo en ética y buenos hábitos; el poder económico que impulsa la productividad y la ocupación. Pero empieza el ajetreo de los poderes allí donde y cuando incumplen su objeto propio que es la realización del bien valioso que les incumbe, respectivamente. El poder espiritual se vuelve ajetreo en las discusiones doctrinarias de grupos institucionales encontrados y que quieren tener el monopolio de la verdad y de la rectitud, negándoselos a otros grupos institucionales con ojeriza y soberbia, por ejemplo en las diversas escuelas de espiritualidad del budismo, del judaismo, del islamismo y del cristianismo; el poder religioso institucionalizado en el ajetreo de los pronunciamientos e imposiciones de los estamentos y jerarquías eclesiásticos de carácter dogmático y con pretensión de moralizadores o de legisladores reglamentistas de moral y buenas costumbres, allí se movilizan las sospechas, delaciones, murmuraciones, acusaciones y condenaciones de las santas inquisiciones; el poder intelectual cuando decae en el ajetreo de los recelos y rivalidades, de las luchas o discusiones pasionales en las discrepancias de los filósofos, de los artistas, literatos, poetas, pintores, escultores, arquitectos, actores, cineastas, los conflictos que se encienden en las competencias de prioridades y monopolios de ideas y descubrimientos, suerte de sublimificación de la envidia, lo cual fácilmente se descompone en chismes, murmuraciones y difamaciones; el poder,económico cuando cae en el ajetreo de la especulación, la explotación y la usura10. Se nos dice "e chi rubare ... s'affaticava" Sí el ajetreo fatigante, trabajoso, de robar, de quitar a otro por fuerza o por ardid el fruto de su trabajo o los medios para trabajar. Es el ladrón. Ajetreo estéril, inglorioso. Suele presentarse el robo, en ambiente social corrupto, con sorprendente carácter de normalidad y hasta de beneficioso aprovechamiento justificado. Sí, robar sobre todo la hacienda pública, la riqueza de todos. Sí, riqueza de todos ergo de nadie, mostrenca, apoderable para cualquier astuto que se la sepa agenciar. Es el robo como ajetreo que en algunos países tiene solidez de institución. Se venden públicamente los bienes robados o son tratados con deferencia funcionarios insignes, intocables, grandes ladrones de la hacienda pública. La alternativa gloriosa, opuesta al robo, es el trabajo". Se nos dice "e chi civil negozio..." Sí, el ajetreo fatigante del mercader ávido de ganancia. Y también de los afanes de la compra y de la venta, los vaivenes de los precios, la tensión de las deudas y de las acreencias. Se trata de la cura como dependencia adicta al quehacer ajetreístico de las relaciones civiles, de los contactos y contratos sociales obsesivos, sin espiritualidad. Y especialmente sin conciencia de que hay una beatitud por encima del ajetreo, una bienaventuranza en el fondo del corazón. Sí, cuando el corazón está tranquilo, abierto, disponible y no cerrado en la agitación sin tregua y excluyente y absoluta por el negocio. Es que el "civil negozio" puede y debe ser una forma positiva y constructiva de las relaciones humanas dentro de la sociedad. Sólo así permite el intercambio fructuoso no sólo de bienes materiales sino incluso de bienes espirituales y culturales. Pero cuando el "civil negozio" se vuelve cura que lleva al ajetreo, entonces no deja espacio para la respiración espiritual y la persona queda cercada, rodeada, obsedida, lo cual lleva a la asfixia y a la muerte espirituales. Es la codicia y el afán ajetreísta o obseso del negociante. Es el "stress" del hombre de negocios. El ruido del vivir negocioso ensordece y la voz de la espiritualidad libre y su belleza, inaudita. Se nos dice "ch¡ nel diletto de la carne involto, / s'affaticava". El deleite erótico, los placeres sensuales, la vida sexual forman parte de la gloria del cuerpo. Se manifiesta así una gran bienaventuranza del paraíso terrenal accesible a los hombres en esta vida. El placer de la mujer para el hombre y el placer del hombre para la mujer son gracias divinas que repelen toda reprobación represiva. No hay ni debe haber conflicto ni contradicción entre una alta vida espiritual, incluso mística y en contacto con Dios, y la experiencia rica y amorosa de la vida erótica. El "castratismo" no es condición de vida espiritual superior`. El "castratismo" es manifestación de odio a la vida, síntoma, más bien, de rencorosa y resentida frustración sexual. La abstención sexual voluntaria y requerida libremente en cada caso por el sujeto es otra cosa, aceptable y comprensible. Nadie puede ser obligado en uno y otro sentido, es cuestión de opción voluntaria y libre según convenga a la experiencia espiritual y mística de cada cual. No se puede imponer la abstención sexual ni la actividad sexual forzosa. Eros requiere espontaneidad fresca y libre. Cuando se da un modus vivendi que implica una cura excluyente y exclusiva, fatigante, a la actividad sexual, promiscua, avasalladora entonces estamos en el círculo del ajetreo estéril, en el que la vida