MAL DE MONTAÑA
CRÓNICO
Fabiola León Velarde y Carlos Monge L.*
RESUMEN
Se presentan las fases fisiológicas del Mal de Montaña Crónico (MMC o Enfermedad de
Monge), enfermedad de desadaptación a la vida en la altura.
Cuando la presión barométrica disminuye la sangre arterial se desatura, desencadenando
diversos mecanismos de defensa contra la hipoxemia. Se analiza el porque estos mecanismos
de defensa contra la hypoxernia. Se analiza el porque estos mecanismos no llegan a
compensar completamente la hypoxernia en el MMC, y con esta sub-compensación constituye
la base de la instalación del MMC, Así mismo, se explica como la hipoventilación
secundaria al envejecimiento, el sueño, o alguna disfunción pulmonar crónica, desatura
la sangre en la altura por debajo de los valores ya disminuidos fisiológicamente. Esta
disminución de la saturación de oxígeno en sangre, genera un aumento equivalente de la
concentración de oxígeno en sangre, genera un aumento equivalente de la concentración
de hemoglobina, y lleva al enfermo a una eritrocitosis excesiva para la altura de
residencia con la menor disminución adicional de la saturación. La eritrocitosis
excesiva interfiere con la circulación pulmonar y cerebral, y se desarrolla toda la
sintomatología del MMC. Adicionalmente, se analiza el rol de la disminución de la
concentración de progesterona con la menopausia, y su relación con la susceptibilidad de
las mujeres nativas de altura de desarrollar MMC. Finalmente, se presentan las bases
biológicas del MMC en un contexto biológico integral.
SUMMARY
This review describes the physiopalogical basis of Chronic Mountain Sickness (CMS or
Monge's disease of loss of adaptation to high altitude. At high altitude the arterial
blood unsaturates, so several mechanisms of defence against hypoxemia should take place.
This review explains why this mechanisms do not completely compensate hypoxernia in CMS,
and how their undercompensation constitutes the basis for the development of CMS. Likely,
it explains how hypoventilation secondary to ageing, sleep and minor lung pathological
conditions will unsaturare the blood at high altitude below the already low physiological
levels found at high altitude.
Because there is a equivalent increase of hemoglobin concentration to blood insaturation,
erythrocytosis becomes excessive for the altitude of residence, even with a minor
additional decrease of saturation, the excessive erythrocytic responce will interfere with
the pulmonary and brain circulation, and lead to the symptoms of CMS. Additionaly, the
role of the decline of progesterone with menopause in relation to the susceptibility to
develop CMS in high altitude women is analysed. Finally, this review presents the
biological basis of CMS, deals with the genetic adaptation in high altitude native animals
and puts CMS in the context of compartive physiology.
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DESCRIPCIÓN
El Mal de Montaña Crónico (MMC) es una enfermedad que afecta a nativos o residentes de
altura. Sus síntomas más prevalentes incluyen la presencia de cefalea, mareo, disnea,
insomnio, tinnitus, fatiga física y mental, alteraciones de la memoria, pérdida de
apetito, dolores musculares y articulares y quemazón en las palmas de las manos y las
plantas de los pies. Los signos mas comunes son, cianosis intermitente o permanente y
dilatación de las venas de las manos y de los pies, mas los signos más incapacitantes
están en relación con el sistema nervioso central. La presencia de hipertrofia cardiaca
derecha debida a una excesiva hipertensión arterial pulmonar es característica de las
etapas mas avanzadas de la enfermedad.
La enfermedad desaparece totalmente con el traslado del paciente a nivel del mar. La
patofisiología esta basada en la presencia de eritrocitosis excesiva secundaria a
hipoxerrúa. La hipoxemia es el resultado de la disminución de la ventilación y/o
secundaria a una disfunción pulmonar. Los síntomas de MMC se observan usualmente en
adultos a partir de la década de los 40. La ventilación decae con la edad generando en
la altura un aumento de la hipoxemia y la consecuente eritrocitosis. Estas
características generan la aparición insidiosa de la enfermedad, y es lo que hace
difícil detectar tempranamente su aparición (Monge M. et al., 1928; Hurtado, 1942;
Winslow y Monge, 1987; León-Velarde y Arregui, 1994).
Función Ventílatoria y MMC.
