PIERRE DENIKER
Con Jean Delay*, el nombre de Deniker está asociado al descubrimiento de las propiedades psicotrópicas de la clorpromacina. En el pabellón a su cargo en Santa Ana, Deniker recibía a todos los enfermos agitados, inclusive a aquéllos rechazados por otros servicios. Era parte del material clínico que permitió a Delay, Deniker y colaboradores acumular una casuística importante y dar curso a la gran innovación en el tratamiento químico de las psicosis. Entre mayo y julio de 1952 Jean Delay y Pierre Deniker publicaron seis trabajos sobre las propiedades terapéuticas, los efectos colaterales y las indicaciones de la clorpromacina. El razonamiento parecía fácil: así como los alucinógenos (alcaloides bien identificados) podían producir psicosis transitorias, otros fármacos, también químicamente identificados, serían capaces de revertir los síntomas o los efectos de los disturbios mentales hasta la situación ante pro. Sobre el Coloquio Internacional de París (octubre de 1955) escribe Deniker: "Participaron invitados de diversos países (Alemania, Austria, Bélgica, Brasil, Canadá, Cuba, Estados Unidos de Norteamérica, Gran Bretana, Holanda, Luxemburgo, Perú, Portugal. Suecia, Suiza, y Venezuela". Este Coloquio fue la consagración de la clorpromacina y, además del grupo inicial de Paris, "otros psiquiatras notables como Mayer-Gross, Barahona Fernándes, Manfred Bleuler, Rumke, Delgado y Hoff, presentaron resultados similares" (énfasis nuestros). Deniker estuvo entre los fundadores del Collegium Internationale Neuro-Psychopharmacologicum (CINP). Delay y Deniker fueron heuristas del término "neuroléptico" (1955) y de su ámbito conceptual, que se extiende a los efectos antipsicóticos de ciertos agentes farmacológicos sobre el sistema nervioso central; y ambos propusieron la primera clasificación de las sustancias psicótropas: psicolépticos, psicoanalépticos y psicodislépticos. Además de la clorpromacina, Deniker se ocupó de los fármacos psicodislépticos (alucinógenos o psicotomiméticos); el abuso de éstos y otros temas clínicos -fue de los que pensaban que nuestros "mejores maestros eran los pacientes"-; además de una importante contribución, a lo largo de su vida. a la Psiquiatría Forense. Nos fue grato conocer al Profesor Deniker y a sus discípulos (Ginestet, Loo, Lhemperiére, entre otros) durante el desarrollo del Congreso Internacional de Psiquiatría reunido en Hawaii, en 1977. Dejó una impresión imborrable la participación de este equipo, entre otras intervenciones, en la desarrollada en una mesa redonda sobre las formas mutágenas de los síndromes psiquiátricos: los nuevos ropajes clínicos de los antiguos cuadros y la apa-rición de otros perfiles psicopatológicos. Toda la tradición y la modernidad de la Psiquiatría actual, en la clara formula-ción en el idioma de Racine. Sólo men-cionaremos dos de sus libros: Methodes Chimiothérapiques en Psychiatrie y el volumen editado de Précis de Psychiatrie Clinique del Adulte. Y agregaremos que benefició a la especialidad con más de medio millar de artículos. De conformación corporal atlética, de aspecto austero y de maneras sobrias, era sin embargo, cálido y receptivo. La vida le permitió asistir al magno desarrollo de la Psicofarmacología experimental y clínica y a verificar el acierto de sus primeras postulaciones. La importancia del descubrimiento de la fenotiacina en el tratamiento farmacológico de los desórdenes mentales bien habría merecido el Premio Nobel, con su maestro Jean Delay. Los dos únicos Nobeles en el campo psiquiátrico fueron otorgados a Julius Ritter Wagner von Jauregg, por la aplicación de la malario-terapia en la Parálisis General Progresiva; y a Egas Moniz, por la leucotomía en algunos esquizofrénicos crónicos; ambos tratamientos han dejado de usurse hace mucho tiempo pues se han desarrollando otros menos riesgosos y más efectivos. Desde lo alto de su bien ganado prestigio, pudo estimular y seguir de cerca los avances de la farmacopsiquiatría y los progresos clínicos y taxonómicos de la Medicina Mental.
Javier MARIATEGUI |