erótica pierde gloria, se vuelve ingloriosa, sórdida y deprimente. Es el "play boy", el sibarita, la manía sardanapálicall. No es la fiesta de la vida el erotismo glorioso, el orgasmo, no una suerte de éxtasis del cuerpo, sino trivialización del sexo, rutina que lleva al tedio, aprovechamiento codicioso de oportunidades, fatiga. El sexo como sport frívolo. Y ello mezclado cuando no con la codicia sí con la soberbia: es el donjuanismo, la "femme fatal". El sexo como "perfomance", motivo de jactancia e instrumento de dominio y halago de la vanidad. No se trata de la floración dulce e intensa del placer, sino de obcecación que obsede al enfermo de amor pasional". Y en esa fatiga hipereroticoactiva sucumbe toda espiritualidad y elevación de la vida. La existencia humana naufraga en el sufrimiento o en el tedio. Es la diferencia que hay que discernir entre el tormento erótico, la barbarie del sexo y el sexo como cultura. Se nos dice "e chi si dava al ozio". El ocio como cura es un estado de vacío existencial, una condición humana defectiva, situación triste y miserable de carencia de proyecto espiritual. El sujeto se deja vivir, va reaccionando movido por presentaciones momentáneas circunstanciales. El sujeto depende de los estímulos externos. Su pensamiento y conducta no son el desarrollo de un propósito interno, rico y autónomo. Es estar derelictoll. En verdad se trata de una derelicción existencial. Desde este fenômeno genérico y radical de derelicción existencial emergen como hongos y esporas en una habitación deshabitada, como saprofitos que pululan en el cuerpo del derelicto devorándolo, como manifestación y especies la desidia, el olvido de si mismo como abandono al azar de las circunstancias, el vivir a la deriva, las diversas maneras de la negligencia y de la irresponsabilidad, la pereza y falta de plan y de proyecto, carencia de ideales. Se trata de vidas sin sentido, carentes de necesidad de planteárselo. Es un estado crónico de pasividad y de búsqueda y encuentro de sustitutos de vida: diversiones paliativas, el juego, vicios, adicciones, pasatiempos. Se trata de matar el tiempo, de asesinar la vida del tiempo, un cronicidio. El tiempo: el más bello regalo de Dios, despreciado. Es el gran desaire, del que el hombre es capaz. Y los tercetos de la cura de los insensatos mortales, enredados en falsos razonamientos, tan defectivos que las alas que les ha sido dadas para volar en las altas alturas de la existencia humana de plenitud y bienaventuranza son usadas para batirlas, aletearlas en bajos menesteres que rebajan la existencia humana y empobrecen la vida, esos terribles tercetos de la insensatez culminan en la plenitud contrastante de la soltura de todas esas empequeñecedoras cuitas de la necedad humana y la acogida gloriosa en lo alto de la bienaventuranza de la existencia. Recordemos las palabras: "quando, da tutte queste cose sciolto, con Beatrice m'era suso in cielo cotanto gloriosamente accolto ". Par. XI, 10-1216 La soltura de las curas insensatas. Es el comienzo esencial de la libertad existencial. Y tal soltura sublime de las cuitas insensatas viene a constituir la morada de la bienaventuranza. En esa morada se aloja la beatitud de la experiencia de la vida superior. Es el ser uno acogido por Beatriz, personificación de la bienaventuranza, la beatificadora, "beatrice". Y este sublime ser acogido consiste en resplandecer abiertamente desde un escondido tesoro interior: la luminosa y brotante fuente de vida que es el Bienser. De allí se irradia en nosotros la sublime contemplación y el bien-hacer y de allí se aleja la cura y el ajetreo y se instala la auténtica actividad humana. Es la plenitud. Es el nivel paradisíaco de la existencia humana. En el mundo y en la vida eterna, también".
NOTAS
1) Traducción: "¡Oh insensata cura de los mortales, /cuan defectivos silogismos [razonamientos defectivos] / aquellos que te hacen aletear bajo! // Quien tras de litigios y quien a medicinas / discurría, y quien siguiendo sacerdocio, / y quien gobernar por la fuerza y por sofismas, / y quien robar y quien [indebidos] negocios mercantiles, 1 y quien en los deleites de la carne enredado [involucrado, envuelto] / se fatigaba [consumía sus energías] y quien se daba al ocio [pereza, negligencia], / cuando, de todas estas cosas suelto [liberado] / con Beatriz me estaba arriba en cielo 1 tan gloriosamente acogido". Par. XI, 1-9 2) Martin HEIDEGGER en "Sein und Zeit trata de lo que se podría llamar disposición intrínseca' del "Dasein", [del Ser-Ahí, de la existencia humana, del hombre] como "sorgen", es decir "cura" [así, además traduce José GAOS] hacia las cosas del mundo. Se trata de una ligazón esencial y compulsiva "Dasein" "Welt", a través de "Sorgen"="cura", "cuidado". Es el afanarse por las cosas. Esta vinculación forzosa entre existencia humana y cura, "sorgen", tener cuidados, cuitas, preocupaciones afanosas es el modo de "estar en el mundo". El "cuidado" es lo que vincula al hombre con el mundo y lo mundaniza. Aquí lo entendemos como una anti-soltura que desglorifica en el sentido de no ser actividad fecunda la del hombre sino atrapamientos diversos en las diversos círculos achatados en que el hombre se desvive en ajetreos. [0 insensata cura dei mortali... Qui dietro a iura... sen giva ... 