La función ventilatoria del pulmón da inicio al transporte de oxigeno del aire hasta las
mitocondrias. En mamíferos y aves de nivel del mar, que responden a la hipoxemia con
eritrocitosis, la disminución de la función ventilatoria aumenta la concentración de
hemoglobina y del hematocrito. La función ventilatoria decae con la edad, trayendo como
consecuencia una caída lineal de la presión arterial de oxigeno (Pa02) (Loew y Thews,
1962; Sorbini et al, 1968). A nivel del mar, debido a la forma de la curva de disociación
de la hemoglobina (CDH), la saturación de 02 arterial esta protegida de la caída de la
ventilación con la edad, pero en la altura, la caída de la Pa02 con la edad afectará de
manera importante la saturación de 02 y la respuesta eritrómica.
Monge C. and Whittembury (1982) han demostrado que la ecuación que describe la caída de
la Pa02 con la edad, combinada con la que describe la respuesta de la Hb o el Hct a la
Pa02 en nativos de altura (HA), predice un aumento del Hct en función de la edad. Basados
en estos, y otros estudios de tipo epidemiológico (Arregui y León-Velarde, 1990; Monge
C. et al., 1992; León Velarde and Arregui, 1994), los autores postulan que a medida que
avanza la edad, en la altura, se desarrolla una eritrocitosis excesiva, aumentando así la
prevalencia del MMC.
Cualquier deterioro adicional de la función pulmonar acentúa la respuesta fisiológica.
Adicionalmente, la capacidad vital decae más con la edad en la altura que a nivel del
mar, trayendo como consecuencia una caída adicional de los valores de saturación de 02
arterial (León-Velarde et al, 1993). Algunos autores no han encontrado asociación entre
Hct y/o Hb y edad, y han rechazado la hipótesis de considerar a la edad como factor de
riesgo para la aparición del MMC. Estos autores han llevado a cabo estudios
longitudinales evaluando el Hct y la edad, pero han usado, ya sea, una muestra muy
pequeña (la desviación estándar de la Hb es muy grande en la altura) o no han usado
metodología de tipo epidemiológico para la interpretación de sus datos (Gonzales et al
1978a; 1978b; Vargas and Villena, 1993). Además, Whittembury y Monge C., (1972), han
demostrado que a 3600 m. el aumento del Hct con la edad es muy pequeño, pero que este
aumento se hace mayor a medida que aumenta la altura. Cabe mencionar que, el hecho que la
edad sea un factor de riesgo no significa que el 100% de las personas que envejecen en la
altura se enfermarán de MMC. Aquellos que comiencen con valores de Hb hacia la izquierda
de una distribución normal para la concentración de Hb (y que no presenten una
disfunción o enfermedad pulmonar asociada), probablemente nunca desarrollen la
enfermedad, pues no alcanzarán, a pesar del envejecimiento, los altos valores de Hb que
son condición para la aparición del MMC.
La desaturación de oxigeno que se produce durante el sueño en la altura ha sido
considerada un factor contribuyente para la aparición de la eritrocitosis excesiva
(Kryger et al., 1978; Xu-Chu et al. 198l). Cabe anotar, que el factor edad también está
presente en las características de calidad de sueño de los nativos de altura. Coote et
al. (1992) ha mostrado que la aparición temprana del sueño REM es una característica de
los nativos mayores de 40 años.
Debido a que los nativos de altura presentan una respuesta atenuada a la hipoxia (RAH), se
ha sugerido que ésta sería la causa de la aparición del MMC. Si bien esta menor
respuesta podría ser un factor contribuyente, no parecería ser "la causa" del
MMC, pues hay hallazgos contradictorios al respecto. En nativos de 3, 100 m., Kryger y
Grover (1983), no encuentran diferencias entre una RAH y los casos de MMC. Sin embargo,
Severinghaus et al. (1966) mostraron que la respuesta ventilatoria a la hipoxia, baja en
nativos, es más baja en en los enfermos de MMC. Este hallazgo fue confirmado por Vargas y
Villena (1993). Dado que la respuesta al C02 fue hallada normal, consideraron que la
desensibilización de los cuerpos carotídeos estaba en la base de la explicación de la
etiología del MMC. Si bien todos los nativos presentan una RAH a partir de los 2 años de
edad (Sorensen y Severinghause, 1968), el MMC es más prevalente a partir de los 40 años,
lo que estaría indicando más bien una diferencia en el grado de desensibilización más
que una ausencia o presencia de la misma. Arias-Stella y Valcarcel (1976) mostraron que,
en nativos de altura, la hyperplasia de los cuerpos carotídeos aumenta con la edad, y
relacionaron estos cambios con la disminución fisiológica de la ventilación con la edad
descrita por Sime et al. (1975). Si bien es difícil separar el rol que juegan los cuerpos
carotídeos de aquel que juega el centro respiratorio en la génesis del MMC, la edad
parecería estar involucrada en los cambios funcionales y anatómicos descritos en los
nativos de altura.