1 Se trata de chatura y de círculos en tanto en los ajetreos estériles no se realizan valores superiores, en el sentido vertical de la esfera de la espiritualidad. Se está en un nivel existencial horizontal, plano, chato, sin elevación. Estos círculos defectivos corresponden a las actividades fecundas, son el contrapolo negativo, desvalorativo en las esferas de la actividad jurídica (en eje Justicia), médica (en eje Salud), la actividad religiosa (en eje Dios), a la actividad política (en eje Poder), a la actividad comercial (en eje Servicio), a la actividad erótica (en eje Amor), a la actividad del reposo laborioso (en eje Ocio fecundo, ciceroniano). Los ajetreos corresponden a lo que Marcel PROUST llamaba "las artes de la nada", los quehaceres ajetrefles que repetidos y terminados cotidianamente dejan, para la persona lúcida y consciente, un sinsabor de nadidad y carencia de sentido. Queda uno con las manos vacías y la mente no ha crecido nada, ni subido de nivel. Por el contrario, en los ajetreos la mente se estaciona o rebaja de nivel psico-espiritual. Es preciso trascender de la cerrazón del círculo de "sorgen" (cura) por las cosas de] mundo y de "Angst" (angustia) que abre la conciencia de encontrarse como siendo arrojado en el mundo. ["Das Sichangsten ist als Befindlichkeit eine Weise des In-der-Welt-seins; das Wovor der Angst ist das Geworfene In-der-Welt-sein; das Worum der Angst ist das In-der-Welt-seinkónnen]. "El angustiarse es como el [sentimiento o conciencia] de encontrarse [siendo en el mundo] una forma de ser en el mundo, el por qué [el donde que tiene delante] es la angustia de la condición existencia] de ser-arrojado-en- el- mundo y el para qué de la angustia es la condición existencial de poder-ser-en-el-mundo". La angustia según este análisis oprime, atenaza, aherroja, quiere y requiere soltarse del lazo del mundo. Y en esa condición angustiosa "el pleno fenómeno de la angustia muestra según esto el ser ahí como un ser en el mundo" ["Das volle Phänomen der Angst demnach zeigt das Das-sein als faktisch existirendes In-der-Welt-sein". Esto es visto, desde la perspectiva gloriosa, como lo que es: una existencia fáctica oprimida y esclavizada y que como tal es defectiva y por ende angustiosa, aplastante. Más aun cuando los caracteres ontológicos fundamentales de este ente así atenazado por la angustia son la existencialidad, la facticidad, el ser-caído. HmEGGER: 'Die fundamentalen ontologischen Charactere dieses Siendes sind Existenzialitat, Faktizitat und Verfallensein". En la base de esta angustia nos parece que está la afirmación capital de concebir el ser del existente en el mundo como cura, como cuidado, como el afanarse por... las cosas del mundo. Es lo que desarrolla HEIDEGGER en el töpico 41 de "Sein uns Zeit": 'Das sein des Dasein als Sorge". Es decir el ser del hombre se define, se determina, como cura. La cura sería la marca de la condición del ser del hombre en el mundo, como en el mundo arrojado. Y esto explica la angustia fundamental. Y esta visión existencial de la estructura fundamental original del hombre como Cura se ejemplifica pictórica y simbólicamente en la fábula 220 de Higinio que HEIDEGGER reproduce: "Una vez Cura llegó a un río y vio unos terrones arcillosos [videt cretosum lutum, vio arcilla amarillenta]: pensando [sienend, cogitabunda] tomó un pedazo y empezó a formarlo, [modelarlo], [coepit fingere, und began es zu formen]. Mientras pensaba para si qué es lo que había hecho [Wáhrend sie be¡ sich darüber nachdenkt], se acercö Jupiter. Cura le rogó a Júpiter que le otorgara espíritu [rogat euni Cura ut det illi spiritum, a la arcilla modelada por ella]. Júpiter se lo concede gustoso. Pero en cuanto Cura quiso ponerle nombre a su formación [figura de barro arcilloso, ¡hrem Gebildel Júpiter se lo prohibió y quiso ponerle su propio nombre [después de todo le había insufiado espíritu al trozo de barro modelado por Cura, el espíritu, quizá lo más importante, más que la materia arcillosa]. Mientras Cura y Júpiter disputaban acerca del nombre se alzó la Tierra [Tellus] y pidió que se le diera su nombre puesto que era ella la que primero le había dado un trozo de su propio cuerpo [los terrones arcillosos]. Entonces los litigantes llamaron a Saturno como Juez. Y así Saturno dio esta sentencia justa [et sic aecus judicatl: Tú Júpiter que le diste espíritu, tendrás su espíritu a su muerte, tu Tierra que cuerpo le diste el cuerpo recibirás [se entiende que a su muerte]. Cura que fue la que primero la modeló, que, entonces, mientras viva que Cura lo posea [Cura enim quia prima firixit, teneat quamdiu vixerit. Weil aber die "Sorge" dieses Wesen zuerst gebildet, so möge, solange es lebt, die "Sorge" es besitzen]. En cuanto a la controversia sobre el nombre, que se llame "horno", puesto que está hecho de "humus" [tierra, limo, barro; horno vocetur, quia videtur esse factos ex humo]. El juicio de Saturno ante el litigio sobre el nombre, versa más bien sobre aquello de que se trata, es decir, de aquello en que consiste el ser del hombre. Podemos entonces afirmar que el hombre aunque complejo de dimensiones, tanto espirituales se podría decir jupiterianas y divinas, como materiales telúricas, terráqueas, de humus, arcilla, en esencia es el hombre un ser modelado por la cura, un ser cuitado, lleno, abrumado de cuitas. Satumo ha juzgado con equidad, lo divino para su vida post mortem extramundana, la arcilla después de la muerte que vuelva a la tierra de donde Cura la sacó, pero mientras viva, mientras se encuentre situado en el mundo el hombre modelado por Cura será su posesión. El hombre es tenido por los cuidados, mientras viva. Y es por eso que a esta fábula HEIDEGGER le da carácter de prueba testimonial preontológica del ser del hombre, un ser poseído por la cura mientras está en el mundo, arrojado. HEIDEGGER nos dice antes de transcribir en latín y en su traducción alemana el texto de esta fäbula: "Die folgende Selbstauslegung des Dasein als Sorge ist in einer alten Fabel niedergelegt". Se trata de una suerte de sedimentación en la tradición de la interpretación del Ser-Ahí [el existente, el hombre], una especie de capa primordial sedimentada en la tradición, un estrato histórico de base, el interpretar el ser del hombre como "Sorge", "Cura". Esta capa primordial de interpretación de lo que es el hombre es la fábula de Higinio. Para dar mayor fuerza HEIDEGGER agrega luego de la transcripción de la fábula esta consideración más fuerte aun, y es que se trata de un "testimonio preontológico" [vorontologische Zeugnis" que gana una significación especial ["eine besondere Bedeutung"], de manera que se trata de un documento probatorio, de una prueba documental, un certificado preontológico, más todavía un documento justificatorio y por ende fundante de que la condición humana consiste en que mientras viva el hombre es poseído, es de dominio, es tenido incesantemente por cuidados, por cuitas, por la cura. Estos son en mi interpretación los "ajetreos estériles" que aparecen no por una precondición compulsiva ontológica del ser del hombre sino por la "insensata cura de los mortales". HEIDEGGER abandona la bella metáfora de la capa sedimentaria del testimonio pre-ontológico que sería la fábula de Higinio como interpretación de la estructura radical y primordial de¡ ser humano en el mundo. Y sustituye esta metáfora por la de certificado, documento justificativo, fundante. Dice textualmente: "...vorontologischen Beleg für die existential-ontologische Interpretation des Daseins als Sorge" (op. Cit. loc. cit.). "Beleg" es documento probatorio, certificado, de que el ser del hombre en el mundo es un ser atormentado por los cuidados y afanes, por la cura. Y esto en "primacía" en el contexto de su procedencia espiritual y corpórea. Resulta más notorio, puesto que sobresale significativamente, el hecho de que esta caracterización del ser del hombre en el mundo, que consiste mientras viva en estar poseído y dominado por la cura, sea en "primacia" puesta en el contexto relacional con los caracteres que le han sido tradicionalmente asignados en forma del compuesto de su ser espiritual con su ser corporal, los cuales frente a "cura" esta interpretación conocida del ser del hombre queda minimizada o por lo menos marginada, en suma superada. En verdad, el espíritu y el cuerpo pasan a ser entidades metafísicas que retornan a la divinidad y a la tierra, respectivamente, cuando el hombre ya ha muerto. La interpretación antropológica que corresponde al hombre viviente es la que lo subsume bajo el dominio de la "cura". Estas son las palabras de HEIDGGER: "Dieses vorontologische Zeugnis gewinnt dadurch eine besondere Bedeutung, dass es nicht nur überhaupt die "Sorge" als das sieht, dem das menschliche Dasein "zeitlebens" gehúrt, sondem, dass dieser Vorrang der "SorgC ¡in Zusainmenhang mit der bekannten Auffassung des Menschen als des Kompositums aus Leib (Erde) und Geist heraustritC. HEIDEGGER utiliza metáforas que corresponden el ámbito jurídico: testimonio, documento probatorio, certificación. Pero son metáforas solamente lo que concierne a la 'Tábula7 de Higinio. Valiosa alegoría descriptiva. Sin valor fundante pre-ontológico. La cura insensata de los mortales no es el carácter determinante de su ser sino una condición descentrada. Por el contrario la experiencia fecunda de actos y pensamientos en los cuales el hombre es "gloriosamente acogido", "gloriosamente accolto", y no "arrojado" en el mundo, caído ["verfallen"], sino paradisíacamente elevado en su ser y experiencia de la existencia y en su actuar fecundo en el mundo instalando valores superiores realizados constituye una condición humana centrada. Es que la condición humana centrada es la que envuelve acción fecunda en acogida mental gloriosa, epifánica y celebrante de valores espirituales vivos en el mundo. No es el cuidado sino la devoción lo que vincula á1 hombre de manera sublime con el mundo. La inquietud y las cuitas, los ajetreos estériles constituyen una vinculación degradada, baja, ingloriosa, de¡ hombre con el mundo.