De acuerdo a las consideraciones arriba expuestas, se deduce el rol fundamental que juega
la disminución de la función ventilatoria en la etiología del MMC. Sin embargo, se han
descrito factores adicionales que agravarían la hipoxemia: un aumento del gradíente de
02 alveolo- arterial (A-a 02) con "shunt" veno-arterial (Kreutzer et al., 1964;
Vargas and Villena, 1992); un aumento del espacio muerto (Ergueta et al., 197 l); una
reducción de la relación ventilación/perfusión (Vargas and Villena, 1993); la
presencia de apneas de sueño más prolongadas y de un mayor número de oscilaciones de la
Sa02 (Normand et al, 1992); el sobrepeso (Guénard et al 1984; León-Velarde et al.,
1993). Adicionalmente, cualquier desorden pulmonar agravar el MMC; aún las enfermedades
respiratorias crónicas bajas comunes serían un factor de riesgo para la aparición del
MMC (Reátegui, 1965; León-Velarde et al., 1994).
Hipoxernia, la causa principal del MMC.
La hipoxemia se cuantifica por medio de la medida de la saturación de oxígeno (Sa02,%) o
de la presión de oxígeno en la sangre arterial, Pa02, ambas variables correlacionan con
la CDH. Despejando PV02 de la ecuación combinada de difusión -y convección
V02=Gá(Pa02-PvO2) (donde, V02, es el consumo de oxígeno, que coincide con el transporte
de oxígeno a los tejidos; G, es la conductancía al oxígeno; Pa02 y PV02, la presión de
oxigeno en la sangre arterial y venosa y al coeficiente de capacitancia
(Ca02-CV02)/(PaO2-PvO2), una medida de la capacidad de la sangre para combinarse con el
oxígeno), Monge C. (1982; 1983; 1990) desarrolló un modelo matemático que permite
calcular el PV02 en función del promedio de la concentración de Hb que se encuentra a
diversas alturas. Este demuestra que la PV02 se mantiene prácticamente constante hasta
una Hb cercana a 17 g/d1 y que luego declina a pesar del continuo incremento de la Hb.
Adicionalmente, el aumento de la viscosidad disminuye el flujo sanguíneo, manteniendo
aún más bajo el PV02.
Tenney (1993), usando otro modelo matemático, ha calculado que la Sa02 óptima para los
nativos de altura sería 70%. El considera este valor como correspondiente a una altura
máxima, equivalente a la cual los humanos podrían vivir de manera permanente. Dado que a
esta altura su modelo predice una Hb equivalente a alrededor de 25 g/d1 (Hct= 75%),
considera que el factor limitante no es la Sa02 sino la critrocitosis excesiva. Los
nativos de altura, con valores normales de eritrocitosis, muestran una gran variabilidad
en los valores de Sa02 y son bastante mayores de 70%. En presencia de critrocitosis
excesiva el promedio es también mucho mayor que 70%. La gran variación en los valores de
S a02 que se encuentra en la altura se debe a la forma de la CDH, de manera que para una
pequeña variación de P02 se da una gran variación de Sa02.