4) Dirección telésica: Ver nota 3. Es cuando la "cura" se vuelve devoción. La dirección distelésica, que se aparta de su fin perfectivo de completamiento y realización no es devoción sino lo que se llama cuidados, llenarse de cuitas, estériles. Estar abrumado de preocupaciones. La dirección telésica da sentido a la existencia y fundamento a la propia vida. El ocio infecundo, por ejemplo, es vivir a la deriva, sin objetivo, ni plan ni organización finalista. Es la existencia derelicta. Es la disipación del tiempo, gran pérdida, irrecuperable. Es experiencia y nivel diferente del "otium" ciceroniano, fecundo. 5) Llamo fuerza icárica a la fuerza espiritual endoarquética [principio, arkhé, interior intrínseco, endo, de pensamiento, noesis y acción, praxis] por la cual el hombre es capaz de elevarse por encima de la adversidad, es capaz de trascender cuando está acosado, oprimido, en situación existencial de penuria pesada, grave. Utilizo el cuento mítico de Icaro que pudo salir del laberinto usando las alas que le preparó Dédalo. Situaciones existenciales en que uno ha caído en el laberinto, callejones sin salida, amenaza destructiva del Minotauro de la desesperanza y de la desesperación, sin socorro ariádnico de la razón y de la solicitud amorosa. Es la presencia de la apertura a la idealidad para salir de la cerrazón de la realidad adversa. 6) El ajetreo subsumido y correspondiente a "Chi dietro a iura" es el ajetro abogaderil y judicial, el de los notarios y escribanos en los juzgados, ha sido pintoresca y jugosamente tratado en el inspirado libro de costumbres del tradicionista peruano genial don Ricardo PALMA: "Don Dimas de la Tijereta", "Cuento de viejas que trata de cómo un escribano le ganó un pleito al diablo", Tradiciones Peruanas Tomo 1, pags. 139-145, Editorial Oceano, 1998, Barcelona. Es una sabrosa sátira, muy palmiana, sobre el escribano y el cartulario en general, sus argucias, trapacerías y bribonadas y que retrata los ajetreos abogadiles, un tanto, como dice PALMA al lector, con el "empeño en haberte dado un rato de solaz y diviertimiento". Ambiente judicial de 1864, que no ha perdido actualidad (2000) (!). La fuerza condenatoria de DANTE y el sustancioso análisis heideggeriano sobre la cura que hemos hecho encontrarán, para el lector, un festivo descanso en la lectura de esta tradición humorística de don Ricardo PALMA. Condenar y analizar deben tener la pausa de la sonrisa divertida, sobre las insensateces y absurdos paradojales de los débiles y necios mortales. Esta ha sido mi intención al sugerir la lectura de las aventuras de Don Dimas de la Tijereta. Por otro lado existe el testimonio del recordado y gran maestro el Dr. Toribio ALAYZA Y Paz SoLDÁN. Se trata de una "acuarela" pintoresca y divertida, satírica, en la que el ilustre maestro sanmarquino describe los resultados realistas que en un mundo de bribones termina la aplicación de la ley de quiebras, donde los acreedores resultaban perjudicados en provecho del juez y de los cartularios. 'El procedimiento civil en el Perú" (Curso Universitario) por Toribio ALAYZA Y Paz SoLDÁN, abogado y Doctor en Jurisprudencia, Libreria e Imprenta Gil, Lima, 1935. El Dr. ALAYZA equilibra con ingeniosa sorna la gracia de la descripción con la denuncia del hecho delictivo, resultado de los ajetreos del círculo de %ura". Efectivamente, en las páginas 288 y 289, luego de haber doctamente analizado el contenido y los alcances críticos y ventajosos de las nuevas disposiciones sobre el procedimiento civil en el Perú, el experto magistrado, agrega estas palabras: "Escribe estas líneas un antiguo magistrado [el Dr. ALAYZA fue años antes Juez de Primera Instancia en lo Civil] que ha palpado los vicios de los procedimientos de quiebra de los que hace la siguiente "acuarela": Declarado en quiebra un individuo tomaba las llaves de sus establecimientos el síndico que debía practicar el inventario en unión del juez de paz comisionado y del actuario de la causa [nada menos que quien como auxiliar judicial tenía que dar fe de los autos pro- cesales]. Como cuestión previa se ingresaba extraoficialmente al establecimiento separando cada cual para sí un lote de especies y sólo segregadas éstas se verificaba el inventario" [que naturalmente sólo registraba los restos del despojo]. "Los artículos de mayor valor y de más fácil colocación no se aparentaban en las sucesivas actas de remate de los martilleros y no habían sido subastadas por falta de postores [cómo habrían de serlo si no las hubieran ocultado] y venían a salir al quinto, sexto o sétimo remate, con muchos 15 por ciento de rebaja en la base para el remate. Es que cuidadosamente se ocultaba el artículo para presentarlo a la hora undécima en la que por lo regular obtenía la subasta un allegado del martillero, de los peritos'o-del juez de paz". "Por su parte los peritos, con el absurdo sistema del arancel de fijar sus honorarios por un porcentaje sobre el monto de las especies tasadas hacían tasaciones irrealizables para la venta por lo subidas. Claro está ellos ganaban no sólo el precio producido por la venta, sino sobre el valor que caprichosamente habían asignado. La venta directa es perfectamente recomendable cuando se hace en condiciones ventajosas o por lo menos equitativas sin recurrir a las subastas." "Ha sido por muchísimos años cosa conocida que en una quiebra entre el escribano, el síndico, los peritos, el martillero y el juez de paz, todos ellos de pago preferencia] absorbían, casi si no el total de la masa dejada por el fallido, quedando para los acreedores que intervinieron el pago por su cuenta de honorarios del abogado que los patrocinó y del papel sellado". El doctor ALAYZA indicó poner en el margen de la página impresa el cartel, también impreso, y muy humorístico de "Acuarela". Cuan "defectivos silogismos", cuan "bajo batieron sus alas", cuan %nsensatos cuidados" y ajetreos tuvieron los cartularios, jueces, peritos, martilleros, actuarios del proceso judicial civil de quiebra en el Perú que con humorismo magistral pinta en su "acuareW' el denunciante doctor don Toribio ALAYzA Y Paz SoLDÁN. El 'Tallido" por haber sido declarado en quiebra se vuelve un difunto económico cuyos restos, como buitres, se lo reparten los funcionarios judiciales, en desmedro de los acreedores. El humorismo es el derecho de la inteligencia a sonreír ante tanta desgracia causada por la necedad ética y la codicia de los hombres. 7) En el volumen 63 de la Biblioteca Clásica, la Editorial Gredos ha publicado la traducción de los Aforismos de los Tratados Hipocráticos en versión crítica de primera mano, utilizando el texto griego del Corpus Hipocraticum de WH.S. Jones Hippocrates, IV, Londres 1923 (1967) sin dejar de tener a la vista la edición de Littré. Para hacerse una idea sobre el carácter de los Aforismos: "en pocas palabras guardan mucha fuerza" escribió GALENO y la Suda: "sobrepasan la inteligencia humana". Estas apreciaciones del gran fisiólogo greco-romano y del comentario bizantino del milenio nos revelan el estilo y la sabiduría de los Aforismos hipocráticos. Una festiva versión de cómo memorizaban los Aforismos los médicos en sus ajetreos se nos da en la divertida sátira de "Cosí fan Tutte" o la "Scuola degli Amanti"de Mozart, sátira que incluye a la medicina de moda en los finales de¡ siglo XVIII, el mesmerismo. 8) Alfonso BERTOLDI transcribe la siguiente apreciación de Tominaseo que se refiere a los tercetos 1-12 del Canto M del Paraíso: "nobile corrúnciarriento del canto, nel quale il poeta vedendo sotto di sé legisti e medici e preti e re cupidi e potenti armati di violenza e di sofismi, e rubatori e uomini politici e uomini carnali, si consola dell'essilio edella solitudine del dolore; questo cominciamento consuona con le lodi di Francesco d'Assisi, che, fuggendo le grandezze e gli onori del mondo, raggiunse anco quaggiù l'altezza d'una gloria immortale" (Citado por Alfonso BERToLDi, Il Canto M del Paradiso letto nella Sala di Dante in Orsamiiichele, Firenze Sansoni, Editore, 12 marzo 1903, pag. 8). Tominaseo ha puesto acertadamente la perspectiva: desde lo alto de la experiencia gloriosa y de la irradiación luminosa de¡ cielo del Sol Dante, acogido por Beatriz, ve el trajín y el ajetreo de legistas, médicos, sacerdotes, reyes, ladrones, hombres políticos y hombres carnales. Esta es la perspectiva exacta. Desde la altura de un nivel glorioso de existencia, desinteresado y carente de codicia, divino, puede verse el hormigueo estéril de los trajinadores de las solicitudes humanas. Es el primer terceto el que da la perspectiva en forma de exclamación quejosa sobre la insensata cura de los mortales, sus razonamientos defectivos y su bajo volar casi a ras del suelo. Y en esta exclamación del comienzo está implicado el último terceto del exordio, el terceto 10-12 que celebra la acogida en bienaventuranza por estar suelto del ligamen compulsivo de las curas mundanas estériles y en cambio estar ubicado existencialmente en la tareas fecundas que se realizan con devoción y que hacen al hombre, como DANTE, ser gloriosamente acogido en bienaventuranza. Es que el gozo en la tarea y dedicación fecundas es felicidad sublime, genuina. Pero no se trata esencialmente y en primer término de un consuelo sustitutorio, como lo presenta Torrirnaseo, del exilio y de la soledad del dolor. No, el fenómeno espiritual es más genuino: es la soltura de toda cura mundana lo que llena de felicidad y es la acogida gloriosa de Beatriz, es la alternativa de actividad fecunda inspirada por la devoción y liberada de todo ajetreo afanoso por bienes inferiores, es el haberse librado de la insensata cura de los mortales y de los engañosos razonamientos y del bajo vuelo axiológico y estimativo en nivel de disvalores o valores inferiores a los altos valores