Eritrocitosis excesiva
El término eritrocitosis excesiva se refiere al número de glóbulos rojos, Hct y/o
concentración de Hb por encima de los valores estadísticos que le corresponden a una
determinada altura. Sin embargo, la eritrocitosis de altura es siempre fisiológicamente
excesiva porque para cualquier altura la concentración arterial de 02 (Ca02) aumenta
parabólicamente en función de la altura (Monge and Whittembury, 1982). Esto trae como
consecuencia, que la cantidad de oxígeno en sangre en la altura siempre sea mayor que a
nivel del mar. Cuando un nativo de nivel del mar va a la altura, la caída de la Pa02 hace
descender la Ca02. Durante la aclimatación, la Hb aumenta más de lo necesario para
corregir el déficit de 02, produciendo una sobre compensación a nivel arterial. Este
hecho fisiológico no es necesariamente mal adaptativo porque protege la caída de la
PV02, que refleja la P02 tisular. El problema, es en realidad cuán tolerable es un alto
Hct. La aproximación epidemiológica asume que el promedio de concentración de Hb en
poblaciones jóvenes aclimatadas a la altura define la normalidad y que los -valores de
concentración de Hb superiores al promedio más dos desviaciones estándar deberían ser
considerados como excesivos. Si los síntomas de MMC están además presentes, el MMC
podría ser diagnosticado, dado que existe una correlación entre la prevalencia de
eritrocitosis excesiva y el puntaje de MMC (León-Velarde y Arregui, 1994). Cabe
mencionar, que la eritrocitosis excesiva va acompañada de una reducción del volúmen
plasmático que puede llegar hasta un tercio del volumen normal (Sánchez et al., 1970).
Los valores de eritrocitosis excesiva se correlacionan con las concentraciones séricas de
eritropoyetina (Epo), pero no se ha descrito una síntesis anormal de eritropoyetina en
los enfermos de MMC (León-Velarde et al. 199 1)
La eritrocitosis excesiva parecería autogenerarse a partir del estímulo hipóxico que
sumado a una mayor viscosidad sanguínea, causaría mayor hipoxia y la subsecuente
producción de eritropoyetina (Bozzini et al., 1994). En la altura, la retroalimentación
negativa que opera a nivel del mar (hipoxía > aumento de Epo> aumento de Hb >
disminución de Epo) se habría revertido para convertirse en una retroalimentación
positiva que impide la disminución en la concentración de Hb. La concentración de Epo
se ha encontrado elevada en nativos de la altura cuando se les compara con nativos de
nivel del mar (Winslow et al. 1989; León-Velarde et al. 1991; Dainiak et al. 1989). Estos
valores, mayores que a nivel del mar, serían una indicación de la incapacidad
fisiológica de evitar la hipoxia tisular a pesar de la eritrocitosis excesiva.
Hemodinámica pulmonar
En la altura, la presión arterial pulmonar (PAP) aumenta con la edad, y los enfermos de
MMC presentan también una elevada (PAP) (Peñaloza, 1969; Peñaloza y Sime, 1971;
Antezana et al., 1993), de manera que es difícil determinar dónde terminan los valores
fisiológicos de PAP y dónde comienzan los patológicos. Se ha propuesto que el aumento
de la PAP es el resultado de la vaso-constricción del árbol pulmonar, como respuesta a
la hipoxia. El aumento de la viscosidad, producto de la eritrocitosis excesiva, sería
también un factor contribuyente. Dado que no es claro el rol adaptativo del aumento de la
PAP, en especial cuando es excesiva, consideramos que es más bien un signo de mal
adaptación que se da como respuesta excesiva a la hipoxia y que aumenta con la edad, de
manera similar a como lo hace la eritrocitosis, Esto trae como consecuencia la hipertrofia
cardiaca derecha, propia del nativo de las grandes alturas.
Función endocrina y mal de Montaña Crónico
Entre los 4,200 a 4,500 m. los valores de T4 son similares a los de nivel del mar en
hombres jóvenes (Pretell, 1989), pero declinan con la edad con una relación inversa con
el Hct, aunque no presenten problemas de deficiencia de hierro (Pretell, 1986). La
hipofunción tiroidea es reversible con el regreso a nivel del mar (Guerra-García et al.,
1977).
Guerra-García et al. (I 973a) ha descrito también, en casos de MMC estudiados a 4,300
m., una menor excreción urinaria de testosterona (luego de la administración de HCG).
Además, los niveles de cortisol plasmático se elevaron menos, como respuesta a la ACTH
que en nativos de altura sanos. Villena et al. (1987) ha descrito que los enfermos de MMC
presentan un menor incremento de aldosterona sérica, luego de ortostasis, que los nativos
sanos. En su conjunto, todos los datos endocrinológicos parecerían sugerir una merma de
la función endocrina en los casos del MMC.