del espíritu. Es cierto que el exordio consuena con las renuncias de San Francisco que huye de las "grandezas y los honores del mundo", pero para nosotros en primer término el exordio implica la celebración del ser acogido gloriosamente y precisamente por haber excluido la insensata cura de los mortales aplicada a los ajetreos esteriles y haber preferido la alternativa de las correspondientes tareas fecundas en la esfera jurídica, médica, sacerdotal, religiosa, política, mercantil, erótica, ociosa (ocio fecundo, según el ciceroniano contraste con el negativo negocio). El "sorgen" heideggeriano es sustituido por la devoción, forma noble y libre de asumir y proseguir con asiduidad y perserverancia, con esfuerzo y con amor una tarea fecunda en las esferas de los valores superiores (justicia, salud, etc.) Usamos el contraste esfera y círculo para subrayar la distinta calidad, forma y nivel, del ajetreo mundano en torno a la cura y la realización espiritual en tomo a la devoción. La esfera es tridimensional, tiene altura y profundidad. El círculo es bidimensional, sin altura ni profundidad. Es el mundo de la realidad mundana y sus ajetreos, sin perspectiva de los valores espirituales que le dan altura al nivel de existencia humana y profundidad de significación. Las imágenes de esfera y círculo sirven pues para subrayar en la esfera la apertura a la idealidad alada y en el círculo la cerrazón dentro de la realidad pedestre, sin vuelo, de horizonte circunferencial estrecho. Los ajetreos señalados en el texto y en las notas de cartularios, tinterillos y abogaduchos leguleyos, medicastros, sacerdotes impostores y curas aburguesados, tiranos malditos, también mediocres, y corruptos polificastros,mercaderes inescrupulosos y zafios, sensuales vividores, ladrones, ladronzuelos, coimeros, nos indican la chatura y el nivel superficial de la existencia humana decaída. Las alternativas en las respectivas esferas de actuación en el plano de la idealidad nos dan el nivel de altura y el sentido de profundidad, sustancial y seria, el esplendor de luz que puede llegar a tener la existencia humana sobre la tierra. Por el contrario la chatura de los ajetreos mundanos nos puede dar la medida estrecha a que se puede llegar en insignificancia espiritual la de los hombres comunes y corrientes, y los hombres de la canalla que entristece al mundo y lo oscurece. 10) Sobre este punto del poder económico y de la usura, así como sobre las diversas modalidades de darse el diseño del "mundo" social es magistral el tratamiento que, en su monumental obra, "La Comedia Humana", hace Honoré de BALzAc. Este genial escritor y gran lector de la Comedia de DANTE, a la que admiraba profundamente y leía con asiduidad y fineza, es maestro en señalar el bajo nivel egocéntrico, la mezquindad y pequeñez de los seres humanos, su falta de amor. La mediocridad de los hombres mediocres es retratada en toda su crudeza por BALzAc. Se trata de los mundos en los que predomina la %nsensata cura de¡ mortal¡". BALZAC piensa la existencia humana en términos de escenario y de actores, en cierto modo, como el gran teatro del mundo. Es una perspectiva interesante que revela la falsedad, la impostura y el carácter de representación de la triste y risible "comedia humana". Es una visión crudamente inmanentista y pesimista. La perspectiva de una psicología fundamental y diferencial de la existencia humana toma en consideración las vidas y los destinos sórdidos pero pone al descubierto -y en esto es diferente al mundo balzaquianola presencia eterna y viva, luminosa, del Bien, lo que hace ser a la existencia humana ser, un juego serio. 11) Ver Vol.I: "El hombre fracasado" (Psicología del Infierno), en la Sección A: Temas psico-espirituales. En el submundo del hampa. La animalización de los ladrones. 12) La fórmula "castratisino" ha sido acuñada por Federico NIETZSCHE. Ver Leopoldo CmAppo, "Federico NIETZSCHE, Dominación y Liberación". Lima, 1978. 13) La expresión 'manía sardanapálica' se refiere a la crónica impulsividad desenfrenada del libertino en materia de erotismo. La falta de control así como lo excesivo del impulso y su frecuencia reiterativa. Indica pues el doble sentido de quedar apresado en la frecuencia una práctica excesiva y trivializante como a la intensidad de la exaltación motivacional maníaca. Lo tomamos del personaje Sardanápalo, rey de los asirios, mencionado explícitamente por DANn en Paraíso XV, 107, aludiendo a todo lo que en la alcoba se puede hacer en materia sexual, durante la decadencia moral florentina. Tomo de Sapegno, un pasaje de Egidio RomANo, "De regimine principium", citado por ToRRACA: [Sardanapaloj se había dado tanto a los deleites de las mujeres y de la lujuria y no salía fuera de su cámara para ni siquiera hablar con alguno de sus barones". Se trata de la negligencia política, el descuido de los deberes del gobernante por hallarse "nel diletto de la carne involto" (Par. XI, 8), tal como lo registra con precisión Egidio RomANo en su tratado sobre los príncipes. 4) La "manía sardanapálica" es cuantitativa y promiscua. El enfermo de amor pasional es selectivo y monogámico. Aquí la "cura" viene a ser obsesiva, atormentada, y ocurre en la relación de pareja. Es el llamado "amor pasión", forma de "cura" tubular, excluyente y en la cual queda encerrada la conciencia de los amantes. Es una forma de la dimensión existencial que llamamos 'cerrazón', en la psicología del infierno. Es por eso que el caso tan dramático y conmovedor de los amores pasionales de Francesca y de Paolo, por la dimensión existencial de 'cerrazón' que DANTE ha hecho bien en hacer aparecer a estos amantes extraordinarios en el Infierno de la Comedia. La ¡licitud adulterina y traicionera del acto pareciera atemperarse en el "racconto" que DANTE pone en boca de Francesca. Mås bien "Caina attende chi a vita ci spense". Lo importante es la 'cerrazón' del amor pasión que mutila la amplitud de la existencia humana y encierra la conciencia y frustra sus otras posibilidades espirituales de apertura y expansión. Pero el "amor pasión" es una experiencia embriagadora, extraordinaria. Es una noble experiencia humana totalmente carente de vileza. No se trata de deterioro exustencial sino de limitación. 15) "Derelicción", "Voz que utilizan los teólogos como equivalente de desamparo, abandono. "Derelicto", se usa para los barcos sin velas, ni motor, sin timón ni timonel, abandonados a las corrientes marinas, sin destino. "Derelinquir", verbo activo, que significa dejar, abandonar. Honorio DELGm)o usa "derelicto" para designar al cadáver del muerto, cuerpo deshabitado abandonado a la descomposición, por ausencia del "ahna" como psyche kybernetes, piloto, nave sin piloto. La derelicción existencial es la manera de vivir sin rwnbo, desrumbada. Este es el sentido del sinsentido de la vida del inmediatista y presentista consumidor del tiempo de quien "si dava a I'ozio". Modo de ser de la mente, atelésica. Por otro lado ha quedado sobreviviendo la palabra céltica "imrama" que significa "voyage de guerision" (viaje para sanar), que cuando el enfermo está muy grave y no aparecen posibilidades de salvación se adopta el "imrama", se embarga en una pequeña embarcación al enfermo y se le suelta a merced del mar sin remos ni timón. En las leyendas medievales sucede, por ejemplo Tristán gravemente herido por el gigante irlandés Morold ya moribundo es embarcado en "imrama" como último recurso medicinal. Tristan llevado al azar encuentra a Isolda que lo cura. Wolfwang Wagner, el nieto del compositor, ve con acierto en "imrama" un poderoso símbolo del abandono de los místicos. Es el "gelassenheiC de Meister Eckhardt y el "dejamiento" de San Juan de la Cruz. 16) Beatriz, según la tradición, personífica la Teología. Es decir, el logos de Theos, la razón en palabra explicitante y reveladora en la inteligencia pensante del ser profundo de Dios. En el contexto del exordio del Canto M y del análisis iluminante de la existencia humana Beatriz, sin dejar de ser lajoven florentina en estado de bienaventurada, personifica el altísimo nivel de plenitud de la existencia humana en los quehaceres de la vida terrenal. Beatriz personifica la bienaventuranza de quien, alejándose del vivir ajetreado, se glorifica en la tarea fecunda a la que se entrega con devoción la persona humana. Glorificarse es tener la vivencia de la manifestación epifánica del tesoro espiritual. En este caso el tesoro de actuar fecundamente en el nivel de la idealidad, alejado de las "curas" mundanizantes. El abogado que actúa movido por la justicia, el médico por la salud, el gobernante por el bien común. 7) Hay que enfatizar que no hay una solución de continuidad entre la vida en el mundo del tiempo y la vida eterna. Esta oposición suele darse en las religiones y doctrinas que condenan el mundo sensorial como bajo mundo al que hay que renunciar para, merced a tal renuncia, "ganar" la vida eterna después de la muerte. En la gloriosidad de la acogida de los sensatos mortales que eludieron las cuitas, las curas y los ajetreos estériles y que más bien escogieron la altemativa de la devoción en las actividades fecundas de los altos valores del espíritu, en las diversas esferas tridimensionales del derecho, de la medicina, de la religión, de la política, de las artes y sus ocios fecundos, digo, en la gloriosidad de los sensatos mortales se da la experiencia de plenitud en la vida terrenal y se prolonga en la vida eterna. Uno es gloriosamente acogido precisamente en la apertura y en el camino de la idealidad en que nos autorrealizainos en las diversas esferas de la acción fecunda en este mundo del tiempo y del espacio. Es gloriosamente acogido en la vida temporal y en la vida eterna quien puede exclamar en su propia vida de su vida propia: "lo son venuto a questo" (Par.MI, 78). Y con ello hacemos de la muerte el santuario abierto de la plenitud y de la bienaventuranzas supremas. Y de la vida espacio abierto de actividad fecunda que hace del hombre gloriosamente acogido.
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