Mujer Y Mal De Montaña Crónico
La aparición del MMC en la mujer, depende de sus niveles de progesterona, la que
combinada con estrógeno, aumenta la función ventilatoria (Regensteiner et al., 1989;
Tatsumi et al., 1994). Es por este hecho, que con la menopausia, cuando bajan los niveles
de progesterona, las mujeres presentan menores valores de SaO2 y de flujo espiratorio
máximo y mayores valores de Hct y de puntaje de MMC, Adicionalmente, luego de la
menopausia, se encuentra una mayor prevalencia de síntomas y signos de MMC (45%), en
mujeres nativas y/o residentes de 4,300, que antes de la menopausia (22%) (León-Velarde
et al., 1997).
Santolaya et al. (1982), en un grupo de 162 mujeres mayores de 55 años, residentes de
2,800 m., encontró que la P02 arterial estaba por debajo de los valores para hombres que
vivían a la misma altura. Estos autores además encontraron una elevación aguda en la
PC02 arterial en mujeres mayores de 40 años, quienes alcanzaron valores de PC02 cercanos
o superiores a los de hombres a una altura correspondiente. Si bien los autores no
relacionan sus hallazgos con la llegada de la menopausia, sus datos coinciden con los
nuestros.
1 La identificación de mujeres en riesgo de MMC no ha sido adecuadamente establecida pues
ha estado basada en criterios establecidos en hombres. Esta extrapolación no es la más
adecuada pues los valores de Hb y Hct son siempre menores en las mujeres, tanto en la
altura como a nivel del mar (Berendsohn and Muro, 1957), y los casos de MMC en mujeres
podrían estar subestimados. Tomando en cuenta que la menopausia llega tempranamente en la
altura (Zhang et al., 1991; Villena et al., 1993; Gonzales, 1993) el MMC aparecería
también tempranamente en la mujer nativa de la altura.
Aspectos terapéuticos
La hipoxemia desaparece en cuanto el paciente deja el ambiente hipoxico. Cuando se
desciende a nivel del mar, y luego de dos o tres semanas de residencia, la función
ventilatoria disminuye con la correspondiente elevación de la PC02, pero los volúmenes
pulmonares se mantienen elevados (Coudert et a¡., 1974). La eritrocitosis adquiere los
niveles de nivel del mar en pocas semanas (Coudert et al., 1974; Monge M. and Monge C.,
1966) y la hipertrofia cardiaca derecha, y la hipertensión pulmonar revierten mas
despacio hasta llegar a valores de nivel del mar al año o a los dos años del descenso
(Sime et al., 197 1; Corone et al, 1976).
Dado que el MMC es una condición reversible, cuyos síntomas y signos desaparecen a nivel
del mar, el tratamiento ideal es la transferencia del paciente a niveles menores de altura
o, idealmente a nivel del mar. Esto, no sólo elimina la hipoxemia, sino que además
parecería que permite la síntesis de un posible factor inhibidor de la eritropoyesis
(Reynafarje et al., 1972). Alternativamente, el tratamiento del MMC puede estar dirigido a
disminuir la eritrocitosis, ya sea por aumento de la PaO2, o por reducción del número de
glóbulos rojos, mediante una sangría.
Las sangrías o las diluciones isovolémicas terminan con la sintomatología del MMC;
estas últimas lo hacen por mayor tiempo (Sedano et al., 1988; Sedano y Zaravia, 198 8).
Tambien se ha reportado que las sangrías mejoran la función pulmonar (Peñaloza et al.,
197 1; Cruz et al., 1979; Winslow et al., 1985) incluyendo la relación
ventilación/perfusion.
También se ha ensayado la normalización de la Pa02 por medio del uso de la
medroxiprogesterona (20-60 ing diario durante 10 semanas) como terapéutica para el MMC.
Esta droga aumenta la ventilación, mejora laPa0 T baja los valores de Het y trae la
consecuente desaparición de la sintomatología del MMC (Kryger et al. 1978a; 1978b).
Lamentablemente, dado que la medroxiprogesterona es una hormona femenina, su uso en
hombres se ha visto limitado, sin embargo, sería el tratamiento de elección para mujeres
post-menopausicas con MMC (León-Velarde., 1997). También ha sido ensayado el uso de la
almitrina, una droga que estimula los quimiorreceptores periféricos. La almitrina (3
rng/kg) aumenta la Pa0 2 y la frecuencia respiratoria, pero a la dosis normal del 1.5
nig/kg solo disminuye el Hct en 3.5% sin mayor cambio en la Pa0 2 (Villena et al., 1985).
Los ensayos farmacológicos dirigidos a disminuir la eritrocitosis excesiva podrían
incluir el uso de las metilxantinas (Schooley and Mahlmann, 1975; Ueno et al., 1988; Paul
et al., 1988; Gamboa et al., 1997), los bloqueadores adrenergicos (Fink y Fisher, 1976;
1977; Fink y Fisher, 199 1; Izaguirre et al., 1994) y los inhibidores de la enzima
convertidora de angiotensina (Islam et al., 1990; Gaston et al., 199 l). En el caso de la
PAP excesiva, los bloqueadores de los canales de calcio han sido usados experimentalmente
con éxito para disminuirla (Stanbrook et al., 1984). Lamentablemente, ninguno de estos
ensayos ha sido usado sistemáticamente en el tratamiento del MMC, y hasta el presente el
mejor tratamiento sigue siendo el descenso a nivel del mar.
Animales genéticamente adaptados a la altura
La fisiología comparada de la perdida de la adaptación a la altura ha mostrado que este
proceso afecta al hombre y a los animales domésticos, pero no a animales genéticamente
adaptados a la altura (AGAA) (ver revisión de Monge C. and León-Velarde, 1991). La
ausencia del MMC en animales genéticamente adaptados a la altura esta relacionada a
diversas adaptaciones, no solo en la cadena de transporte de oxígeno, sino también en la
circulación pulmonar.
En relación con la función ventilatoria, el hombre y los animales aclimatados a la
altura, presentan una RAH, los AGAA, por el contrario, no presentan esa RAI---l para los
mismos niveles de hipoxia. Los quimiorreceptores periféricos, que median la respuesta
ventilatoria a la hipoxia, se han encontrado hipertrofiados en humanos aclimatados a la
altura y en animales domésticos, sin embargo, los AGAA no presentan hipertrofia de los
quimiorreceptores. Esto sugiere una asociación entre los hallazgos anatómicos y los
funcionales. Los animales domésticos introducidos en las montañas luego de la Conquista
Española tienen todos algún grado de eritrocitosis, pero los AGAA presentan ausencia de
eritrocitosis o tan solo un modesto incremento en la altura (Monge C. y León Velarde, 199
l). La ausencia de la respuesta eritrocitica a la hipoxia impide que toda la carga de la
aclimatación recaiga en el sistema circulatorio.
Los AGAA tienen una afinidad de la Hb por el 02 mayor que el hombre y los animales
aclimatados. Esta característica, que no favorece la entrega de 02 a los tejidos a nivel
del mar, facilita el mejoramiento del aporte de 02 a nivel tisular en condiciones de
hipoxia severa (Turek y Rakusan, 1993).
Los AGAA no presentan una respuesta vasoconstrictora a la hipoxia. Esto evita la
elevación sostenida de la PAP y la consecuente hipertrofia cardiaca derecha propia del
hombre y de los animales domésticos de altura (Heath and Willianis, 1995). La respuesta
pulmonar vasoconstrictora a la hipoxia que puede resultar benéfica en una primera fase de
exposición a la hipoxia constituye un reto para el miocardio durante una exposición
permanente.
Finalmente, el MMC no ha sido descrito en los AGAA, confirmando que un diseño
fisiológico diferente es necesario en 1 os sistemas de transporte de 02 de un animal para
ser considerado como adaptado. Por el contrario, una enfermedad de desaclimatación, como
el MMC, es una indicación de las limitaciones del uso de la capacidad de extensión del
fenotipo mas allá de los limites de tolerancia para la vida en la altura.
ABREVIATURAS
AGAA, animales genéticamente adaptados a la
altura
Ca02, contenido arterial de 02, ml/ml
CDH, curva de disociación de la hemoglobina por el 02 Epo, eritropoyetina
PAP, presión arterial pulmonar
PA02, presión alveolar de 02, torr
Pa02, presión arterial de 02, torr
PV02, presión venosa de 02, torr
PC02, presión de gas carbónico, tori
Sa02, saturación arterial de 02,
RAH, respuesta atenuada a la hipoxia
Bibliografía
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* Departamento de
Ciencias Fisiológicas e Instituto de Investigación de la Altura Universidad Peruana
Cayetano Heredia
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